Nobel de la Paz, alto al fuego y éxodo palestino: los ejes del encuentro de Trump y Netanyahu en la Casa Blanca

En medio de intensos ataques a Gaza, los líderes de Estados Unidos e Israel defendieron el desplazamientos de la población palestina durante su encuentro en Washington. Organizaciones humanitarias denuncian hambruna y ataques a civiles en la Franja.

En medio de intensos ataques a Gaza, los líderes de Estados Unidos e Israel defendieron el desplazamientos de la población palestina durante su encuentro en Washington. Organizaciones humanitarias denuncian hambruna y ataques a civiles en la Franja.

Este lunes, en plena ofensiva israelí sobre la Franja de Gaza, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en una cena oficial que tuvo como eje las negociaciones para una tregua temporal entre Israel y Hamas, así como una serie de propuestas altamente controversiales respecto al futuro del enclave palestino y la situación general en medio oriente.

El mandatario norteamericano, recibió en la elegante “sala azul” a la autoridad israelí. Está es la tercera vez que ambos líderes se reúnen en la residencia presidencial desde el inicio de la segunda administración de Trump en enero.

Ambos líderes comenzaron la jornada ante la prensa, destacando su cercanía y visión compartida sobre la paz en Medio Oriente. En un gesto cuidadosamente calculado, Netanyahu entregó a Trump una carta con la que lo postuló oficialmente al Premio Nobel de la Paz. “Está forjando la paz mientras hablamos”, dijo el primer ministro israelí. Trump, por su parte, se mostró complacido y habló de los “tremendos logros” obtenidos junto a su par israelí.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump

Donald Trump y Benjamín Netanyahu compartiendo en la Sala Azul de la Casa Blanca poco antes de iniciar la cena entre ambas delegaciones. Foto: Casa Blanca.

En el encuentro, discutieron la posibilidad de un alto al fuego de 60 días en Gaza, actualmente en negociación en Doha, Qatar, bajo mediación estadounidense. La propuesta incluye la liberación de rehenes israelíes y prisioneros palestinos, el ingreso de ayuda humanitaria y el establecimiento de corredores seguros para la entrega de está ayuda. Sin embargo, el foco también estuvo en un plan impulsado por Trump desde su llegada al poder: facilitar la emigración “voluntaria” de la población gazatí a terceros países, una medida que ha sido rechazada por varios Estados árabes y catalogada por críticos como una forma de limpieza étnica.

Tanto el jefe de Estado estadounidense como el israelí defendieron la idea de permitir que quienes quieran abandonar el enclave puedan hacerlo. “Gaza no debe ser una prisión, sino un espacio abierto”, dijo Netanyahu. Trump respaldó la idea y agregó que ya hay “gran cooperación” con países vecinos para implementar esta propuesta.

Pero lo cierto es que, hasta ahora, ningún gobierno ha confirmado públicamente su disposición a acoger a los palestinos desplazados. Por el contrario, varios países árabes, como Egipto y Jordania, han rechazado tajantemente la iniciativa. Para muchas organizaciones internacionales, hablar de “migración voluntaria” en medio de un conflicto armado, con infraestructura destruida y más de dos millones de personas desplazadas, no es otra cosa que un disfraz para el desplazamiento forzado.

Hombre sentados en una mesa, en la imagen de se a Trump sentado al lado de Marco Rubio. Frente a Trump está sentado Netanyahu.

Cena en la Casa Blanca de las delegaciones de Estados Unidos e Israel, encabezada por el presidente Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

Por otro lado, al ser consultados por la solución de los dos estados, Trump evitó responder y traspasó la responsabilidad al mandatario hebreo. El líder israelí se mostró más cauteloso sobre la paz con los palestinos y descartó un Estado independiente para ellos, afirmando que Israel “siempre” mantendrá el control de seguridad sobre Gaza. “Ahora, la gente dirá que no es un Estado completo, no es un Estado. No nos importa”, consideró.

A lo anterior, se suma un nuevo plan israelí que, de concretarse, podría cambiar drásticamente el mapa demográfico del enclave. El ministro de Defensa, Israel Katz, anunció que ordenó al Ejército preparar una “ciudad humanitaria” en las ruinas de Rafah, al sur de Gaza, donde se concentraría a toda la población gazatí. Allí se establecerían nuevos puntos de ayuda bajo estricta vigilancia militar, gestionados por organismos internacionales, aunque todo apunta a que la controvertida Fundación Humanitaria para Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), respaldada por Israel y Estados Unidos, sería la encargada.

Las denuncias contra esta fundación son graves. Un excontratista de seguridad declaró a la BBC que vio cómo sus compañeros disparaban con ametralladoras desde torres de vigilancia contra civiles que esperaban alimentos, muchos de ellos mujeres, ancianos y niños. La GHF negó las acusaciones, pero las imágenes y testimonios de la población local pintan un panorama desolador: violencia, escasez y desesperación.

Niños gazatíes aglomerados con ollas en las manos a la espera de recibir algo de comida.

Hambruna en Gaza. Foto X @UNRWA.

Al mismo tiempo, la ayuda humanitaria sigue bloqueada. La UNICEF alertó que miles de bebés en Gaza están desnutridos, sin acceso a leche materna ni suplementos. Muchas madres están muertas o demasiado débiles para alimentar a sus hijos. “Cada minuto cuenta”, advirtió la directora ejecutiva del organismo. Por su parte, la UNRWA (la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Medio Oriente) aseguró que tiene alimentos y suministros para un mes completo esperando para entrar a la Franja, pero las restricciones lo impiden.

Pero, mientras se servían los platos en Washington, Gaza vivía una nueva noche de horror, al menos 57 palestinos murieron en ataques israelíes y miles siguen desplazados en condiciones críticas. 

Asimismo, en las últimas horas, también se supo que cinco soldados israelíes murieron y otros dos resultaron heridos en una explosión en Beit Hanun, al norte del enclave. Este nuevo ataque ocurre justo cuando las conversaciones en Qatar parecen estancadas. Según fuentes palestinas, el lunes no hubo avances significativos, aunque las negociaciones continúan. Hamas exige garantías internacionales para evitar una reanudación de los combates y la restauración de los mecanismos de ayuda de la ONU. Israel, en cambio, insiste en que el fin de la guerra pasa por la eliminación total de Hamas.

Niño palestino entre los escombros de Gaza.

Niño palestino entre los escombros de Gaza. Foto: @UnrwaChile

Y no solo Gaza fue tema en la cena. Trump también fue consultado sobre Irán. Aseguró que está dispuesto a quitarle las sanciones al país islámico si se logran avances en las conversaciones nucleares. Netanyahu, por su parte, celebró los recientes ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, afirmando que se logró “retroceder dos tumores que amenazaban la vida de Israel: el nuclear y el balístico”.

En cuanto a Siria, Trump reveló que por petición de aliados, entre ellos Israel, decidió retirar sanciones al país y expresó su “impresión positiva” tras reunirse con Abu Mohamad al-Golani, líder de la milicia que derrocó a Bashar Al-Ásad y que hoy gobierna al país. En paralelo, aseguró que Estados Unidos seguirá apoyando los Acuerdos de Abraham para expandir la normalización con otros países árabes.

La cena Trump-Netanyahu, cargada de gestos simbólicos y declaraciones optimistas, contrasta duramente con la realidad en Gaza. La narrativa oficial habla de cooperación y progreso, pero en el terreno las imágenes son otras: hospitales destruidos, niños famélicos, madres desesperadas, filas interminables para conseguir un poco de arroz o un trozo de pan. Mientras unos celebran en Washington, otros entierran a sus muertos en Gaza.





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