Se trata de una postal cotidiana. En el videoclip de “La ciudad del desencanto“, su más reciente single, Gonzalo Yáñez figura observador, caminando como si se tratara de un día cualquiera. Las calles emblemáticas del casco histórico de Santiago, las viejas galerías del centro y las escaleras del metro son parte de su recorrido. Uno que, acompañado de una melodía popera y con algunos guiños electrónicos, transmite su propia mirada de las ciudades contemporáneas.
“La retención que tenemos hoy por hoy es muy corta. Y yo me veo a mí mismo también pasando el dedito rápido. Si el coro de una canción no llega, uno igual se desespera. Pero hay que cultivar la paciencia, sobre todo en estos tiempos. Hacer casi una suerte de ‘om’, respirar. Y para todo. Antes de tocar la bocina, antes de reaccionar. ‘La ciudad del desencanto’ habla de todo esto”, expresó el músico chileno-uruguayo en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile.
De hecho, uno de los primeros versos de la canción apunta, precisamente, al impacto de la era digital en la forma en que vivimos la ciudad. “Parece que tiraron una bomba en la ciudad / Toda la gente como zombi en el celular“, lanza Yáñez a pocos segundos del coro, que figura como el primer adelanto de su disco “La energía“. Una lógica que, a su modo de ver, también genera cambios en el medio.

“Igual siempre existió la industria y una búsqueda para que las cosas funcionen. Lo que pasa es que en determinado momento, o de un tiempo a esta parte, lo viral es mucho más buscado que la excelencia, por así decirlo, que también es una palabra que me carga un poco. O más buscado que la belleza, pongámosle, justamente el sacar afuera lo que uno lleva, y que es donde creo que está el valor de las cosas”, aseguró el músico.
“Lo que pasaba antes también es que la medida era diferente porque tu objetivo era hacer un gran disco para gustar. Ahora es algo rápido, instantáneo, como que tiene demasiados requisitos el ser viral. Y requisitos que no tienen nada que ver con la belleza, ni con el arte, ni con nada de lo que estamos hablando. Estamos detrás de la zanahoria equivocada. También tiene mucho que ver con la sociedad de consumo en la que vivimos, que presenta el éxito de una sola manera, como el dinero, por ejemplo”, afirmó Yáñez.
Algo que, para el oriundo de Montevideo, igualmente está permeando a las nuevas generaciones: “Si el dinero es el éxito para un niño que ve las redes sociales y que observa que los youtubers tienen mucha plata… Viste que ahora los niños dicen ‘quiero ser millonario’. Cuando era chico, yo quería tocar la guitarra en un teatro. No quería ser millonario, y todavía no quiero serlo. Aunque lo soy. Ahora que murió Pepe Mujica está bueno parafrasearlo y decir que nada tiene que ver con el dinero. El hecho de ser millonario es tener amigos, es cultivar esas amistades, es darse besos con la gente que uno quiere, poder hacer lo que uno quiere hacer. Al final todo tiene que nacer de ahí, del fuego sagrado del amor”.
Aunque también reconoce su particular afinidad con la juventud. “No tengo amigos de mi edad, o los evito. Los que llevan la posta son los veinteañeros. Creo que cuando uno tiene 20, tiene mucho más clara la película que cuando tiene más edad. Estás más sensible, más permeable, más atento, atenta. Para mí es muy importante rodearme de nuevos músicos y de gente que viene con otra data”, afirmó Yáñez. “Ser conservador joven es de las cosas más tristes que puede haber en la vida“.
Sin embargo, también mira con preocupación ese aumento en el conservadurismo: “Llega a dar miedo. No sé qué pasó, en qué momento se descuadró la idea del mundo que queríamos. ‘La ciudad de desencanto’, justamente, habla de eso. Dice ‘te miré en la ciudad de desencanto, donde alguna vez soñamos y creímos en un lugar que nunca vimos llegar'”, conectó.
– Esa eterna espera por los tiempos mejores…
Yo creo que se perdió la fe. Esa de los 70, de antes. De las revoluciones, el hecho de poder cambiar realmente. La música de los 60, de los 70, tenía la pretensión real de cambiar el mundo. Y ya no queremos cambiarlo. Ahora queremos subirnos a la ola del algoritmo y ojalá que nos pesque para sonar mucho en Spotify. Es algo peligroso. Ya ahí hay una cosa extraña en la manera de ejercer el arte, porque es una expresión y tiene que ver con la belleza, con la búsqueda, no con querer encajar.
– Dentro de todo esto, ¿Hubo algún hecho en particular que te inspirara a escribir esta canción?
Venía en el metro, justamente, escuchando el último disco de Gorillaz, que tiene un tema con un beat parecido, ‘Cracker Island’, y de repente una señora quería bajar con su guagua, se le metieron adelante y no alcanzó a bajar. Siempre que voy en metro pienso ‘qué bueno tener un tema para este momento’, cuando voy caminando así como por la ciudad o algo así. Y justo la señora no pudo bajar, quedó súper conflictuada. Y dije, ‘guau, la ciudad del desencanto’.
De hecho, la letra tenía esa historia, pero no la terminé poniendo. A veces, lo que gatilla una canción es una guitarra que después no va en la versión final, o una frase que después no va. Así que empecé a describir hechos desafortunados de la ciudad, en plan divertido. Para mí tenía que ser divertido, por más que sea todo malo. Como el video de ‘Bitter Sweet Symphony’. Y luego íbamos por la calle con mucha épica, caminando con la actitud de ‘paso por encima de todas estas dificultades’. Tenía esa impronta en mi mente. Después la canción no tiene nada que ver.
– ¿Todo esto tiene que ver con tu decisión, por ejemplo, de no vivir en Santiago?
Nací en Montevideo, que igual es una ciudad chica, que tiene mar, que tiene un ritmo más lento. Por más que vivo en Chile hace miles de años, que he vivido más tiempo en Chile que en Uruguay. Después viví en México… Pero Ciudad de México, Santiago, Buenos Aires, todo ese tipo de ciudades me abruman un poco. Siento que cuando toco o cuando hago una entrevista, ahí saco a relucir mi desplante escénico. Y después, cuando me guardo de eso, me gusta recluirme en un lugar más tranquilo, mirar el mar, tomarme un mate, tocar la guitarra.
Tengo ese ritmo en mí. Y lo otro, es que separo el mundo del para afuera con el mundo del para adentro, que ese es más íntimo, más resguardado y tranquilo, más reposado. Seguramente alguien que me está escuchando puede pensar ‘oye, sos un hippie’. No sé si es eso realmente. Soy tranquilo. Convive el diablo y Jesús en mí.

– Aunque eso también se puede leer como un pequeño gesto de rebeldía contra el ritmo de nuestros tiempos
Puede ser. Nunca lo he sobre analizado. Evidentemente estoy ahí, en este momento. Uno nunca sabe qué depare el futuro. Pero claro, irse a un lugar con playa, evidentemente, a mí me hace sentir… Me gusta el aire. A mí el aire de Santiago no me gusta. Siento que estoy respirando algo que no me hace bien. Además que igual uno no puede negar que la ciudad está más peligrosa.
No me estoy refiriendo acá de política ni de partidos políticos. Estoy hablando simplemente de una realidad mundial. En otra oportunidad trataban de sacarme si Santiago estaba peor ahora o Chile estaba peor que hace unos años. Yo creo que el mundo está en una debacle tremenda y no tiene que ver con nuestro hermoso país. Tiene que ver con una cosa mucho más grande, mucho más terrible, y con una tendencia del pensamiento cada vez menos profunda y más agresiva, violenta. Y eso repercute, al final, en todo. Te pasas a uno por el costado y, si tiene ganas, se baja y te pega un palo. La empatía y todo eso de lo que se habla mucho es bien de la boca para afuera.
– En este contexto, ¿Cómo te relacionas con los colegas? Considerando, además, que tienes varias amistades dentro del rubro. Uno de ellos, Jorge González
Con los colegas percibo una afinidad de una. Un cariño, un aprecio, un respeto… Estamos en la misma, y siento una conexión que no tiene que ver con el estilo ni nada. Yo nunca en la vida podría criticar la música que haga un colega, por más que puertas adentro lo pueda hacer. Estoy hablando de lo público. Siento que uno, como artista y como músico, tiene que respetar, tirar para adelante.
Es súper difícil dedicarse a la música en nuestros países. Nunca hay que poner palos en la rueda, al contrario. Y siempre fue así, pero cuando chico me hubiese gustado que otros músicos tuvieran ese tipo de actitud conmigo, y no la tuvieron tanto. Quizás porque era otra época, los 90, 2000, qué se yo. Era distinto. Pero trato de ser así, y no solo con los músicos más antiguos, sino con los de cumbia, de punk. Soy amigo de Los Miserables, de Kanela, de La Combo Tortuga, les compuse un tema para su disco… El espectro de la música lo entiendo como uno solo. Es un gran espectro de artistas, de muchas variables. Y siento que hay que quererse, cuidarse, somos todos lo mismo, de alguna forma.
Con Jorge González es igual. Jorge es un artista que sí se portó conmigo como a mí me gustaría que nos comportáramos entre colegas. Jorge es un tipo que hacía versiones de mis canciones en sus shows, ‘Volver a caer’ la tocaba. Cuando saqué un disco que se llama ‘Careta’, al otro día me mandó una versión grabada por él de una canción que se llama ‘Algo de tí’, después se vino a grabar desde Alemania los covers del disco, también hizo de corista en unos shows míos, tocando pandero atrás, con una actitud siempre muy cariñosa, muy de hermano mayor. Y le voy a estar eternamente agradecido por eso.
– ¿Es cierta la historia de la polera con la leyenda ‘Sudamerican rockers”?
En un momento fuimos a unos premios MTV, nominados con mi banda, No Me Acuerdo, a mejor banda nueva o algo así. Y mi mamá me hizo una polera que decía ‘We are sudamerican rockers’. Mi mamá es vestuarista. Era bien glam, tenía unas cosas medias brillantes. A Jorge no lo conocía, y en un momento venían Los Prisioneros yendo al acto, saliendo desde el hotel. Yo estaba en la barra, tomándome un copete, y de repente veo que pasan unos flashes siguiendo a Los Prisioneros, y se me acerca Jorge.
Me dice ‘qué buena tu polera’. Y le dije ‘sí, me la hizo mi mamá’. Cuando lo dije pensé ‘no, qué idiota’. A lo que Jorge me dice ‘ay, qué bacán, a mi también la ropa me la hacía mi mamá’. Después de eso nos hicimos muy amigos, es una bonita historia.



