El Día del Patrimonio y la sombra de Pinochet

  • 27-05-2025

Se cuenta solo el chiste de que quien ordenó bombardear La Moneda aparezca en tazones con motivo del Día del Patrimonio. Pero la situación no es graciosa, porque no es una anécdota ni un mero abuso de confianza de una persona externa, como dice la dirección de la Escuela Militar. Es una señal reveladora de que los núcleos simbólicos de la dictadura siguen vivos en espacios donde la democracia aún no logra ejercer plena soberanía. Sería injusto decir que no se ha avanzado nada en la subordinación del poder militar al poder civil, pero no podemos pasar por alto que, a 35 años del fin de la dictadura, las Fuerzas Armadas, y en particular el Ejército, siguen sin desmarcarse de manera clara y categórica del legado de Augusto Pinochet, tanto en sus prácticas como en sus procesos formativos.

El problema no es solo respecto al pasado, sino sobre el vínculo presente entre los militares y la sociedad civil. Que aún el Ejército no comprenda -o aparente no comprender- que la figura de Pinochet es una herida abierta para millones de chilenas y chilenos a los que el propio Ejército ha jurado defender, que fue repudiado nacional e internacionalmente por violaciones a los derechos humanos y por corrupción, y que incluso dio la orden de asesinar a otro excomandante en jefe, el general Carlos Prats, da cuenta de un ensimismamiento en que la institución no termina por corresponderse con las exigencias del Chile democrático.

Por eso, no basta con las declaraciones críticas de la ministra de Defensa, quien más que oficiar de comentarista puede ejercer sus atribuciones. El Gobierno debería asumir una postura más firme que restablezca principios básicos de convivencia democrática. La salida del director de la Escuela Militar no es solo una señal política necesaria, puesto que, como bien señalaron en esta radio los académicos Mireya Dávila y Felipe Agüero, no es verosímil culpar a actores externos cuando hay una línea de mando clara y una responsabilidad que debe asumirse.

Finalmente, en el fondo no parece casual que el gesto de exhibir a Pinochet en un recinto militar coincida con un contexto donde se atacan permanentemente las políticas de memoria, se persigue a organismos como el Instituto Nacional de Derechos Humanos y se cuestiona el rol crítico de las entidades que conectan el pasado con el presente y el futuro, como las universidades. No estamos, entonces, hablando simplemente de un tazón, sino de los valores sobre los cuales se ha de fundar nuestra convivencia. Si hoy se naturaliza la vindicación de la figura más repudiable de toda nuestra historia, mañana se puede trivializar también lo que ella significó: el terrorismo de Estado, la represión, el saqueo de las arcas públicas y la negación de la humanidad a quienes piensan distinto.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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