En 2005, en medio de una profunda crisis financiera de los clubes del fútbol chileno, se promulgó la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas (SADP). Entre sus principales lineamientos, se encontraba el de terminar con la precariedad económica de las instituciones, transparentar la gestión, profesionalizar la administración y darle estabilidad a la actividad. Veinte años después, esa promesa estuvo lejos de cumplirse.
El balance, en pleno 2025 y con la discusión en el Congreso Nacional de una reforma a la legislación, está lejos de la premisa inicial con la que se instaló el modelo. La ley permitió la entrada de capitales privados y, en un comienzo, permitió a diversos clubes sanear sus crisis económicas. No obstante, las fallas estructurales quedaron en evidencia con el pasar del tiempo y los problemas de la actualidad han sido profundizados por los vicios de la legislación.
Consultado por Diario y Radio Universidad de Chile, el senador Matías Walker (Demócratas) e impulsor de la reforma al modelo de SADP, aseguró que la ley de 2005 “fue un avance en términos de, por lo menos, tener un directorio responsable con su patrimonio personal”. No obstante, apuntó a que el problema es que “se estableció una libertad absoluta para comprar acciones, desafectada de lo que eran los socios tradicionales de los clubes, y por lo tanto derivó en los problemas que vemos de multipropiedad, agentes de jugadores que son dueños de los clubes”.
Promesas incumplidas: finanzas, transparencia y modernización
Desde la aprobación del cuerpo legal, su cumplimiento ha estado en entredicho. El académico de la Universidad de Valparaíso, Alejandro Torres, co-autor del libro El salvataje del fútbol profesional chileno, el cual realiza un balance de las dos décadas de la Ley, entregó su visión sobre los fallos del modelo.
El objetivo de la ley, dice Torres derechamente, “no se cumplió”. “Porque uno de los apartados era precisamente salvar, mejorar la situación financiera de los clubes. Había unos que estaban muy complicados, y tenían una alta deuda tributaria. Y dos, porque esta nueva forma de organización iba a traer nuevos capitales. Y no se cumplió ninguna. ¿Por qué? Porque siguen estando endeudados como antes en materia tributaria”, explicó el abogado.
“Y ojo, porque también hubo un perdonazo. En el sentido de que la deuda era previsional y tributaria, pero solamente se incorporó en la ley como deuda tal la tributaria. La previsional no había como cobrarla sencillamente”, aclaró tajantemente el experto, razón por la que habla de un “salvataje” a la actividad.

Asociación Nacional de Fútbol Profesional. Jonnathan Oyarzun/Photosport
Torres da como ejemplo a O’Higgins de Rancagua, como un club que ha hecho al menos ocho aumentos de capital, pero no para inversiones, sino para cubrir el déficit económico de las gestiones de años anteriores. “Desde ese punto de vista, el modelo es un experimento que en Chile no resultó”, indicó.
Además, el académico precisa “los clubes que no se transformaron en sociedad anónima, no te digo que son superávit y que van a tener una muy buena performance financiera, pero tienen un mejor comportamiento económico que los que se transformaron en sociedad anónima”.
Si bien el análisis caso a caso es negativo para gran parte de los clubes, la Asociación Nacional de Fútbol Profesional no se salva. Sus estados financieros entre 2021 y 2024 revelan una situación crítica. Entre 2021 y 2022 la ANFP registró pérdidas de más de $3.000 millones combinados, y aunque las cifras mejoraron en 2023 y 2024, las pérdidas históricas llegan a los $12.487 millones.
Uno de los pilares de la ley fue la idea de profesionalizar la gestión. Sin embargo, lo que se observa en varios clubes es lo contrario: directorios sin experiencia deportiva, conflictos de interés y una marcada opacidad en la toma de decisiones. Casos como la pugna de control en Colo-Colo, los cuestionamientos a las gestiones de las sociedades en Universidad de Chile y los recurrentes problemas en clubes de regiones muestran que el modelo no garantizó la transparencia que prometía.
El diagnóstico de Alejandro Torres al respecto coincide con los que han tenido otros expertos en la materia: “Me da la impresión de que esto no se ha manejado en forma profesional”. Pero también abordó la falta de un rol fiscalizador en la ANFP.
“No puedes fiscalizar a alguien que compone tu organismo”, planteó al respecto Torres. “¿Qué es la ANFP? Es un conjunto de clubes, cuyas decisiones se manifiestan a través del Consejo de Presidentes. ¿Y tu le vas a pedir que ellos mismos se fiscalicen? A nosotros nos duele la fiscalización cuando es externa, sino es externa, no nos duele”, expresó el académico.
En esa línea, expone sus reparos respecto de auditorías externas que puedan llevar a cabo organismos como la Comisión para el Mercado Financiero (CMF). “La auditoría no busca opinar en relación a la gestión económica, sino que los hechos económicos que están ahí estén correctamente presentados. En ese aspecto, a la CMF le llegó un ‘cacho’ con los clubes deportivos. La CMF está para grandes empresas, para fiscalizar importantes componentes del mercado de capitales, y no clubes deportivos”, recalcó.
Consultado por nuestro medio, Fernando Monsalve, expresidente del Club Social y Deportivo Colo Colo, ahondó en los vicios del sistema. “El resultado ha sido completamente nefasto. Se han incumplido todas y cada una de las promesas o variables que uno estimaba que podían llegar a cumplir”, comentó.
“Eso diría es una consecuencia directa del empresariado, quién llegó a invertir. Dos, la desregulación absoluta, tres, la falta de fiscalización absoluta por parte de los entes públicos, y cuatro, una falla del modelo, asociado con la sociedad que estamos viviendo, que es una falta de democracia”, profundizó el abogado.

Fernando Monsalve junto a Anibal Mosa en junta extraordinaria de accionistas de Blanco & Negro en 2017. Christian Iglesias/Photosport
Monsalve direccionó su crítica hacía que aquellos que dirigen los clubes, más allá de la inyección de capital, “cuando no cumplen con transparencia, con inversión y con resultados, sobre todo, debiesen rotar porque no tienen proyecto”. “Eso es lo bueno que tenía el modelo anterior, es que existía democracia y tú tenías que presentar proyectos y tratar de ejecutarlos”, argumentó.
Para el ex dirigente albo, la inexistencia de transparencia no solo es una deuda de los privados en el fútbol, sino que también lamenta la falta de fiscalización pública. “La importancia que tiene para el ente político, para los incumbentes, para los gobiernos de turno, desde el Ejecutivo, desde el Legislativo también, la importancia que tiene la actividad deportiva, en este caso el fútbol, como una actividad popular, movilizador de masas. Esa ausencia por parte de los gobiernos ha dado manga ancha a la falta de transparencia, de fiscalización, de inversión”, sostuvo.
“El modelo de sociedad anónima carece de democracia, pero también carece de fiscalización por parte del ente público, de presión por parte de los hinchas y los socios. Y eso es muy problemático porque, sobre todo en clubes menores o de menor arraigo popular, permite una estabilidad aún cuando estés siendo poco transparente con los dineros, no estés teniendo identidad, no estés apoyando a la comunidad”, agregó Monsalve.
La pérdida de identidad
Quizás la crítica más repetida en estos 20 años es que la Ley SADP significó la exclusión de los socios e hinchas en la gobernanza de sus clubes. El sentido de pertenencia, históricamente tejido desde la relación entre comunidad e institución, fue reemplazado por un enfoque empresarial donde la rentabilidad pesa más que la identidad.
El fútbol chileno, marcado por clubes con fuerte arraigo popular, perdió con este modelo la participación directa de sus bases. “El fútbol perdió paulatinamente su legitimidad social. El gran error de la Ley de sociedades anónimas original es que no estableció un derecho preferente de adquisición de acciones para los socios de los clubes”, detalló el senador Matías Walker consultado sobre este tema.
“Personas que no tenían ningún vínculo deportivo, afectivo, como hinchas con esos clubes, pudieron hacerse de ellos como si fuera una empresa más. Y el fútbol perdió su vínculo social”, indicó el parlamentario, quién valoró que en el proyecto discutido en el Parlamento se establezca que los abonados “tengan al menos derecho a voz en los directorios y se establezcan comisiones de hinchas de carácter obligatorio”.
Fernando Monsalve también apuntó sus críticas hacia el empresariado en esta arista. “Nunca, incluso como modelo económico, entendieron los empresarios que invirtieron acá, la importancia de lo identitario. Para efectos de arraigo, para efectos de apoyo, para efecto económico, incluso como modelo de negocio, para venta de marketing, aforos. La pertenencia implica también, probablemente un factor más bien subjetivo, de resultados deportivos”, expuso lamentando la pérdida de identidad en los clubes, sobre todo, fuera de los tres grandes.
Aunque el consenso es general sobre las mejoras que puedan derivar de la reforma que se tramita en el Senado, Alejandro Torres pone la lupa sobre los puntos débiles del proyecto actual en materia financiera.
“Perfecto, separemos la ANFP de la Federación. La Federación, lo que entiendo yo, es que se quedaría con todo lo que genere la selección. Y los clubes pasan a formar una liga, como en España. Ya, vamos a ver los estados financieros de la ANFP. Y cuando te separes, te vas a tener que llevar lo bueno y lo malo. Yo me llevo el contrato de televisión, ¿Y las pérdidas? ¿Las deudas quién se las lleva?”, planteó el abogado.
Con los resultados negativos que ha tenido la selección, Torres ve problemas para subsanar el tema financiero en el corto plazo. Pero, aseguró, que en caso de volver a tener un rendimiento competitivo, esto se daría vuelta. “De ese ciclo positivo, lo bueno es que todo lo que genere la selección va a ser para la federación y ya no va a subsidiar a los clubes”, concluyó.


