Categórica es la reflexión que realiza la magíster en Ciencia Política y Gubernamental, y militante socialista, Javiera Arce Riffo, en torno al desempeño del denominado Socialismo Democrático en las pasadas primarias oficialistas donde la carta de este sector, Carolina Tohá, fue superada ampliamente y relegada a un segundo lugar.
En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, Arce abordó la indefinición y desconexión en que está sumido este sector político, cuya manifestación más clara estaría en la falta de recambio generacional en liderazgos, en contraposición a lo que ocurre con el Partido Comunista.

– ¿Qué reflexión se puede hacer respecto a factores que pudieron llevar al resultado de las primarias? ¿Ves una desconexión del Socialismo Democrático con el electorado?
La campaña estuvo súper mal enfocada con gente muy desconectada, apelando a cuestiones que ya no le hacen sentido a la ciudadanía y, además, tratando de suplir con redes sociales, reels y cosas por el estilo, una serie de cuestiones relativas a la falta de carisma de la candidata.
Pero hay una cuestión más de fondo; creo que el Socialismo Democrático no sirve ni siquiera para una alianza electoral. Ese es mi tajante diagnóstico, porque no tenemos una definición clara de quiénes somos ni cuál es nuestro lugar en el sistema de partidos. No tenemos claro un domicilio político ni a quién nos dirigimos. El Partido Socialista particularmente se autodenomina como el partido de la clase trabajadora, que somos los que estamos más conectados con la clase trabajadora, y fíjate que no. Lo que ocurrió con la candidatura de Tohá fue precisamente algo totalmente contrario: terminaron las clases más adineradas votando e identificándose con ella, mientras que los pobres se terminaron identificando con Jara.
Jara, en particular, creo que tenía un programa bastante débil y una propuesta económica que caía en algunos casos en el absurdo: lo del consumo interno y lo de la sustitución de importaciones me parece absurdo en todo sentido. Por lo tanto, creo que la gente no votó por el programa, sino que votó por lo que representaba Jeannette Jara con su historia de vida, pero además con una serie de elementos que a mí me parecieron extremadamente atractivos, porque no solo es una persona que viene de la clase trabajadora, estuvo allegada, etcétera, sino que además es una militante del Partido Comunista y, a pesar de ser comunista, la gente la votó igual.

Creo que este clivaje, como anticomunista o antipolitiqueo, etcétera, es un clivaje que le hace sentido a las generaciones más viejas, pero no a los más jóvenes, que fueron los que movilizó. Y ahí el Socialismo Democrático está completamente perdido, no tiene idea a quién le está hablando ni tampoco sabe definirse a sí mismo.
En ese sentido, también el Partido Socialista ha generado, por una parte, cuadros técnicos importantes, pero en los cuadros políticos tampoco ha habido una renovación fuerte en los últimos años y, en esta candidatura en particular, las generaciones más antiguas vieron una posibilidad de hacer como un revival y volver a sentarse como protagonistas de la historia, impidiendo otra vez el recambio generacional. Y esto no significa, por favor, quiero que quede súper claro, desmerecer la contribución de estas generaciones, ellos son valiosísimos. Son personas que conocen mucho del Estado, tienen mucha experiencia, tienen el mayor de mis respetos, pero creo que la generosidad en política también parte por empoderar a las nuevas generaciones, abrir los espacios y no enquistarse en ellos, ni perpetuarse como lo ha intentado hacer esta generación y que después se desdijo. Se deshizo sola de Tohá y ahora están felices ahí haciéndole porras a Jara. Eso no se puede.
– ¿En qué pie queda el Socialismo Democrático? Desde el sector, se ha dicho que “no se acaba o no se agota por estas primarias” y que tiene liderazgos aún por impulsar.
Yo creo que no se agota, pero hay que hacer una reflexión superprofunda sobre quiénes somos, definirnos, definir a quiénes apuntamos, cuáles son nuestros electorados, etcétera. Pasa cuando los conflictos se entierran bajo la alfombra, como lo que ocurrió en los años 98 y 99, con los autoflagelantes y autocomplacientes, en que había dos visiones contrapuestas de la modernidad que Chile había alcanzado, en que, por una parte, gente como Tironi decía que la gente estaba súper bien porque había logrado acceder al crédito, ya no se estaba muriendo de hambre, podía comprar un auto, etcétera.

Pero, por otro lado, estaba otro grupo de personas como Carlos Ominami, Clarisa Hardy y varios más que precisamente hacían un hincapié de que esta modernización, si bien había mejorado las condiciones económicas de la vida de la población, la desigualdad no se había atacado. Además de eso, estábamos despolitizando la sociedad en el sentido de que, y esto lo escribió Norbert Lechner, no se hacía parte de los procesos de transformación social y de la democracia.
Aquí esto también a mí me resuena mucho con la falta de cultura de derechos humanos, que tampoco se planteó como una idea a defender como sociedad y sobre la construcción del individualismo, que -ojo- es puro neoliberalismo, pero en esto me refiero a cómo que se construye la transición, que esto es una cuestión mundial, por favor, que quede súper claro. A las ideas triunfantes de Margaret Thatcher porque esto pasó en Inglaterra también: se desarticula a los sindicatos, mandan todas las empresas a China. Todo lo que pasa en Inglaterra después de los años 80′, se traspasa a la política. Hay un libro precioso que se llama “Historia del Neoliberalismo”, que lo leí durante mi estancia en Londres, que me encantó y que habla sobre cómo se neoliberaliza la política. Y todo esto va a marcar también nuestra transición y, sobre ese tema, no nos hicimos cargo como Concertación.
Eso es lo que estamos viendo ahora, sumado a una pésima capacidad de recambio de liderazgos donde están lamentablemente estas generaciones que son como un “tapón”, pero que son súper valiosos y de los cuales podemos aprender mucho. Las únicas formas que tú tenías de ascender dentro de la política partidaria era transformarte en operador, parlamentario u operador de parlamentario, o llevar maletines y ser jefe de gabinete. No había ni una posibilidad. Mientras, por otro lado, el Partido Comunista sí hizo su trabajo, hizo un recambio generacional súper potente a tal punto que esta misma generación que es la de Jara, con otros más que pactaron con (Camila) Vallejo, con (Karol) Cariola, son aquellas que empezaron a tomarse el partido en distintas instancias. Esta formación de cuadros y esta renovación es la que estamos viendo. En un momento daban a todo el Partido Comunista por viejitos perdidos y ahora tienen una renovación y una candidata presidencial que ganó una primaria de manera increíble.

Mientras, el Socialismo Democrático hundió al liderazgo de esa generación, que sería Tohá o el mismo Claudio Orrego, Ricardo Lagos Weber y varios más que estaban ahí, después venía la G90, que son un poco más jóvenes y que también se hundieron a sí mismos, que eran los jefes de gabinete y que después, con los casos de SQM y todas las cosas que se empezaron a saber sobre ello, perdieron protagonismo. Y la generación después, que es la mía, tampoco ha tenido mayor protagonismo, más allá de las peleas que ha dado de manera muy fuerte y muy valiente Karina Delfino, por ejemplo, que se ha instalado como un rostro fuerte y relevante de esta generación. No hay una posibilidad real de un recambio natural que se produzca.
– ¿Cómo fortalecer al Socialismo Democrático? De cara al desafío de la negociación parlamentaria.
Yo creo que va a haber hartos damnificados. Hay que ver cómo viene la negociación parlamentaria y ahora esa es otra discusión, una discusión táctica, qué nos conviene más una lista o dos listas, cómo quedamos después de esto. La DC fue superpragmática, ya salió con todo, sobre todo los parlamentarios a apoyar a Jara directamente y creo que está bien. En este caso, el Socialismo Democrático tiene que pensar también cómo negociar y salir de la mejor forma posible de la plantilla parlamentaria. Ahora, yo no sé si dos listas sea lo correcto.
Vamos a tener que hacer todo el esfuerzo y el ejercicio para que entremos en una lista y poder ojalá salvar los muebles, porque estamos bastante disminuidos. La participación en la primaria fue baja. La candidata es excelente, pero es comunista y en un escenario de extremas derechas claramente el eje anticomunista va a estar presente. En todo el mundo, la extrema derecha juega muchísimo y horada la opinión pública con el tema del comunismo, en vez de darse cuenta que estamos en el borde del colapso climático.
Me preguntas cómo fortalecer esto; creo que lo primero es ser racionales con la táctica de ir todos juntos, pero también apuntar a ideas programáticas que les hagan sentido a los “cabros”. O sea, lo que hace Jeannette Jara, por ejemplo, con su historia de vida es conectar con los “cabros” (más jóvenes). Pero te lo puedo decir también, por ejemplo, en Inglaterra, en las clases que yo di a mis estudiantes, estaban todos con ecoansiedad y cada vez que yo les mostraba videos de Nigel Farage, que es un gran admirador de Trump, les daba un impacto fuerte, como un shock que los estuviera afectando profundamente.

Y muchos de ellos me decían, “yo tengo eco ansiedad, me da una vez a la semana porque hay mucho calor, porque no sé qué”. Entonces, ¿cómo nos hacemos cargo de ese problema que tienen los jóvenes? De ver que el planeta lo estamos destruyendo y nadie hace nada. Vemos estos grupos extremistas de derecha que lo único que hacen es hacer pedazos todo. Entonces, yo creo que estamos bien desconectados de todo. La política está muy desconectada.
En el caso de Jeannette Jara, genera una esperanza de alguien que es de abajo también –muy distinto a lo de Boric-, que estudió dos carreras, que hizo todo el camino duro de la militancia política dentro del Partido Comunista, fue dirigente, hizo todo lo que tú te imaginas para después ser candidata presidencial. O sea, la hizo bien, es un ejemplo a seguir. Entonces, creo que ahí viene el trasfondo de esto, de cómo a ella les hace sentido mediante su historia de vida, mediante su trabajo a esto y yo creo que ese es el principal desafío del Socialismo Democrático, de como ver si podemos trazar estos mismos caminos. Muchos de nosotros nos vemos reflejadas en ella.
Creo que en parte ella va a poner esto en la mesa y más allá del comunismo, tiene un elemento fundamental que es ponerle a los alemanes encima el mérito y cómo ella logró construirse a sí misma.






