Fue una invitación que llegó como un brote de luz en medio del caos. Y es que la posibilidad de participar en la más reciente película de la cineasta española Belén Funes -reconocida por su celebrado debut con “El hijo del ladrón“, que incluso la hizo merecedora de un premio Goya– cayó en las manos de Antonia Zegers en medio de la crisis que significó la pandemia para el medio actoral.
“Belén me llamó en plena pandemia, cuando yo pensaba que no íbamos a volver a trabajar más“, confesó la destacada actriz desde el otro lado de la pantalla, instalada en una de las salas de su casa en Ñuñoa. “Estaba sentada en este mismo lugar, haciendo cosas por Zoom, mirando por la ventana y diciendo ‘guau, capaz que me tenga que replantear en serio mi vida’, porque todo indicaba que no nos íbamos a volver a juntar en un set hasta quien sabía cuándo. Los aeropuertos eran como entrar a un campo minado”.
“Mis representantes me dicen ‘hay una directora súper buena que quiere trabajar contigo, te quiere presentar un proyecto’. Y para mí fue como que si viniera un mesías con una buena nueva a decir que todo iba a volver a ser como antes, en un punto. Yo no lo podía creer. O sea, llevaba ya dos meses con pantuflas y me vestía de la cintura para arriba. Ahí me mandaron su trabajo anterior, una película increíble con la que ganó un Goya, y me encantó”, recapituló Zegers.
Así fue como se consolidó el proyecto que representa el debut protagónico de la chilena en el medio español, con una historia que entrelaza problemáticas de la contingencia con un tránsito tan íntimo como el duelo.

Antonia Zegers en “Los Tortuga”, película española
“Me junté con Belén y tuvimos mucha sintonía. Me mandó una de las primeras versiones del guion y pasaron tres años hasta que hicimos la película, entre que me convocó y que logramos filmar. Así son los tiempos del cine, requieren mucha perseverancia”, explicó la actriz. “Y luego me mandó el guion por correo ordinario, impreso, desde España a Chile. Fue hermoso. Un día me llega un WhatsApp que dice ‘acaba de salir un guion, unas tortugas volando desde Barcelona a Ñuñoa’. De pronto llegó el cartero, que solo había traído cuentas en los últimos diez años, con un guion de 110 páginas. Fue muy bonito. Y de ahí, todo lo que vino fue mucha belleza, mucha profundidad”.
Un proyecto que se estrenó en septiembre del año pasado en el Festival de Cine de Toronto bajo el nombre de “Los Tortuga“, y que arribó en varias salas chilenas el pasado 7 de agosto.
“Hago de una chilena que llevaba 20 años viviendo en España y que se enamoró de un andaluz, que era un ‘tortuga’ en Barcelona“, comentó Zegers, haciendo referencia al apodo que recibían los migrantes andaluce que cargaban sus pertenencias al estilo de este reptil. “En el fondo, eran dos tortugas, una latina y uno andaluz, que tuvieron una hija que es la primera generación nacida en Cataluña, y que es la historia de la directora. Sus padres vienen de Andalucía, de Jaén particularmente”, complementó la actriz.
Las consecuencias de un “capitalismo feroz”
Todo lo anterior, en una realidad para la sociedad española que se entremezcla con las diversas complejidades que presenta hoy la dificultad del acceso a la vivienda. “Hay una cosa con el sistema que impera, por lo menos en Occidente, y que es muy brutal e inhumano si no tienes dinero. Es exigente. En Europa están viendo cómo va ganando el capitalismo… Porque a ellos los agarró con políticas sociales bastante desarrolladas, con educación, con vivienda y con salud aseguradas para los ciudadanos y las ciudadanas de cada país. Y en este minuto, que están perdiendo eso, se están enfrentando a algo bastante parecido a lo que vivimos nosotros acá, que es un capitalismo feroz donde no hay mucha protección a las personas”, planteó Zegers en un paralelismo entre ambas realidades.
“Nos enfrentamos a una realidad en que, si no tienes dinero, la vida es realmente una pesadilla. Y ellos se están enfrentando a eso. En Cataluña está toda la especulación inmobiliaria, los buitres que compran los edificios para el turismo. Los catalanes ya no pueden vivir en Barcelona porque no les alcanza. Y no es algo ajeno para mí ver cómo manda la plata siempre, muchas veces sobre la dignidad de las personas”, reflexionó la intérprete.
Apreciación que, sin embargo, visualiza como un punto narrativo no forzado. “Quizás la forma en que estos temas se posicionan depende de cuánto importa en la agenda, porque, efectivamente, de repente hay películas que la cambian. ‘Una mujer fantástica‘ incidió en una ley, así de poderoso. Tuvo un recorrido muy potente y adquirió poder. La Dani (Vega), además de ser una gran actriz, es una activista, y se cambió la legislación no por una cosa particular, sino por la sumatoria de todas. Pero creo que eso también es una coincidencia feliz, de haber puesto la película precisa en el momento preciso, con la temática potente“, expresó.

Antonia Zegers en “Los Tortuga”
“Creo que el cine es una expresión artística como lo es la pintura o la literatura. Yo soy una intérprete, no soy directora. Las ideas no salen de mí. Adhiero a ellas y como una mercenaria voy cambiando de una a otra. Pero los proyectos salen del alma de las personas y a veces logran una sintonía, y a veces no. Es súper difícil predecirlo, pero lo que no se puede negar es que las películas quedan buenas cuando te salen del corazón, cuando es una necesidad contarla y compartirla. Y lo que pase, cómo reverbera, finalmente siempre es un misterio”, añadió Zegers.
Por eso, es tajante al delimitar el rol que cumplen las y los artistas en estos términos: “Parte de una necesidad personal, no de sensibilizar. Porque cuando arrancas con el foco afuera es bastante más frágil porque se pone didáctico, y eso no es labor de los artistas. Los artistas sacan algo de adentro y a veces sintoniza increíble, a veces rompe, a veces desagrada, a veces corre la línea de la conversación. Es muy variado lo que puede pasar cuando los artistas se expresan en todos los ámbitos del arte, pero la labor del arte es una consecuencia de una necesidad interior de los artistas. No somos profesores“, sentenció.
“Porque el arte también entretiene, y no está mal que sea así. Genera catarsis, y esto viene desde Grecia, a través de la comedia y la tragedia, que luego devienen en dramas, sátiras y un montón de géneros más. Pero la catarsis a través de la risa y del llanto es la misión. Es también un espacio colectivo para sentir y abrirte a historias distintas que te espejean para reír, llorar, sentir y pensar. Uno no puede delimitar para qué estás haciendo una obra. Y hay gente que las direcciona mucho, que piensan ‘yo creo en esto, quiero crear conciencia por esto y quiero resultado, resultado, resultado’, pero se pierde el alma. Y sin alma en el arte no somos nada”, concluyó la actriz.

Antonia Zegers en “Los Tortuga”


