Su levantamiento fue el año 2019, en plena efervescencia social. Corrían los primeros meses tras el estallido cuando un grupo de vecinas y vecinos del histórico barrio Yungay decidieron comenzar a levantar una serie de actividades y organizaciones voluntarias que ayudaran a fortalecer los lazos entre la misma comunidad.
Una de ellas fue el Teatro Comunitario Novedades, un proyecto que llegó a revitalizar el emblemático edificio patrimonial emplazado en Cueto 257, y que fue inaugurado en 1913 por el Círculo Español. “Como vecina me entusiasmé muchísimo. Llevaba 20 años pasando por fuera y siempre estaba cerrado. Vi también que había mucha gente en situación de calle. Y la pregunta siempre era cuándo se va a abrir, si es un espacio enorme, y este barrio está lleno de artistas que no tiene un espacio donde trabajar”, comentó Myriam Cifuentes, actriz y habitante del sector.
Así fue como se unió al Consejo de Vecinos que organizaba el proyecto y que, junto al apoyo de la Corporación para el Desarrollo de Santiago (Cordesan), logró darle una nueva vida y sentido a este edificio patrimonial. “Somos los mismos vecinos los que empezamos con conversaciones, reuniones, para poder habilitar y abrir un espacio que estaba destruido, prácticamente”, enfatizó Cifuentes. “Y comenzar a trabajar en él para también crear una metodología que convocara desde lo comunitario y no desde la industria cultural, sino desde el lado más social. Por eso también es importante el nombre. Ahí es cuando se rebautiza como Teatro Comunitario”.
Lo anterior, en torno a un modelo que va en contra de las lógicas que actualmente imperan en una buena parte del ecosistema cultural: “Nosotros creamos una programación colectiva. Un llamado a programar donde no hay curadores, no hay jueces, no es una convocatoria en la cual tienes que entregar un dossier o algún proyecto. Acá es un llamado colectivo donde los calendarios están abiertos. La gente, a través de un post-it, pone su actividad, y entre ellos mismos van dialogando quién va primero y quién va después. La misma gente se autorregula”, comentó la actriz.

“Nos decían ‘no, pero esto va a ser caótico porque hay que seleccionar’. Nosotros no queremos pasar por un proceso de selección, que es a lo que nos tiene acostumbrado el Fondart y todos los teatros de Chile. No podemos seguir con la misma lógica de industria cultural. Tenemos que pensar desde la manera comunitaria, así que comenzamos a educarnos para generar esta forma, que culmina con el llamado a la programación colectiva en donde todos y todas pueden ingresar, siempre cuando no sean deudores de pensión de alimento, no estén pasando por un proceso de judicialización de abuso o de violencia intrafamiliar, o sea alguien que haya difamado o haya tenido mal comportamiento dentro del espacio”, especificó.
Un sistema de trabajo que les ha permitido sostener una programación continua durante cuatro años y que no solo incluye actividades ligadas al teatro, la música, el cine y la literatura, sino también un intercambio con establecimientos educativos del sector. “El teatro se abre a las escuelas, a los jardines infantiles, a los colegios, liceos, universidades. Son muchos y muchas niñas, niños, jóvenes, adultos que están dentro del espacio, que celebran sus graduaciones o hacen sus eventos culturales allí. Y eso es muy bonito, ver que llegan niños, sobre todo de jardines infantiles, y que puedan presentar sus trabajos, o las mismas universidades que van mucho a estudiar el teatro”, expresó Cifuentes.
“Tenemos a la Escuela de Arquitectura de la UNIACC. Esa es su sala de clase. Los chicos de cuarto año van a estudiar al teatro. Tenemos estudiantes de Antropología de la Universidad Católica que también van a hacer sus estudios, de Psicología Comunitaria de la Humanismo Cristiano. De la Universidad de Chile también han ido varias veces a hacer sus foros, nos invitan, y así con un sinfín de otros”, señaló la actriz, compartiendo que se trata de un intercambio que igualmente ha beneficiado al espacio.
“La USACH está haciendo un tremendo trabajo en el teatro, generando un contraproyecto donde están levantando toda la información para que se restaure completamente. Y no solo el teatro, sino que dos cuadras a la redonda. Eso lo está haciendo un chico en su doctorado. Está estudiando, ya nos entregó los nuevos planos, ahora viene la entrega de la maqueta, y puede, en algún momento, ir a presentarlo al Gobierno Regional y decir ‘por favor, restauremos uno de los pocos teatros que tiene Chile vivo y que son de esta época, y que no se han transformado ni en iglesias evangélicas, ni en mall chino, ni centros comerciales’. Eso es lo que nosotros más queremos proteger. Queremos que el teatro siga vivo, que siga su historia”, compartió.
Las dificultades de un espacio ciudadano
Sin embargo, también han existido algunas piedras en el camino. Entre ellas, los roces con las últimas dos administraciones municipales de Santiago, aunque por motivos diversos. “Uno de nuestros conflictos es la autonomía. Con Irací Hassler tuvimos censura, y eso es muy doloroso. A nosotros nos censuraron el Museo del Estallido y fue con un gobierno de izquierda. Eso fue tremendamente doloroso porque nosotros venimos del estallido y muchas veces hemos tenido que omitir, sobre todo en esta nueva etapa, esa parte de nuestra historia”, sentenció Cifuentes.
“Porque los octubristas tienen que ser censurados. Tienen que pasar 50 años para que se pueda decir ‘ah, hubo dictadura’. Y vamos a tener que esperar 50 más para decir ‘sí hubo estallido, mutilaciones, abuso de los derechos humanos’. O sea, es terrible ver que alguien puede cegar a otro y estar libre. Y ahora, en esta nueva administración, es mucho más difícil aún porque estamos en un limbo de no saber si pertenecemos o a Cordesan o al municipio“, puntualizó respecto a los conflictos desatados desde la llegada de Mario Desbordes.
Así los desmenuza la actriz: “A nosotros nos han cortado el internet, nos han dejado sin los servicios básicos, no hay papel, no hay elementos para limpiar, no hay personal de limpieza. Por lo menos con el otro si lo teníamos, pero acá no hay nada. Un día llegamos al teatro y nos tenían cerrado, nos cambiaron los candados. Ya no podemos cerrar y abrir un espacio donde el 90% de las cosas que hay dentro son nuestras, de la organización”.
Algo que, por suerte, se contrasta con el espíritu de colaboración que existe con otras instituciones. Entre ellas, la ANEF, el Estadio Víctor Jara, varias embajadas y la Cineteca Nacional. Esta última, para actividades como los miércoles de cine.

Teatro Comunitario Novedades (vía Facebook)
Para Cifuentes, los roces con la institucionalidad hablan de una resistencia por parte del sector a reconocer las virtudes de un modelo como este. “El teatro se abre y eso es muy difícil que lo logren entender las instituciones. Ellos hablan de que trabajan con los vecinos porque necesitan el voto. Eso es lo que nosotros terminamos dándonos cuenta, que nos utilizan para su voto, pero, ¿en verdad están trabajando con los vecinos? ¿les interesa la participación ciudadana? ¿les interesa ser parte de esto?”.
“Creo que la institución en sí necesita entender, desde el territorio, la palabra comunidad. Y entender que la delincuencia no se va a combatir con más armas. La violencia acarrea más violencia, y si nos ponemos un poquito a estudiar, nos podemos dar cuenta de que en cada lugar que se abre un circo, una escuela de circo, una ludoteca, una escuela de artes y oficios, un teatro, es un lugar donde le estamos quitando espacio al narco”, expresó la actriz.
“Cuando nosotros habitamos ese espacio y lo comenzamos a construir, los dos puntos de narcotráfico que había en esa cuadra se fueron. Ellos deberían estudiar un poquito y no decir que quieren cultura o seguridad. La seguridad se va a dar si los vecinos se conocen, si se crean estrategias, no si están separados y están mirando su ombligo o su metro cuadrado. Es urgente en estos tiempos volver a revitalizar el tejido social, el saber con quien vivo al lado, conocer a mi vecino de 4 o 5 cuadras más allá, y tener ese espíritu de servicio”, concluyó Cifuentes.




