Montevideo vivió este jueves una nueva jornada de despedida para José Mujica. El histórico dirigente del Frente Amplio y expresidente de Uruguay fue velado en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, lugar donde arribó el Presidente Gabriel Boric para rendirle homenaje.
A su llegada, Boric fue recibido por el presidente uruguayo Yamandú Orsi y por la vicepresidenta Carolina Cosse. En medio de un ambiente de recogimiento, el Mandatario chileno expresó su respeto acompañando a la viuda de Mujica, la exsenadora Lucía Topolansky, quien lo abrazó con visible emoción.
También estuvo presente el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien viajó especialmente a Montevideo para despedir a quien consideró un hermano de causa. “Una persona como Pepe no muere”, dijo Lula, resumiendo el sentir compartido por miles de ciudadanos que pasaron a rendir homenaje.
Vestido con camisa blanca y traje negro, Gabriel Boric saludó primero al secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez. Luego se fundió en un prolongado abrazo con Topolansky, gesto que capturó la intensidad del momento: la despedida de un referente ético y político para varias generaciones de la izquierda latinoamericana.
En medio del silencio solemne del recinto, Boric se acercó al féretro cubierto por la bandera uruguaya. Apoyó sus dos manos sobre el ataúd y permaneció inmóvil por casi un minuto, en un gesto de meditación y tributo. “Pepe nos enseñó que se puede vivir con dignidad, aunque todo duela”, expresó más tarde en redes sociales.
Durante toda la jornada, miles de personas desfilaron por el Palacio Legislativo para despedirse del líder tupamaro. Mujeres, niños, trabajadores y estudiantes caminaron en silencio frente al ataúd, muchos con flores en las manos y lágrimas en los ojos. Fue una ceremonia laica, pero profundamente espiritual.
El cortejo fúnebre, previsto para este viernes, llevará sus restos a su chacra en Rincón del Cerro, donde serán esparcidos, cumpliendo su voluntad de no dejar mausoleo. Allí, entre gallinas y libros, Mujica escribió su historia, esa que ahora pasa al legado colectivo de un continente.
La presencia de Boric y Lula, en el cierre de las exequias, marcó un símbolo de homenaje a la ética política que Mujica encarnó durante su trayectoria.






