Israel: fracturas internas por Gaza contrarrestan su ofensiva regional con bombardeos en Yemen

Acorralado por protestas internas y una frágil coalición, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sopesa una riesgosa invasión al enclave palestino. En paralelo, expande el conflicto para afianzar su poder regional.

Acorralado por protestas internas y una frágil coalición, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sopesa una riesgosa invasión al enclave palestino. En paralelo, expande el conflicto para afianzar su poder regional.

El gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, atraviesa horas y días decisivos. La presión internacional y las crecientes protestas dentro de Israel cuestionan el rumbo de su gobierno y amenazan con desestabilizar su liderazgo. Sin embargo, el ejército continúa bombardeando Gaza y este domingo se sumaron bombardeos en Yemen.

La aprobación del consejo de seguridad del gabinete de Netanyahu a la incursión militar total sobre la ciudad de Gaza, con el objetivo de ocuparla y “destruir” a Hamás, ha desatado una ola de críticas. La propia ciudadanía israelí ha multiplicado las manifestaciones que denuncian el manejo gubernamental y militar. El jefe del ejército, teniente general Eyal Zamir, advierte que una invasión podría sellar el destino fatal de los cerca de 20 rehenes aún en manos de Hamás. Pero ceder ante una tregua para liberar cautivos significaría cruzar una línea roja que sus socios de ultraderecha, Smotrich y Ben-Gvir, no están dispuestos a tolerar. Netanyahu, atrapado entre la presión interna y externa, busca sobrevivir en un tablero que amenaza con desplomarse.

Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, ministros del gobierno de Netanyahu. Vía X@MiddleEastEye

Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, ministros del gobierno israelí. Vía X @MiddleEastEye.

Sobre el terreno, la tragedia humanitaria no se detiene. Tropas terrestres ya se despliegan en zonas estratégicas. Israel alega que la ciudad sigue siendo un bastión de Hamás, con una extensa red de túneles, aunque también es hogar de más de 1 millón de civiles palestinos desplazados, que aún resisten con lo poco que queda en pie de su infraestructura.

Una propuesta de alto el fuego aún está sobre la mesa y que ha sido aceptado por Hamás. Ésta consiste en intercambiar prisioneros, liberar rehenes y retirar tropas israelíes a cambio de conversaciones por una tregua más duradera. Pero el gobierno israelí se muestra reacio tras haber roto acuerdos similares a inicios de año.

Así, al mismo tiempo que la política se traba en negociaciones, las bombas siguen cayendo. El ataque más reciente estremeció al mundo. La mañana de este lunes¿ dos misiles israelíes impactaron contra el Hospital Nasser de Khan Younis, el mayor centro médico del sur de Gaza. El primer ataque ya había dejado víctimas, minutos después un segundo misil cayó cuando periodistas y rescatistas socorrían a los heridos. Al menos 20 personas murieron, entre ellas cinco profesionales de las comunicaciones. Las cámaras de la cadena jordana Al Ghad registraron en vivo el momento del ataque, dejando impactantes, pero elocuentes imágenes del accionar israelí.

Entre las víctimas figuran Mariam Dagga, fotógrafa independiente de 33 años que colaboraba con Associated Press; Hussam al-Masri, camarógrafo de Reuters; Mohamed Salameh, de Al Jazeera; y Moaz Abu Taha, reportero de NBC. También resultó herido el fotógrafo Hatem Khaled de Reuters. Se trata de un golpe durísimo para la prensa internacional: con ellos, ya son más de 240 periodistas muertos desde octubre de 2023, una cifra que refleja la dimensión de la tragedia en Gaza.

Periodistas y comunicadores palestinos asesinados por un bombardeo israelí en el hospital Nasser

Periodistas y profesionales de las comunicaciones asesinados en el último ataque israelí. Vía X @Palestine_UN 25/08/2025

Israel confirmó los ataques y prometió una investigación, asegurando que nunca dirige ataques deliberados contra periodistas. No obstante, las imágenes evidencian otra realidad: un patrón de violencia que golpea, una y otra vez a los y las comunicadores, justo antes de un nuevo avance militar.

La condena internacional no tardó. Incluso Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, uno de los pocos aliados que aún sostienen a Netanyahu, declaró “no sentirse contento” con este ataque. Y aseguro que habrá un final concluyente en las próximas dos o tres semanas.

Mientras, la violencia sigue expandiéndose. En distintos puntos de Gaza, hospitales reportan muertos en rutas de ayuda, ataques contra campamentos de desplazados y disparos contra personas que buscaban alimentos. Naciones Unidas confirmó lo inevitable, en Gaza hoy se vive una hambruna. Medio millón de personas están en situación de hambre extrema y se proyecta que hacía septiembre más de 1,6 millones, es decir, dos tercios de la población, estarán en riesgo de morir de inanición. Se trata de la primera vez que la Clasificación Integrada de Fases de Seguridad Alimentaria registra una hambruna fuera del continente africano.

El secretario general adjunto de la ONU para asuntos humanitarios, Tom Fletcher, lo dijo con crudeza: “Estamos ante una hambruna predecible y evitable, causada por la crueldad, la venganza y la complicidad internacional”. Las cifras hablan por sí solas: ya van 271 muertos por inanición confirmados, de los que 112 de ellos niños y niñas. En total, los fallecidos en Gaza superan ya los 62 mil, con estimaciones que sugieren que estas cifras podrían ser hasta un 40% más altas.

La fotografía muestra a un niño gravemente desnutrido en Gaza, recostado sobre una mesa mientras recibe atención médica.

Niño desnutrido en Gaza recibe atención médica por desnutrición aguda. Foto: X @UNRWA.es.

Israel rechazó el diagnóstico, asegurando que ha permitido la entrada de ayuda y acusa a la ONU de mentir. Pero incluso su propia oficina de coordinación de ayuda, el COGAT, contradice las acusaciones de su gobierno. La ONU, UNICEF y Médicos Sin Fronteras advierten que se trata de una hambruna utilizada como arma de guerra.

Bombardeos en Yemén: una estrategia regional

Tras la breve guerra con Irán de este año, que debilitó fuertemente al régimen de los ayatolás, Tel Aviv ha buscado consolidar una nueva correlación de fuerzas. La lógica es clara, con Irán debilitado, hay que golpear también a sus brazos armados en la región, los llamados “proxys”: Hezbollah en el Líbano, los hutíes en Yemen y las milicias chiíes en Siria e Irak. Para Israel, neutralizar a estos grupos significa reducir la capacidad de Teherán de proyectar poder más allá de sus fronteras.

Los recientes bombardeos en Saná, capital yemení, son un ejemplo de ello. Más allá de responder a ataques con misiles, los objetivos elegidos —centrales eléctricas, depósitos de combustible, infraestructura petrolera— buscan erosionar la capacidad logística de los hutíes, debilitarlos económicamente y enviar un mensaje claro, cualquier ataque contra Israel tendrá un costo desproporcionado.

Imágenes de los ataques israelíes en Yemén

Columna de fuego posterior al impacto de los bombardeos israelíes en las cercanías del palacio presidencial en Saná, Yemén. Vía @Clashreport 24/08/2025

En el Líbano, la situación es todavía más delicada. Desde el alto el fuego firmado en noviembre de 2024, Israel exige el desarme de Hezbollah, mientras controla cinco colinas estratégicas en territorio libanés. Netanyahu ya deslizó que podría retirar sus tropas si el gobierno de Beirut cumple con la promesa de desarmar al grupo chií. Esto coloca al Líbano en una encrucijada: necesita apoyo internacional para reconstruirse tras la guerra, pero esa ayuda dependerá en gran medida de que logre reducir el poder militar de Hezbollah. Aquí, Israel juega a la presión, sabiendo que Estados Unidos también empuja en la misma dirección.

En Siria, el panorama muestra un giro inesperado. El gobierno de transición encabezado por Ahmed al-Sharaa inició conversaciones de seguridad con Israel, con el objetivo de estabilizar la frontera y reconocer la línea establecida tras la guerra árabe-israelí de 1973. Aunque todavía es temprano para hablar de un acuerdo, este movimiento refleja algo más profundo: Damasco, históricamente enemiga de Israel, está buscando un nuevo equilibrio regional, marcado por la debilidad iraní y la necesidad de reconstrucción tras más de una década de guerra civil.

Así, lo que parece una sucesión de bombardeos aislados en Gaza, Yemen, Líbano y Siria, en realidad forma parte de una doctrina de seguridad más amplia. Una política de Estado, no solo de Netanyahu, que persigue tres objetivos centrales:

  1. Desarticular los brazos armados de Irán para limitar su influencia.
  2. Consolidar acuerdos de seguridad y reconocimiento con países vecinos como Siria y, eventualmente, con el propio Líbano.
  3. Proyectar una imagen de fuerza disuasiva para asegurar que cualquier ataque contra su territorio sea respondido de manera fulminante.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump

Donald Trump y Benjamín Netanyahu compartiendo en la Sala Azul de la Casa Blanca poco antes de iniciar la cena entre ambas delegaciones. Vía X @WhiteHouse 07/07/2025

Es una estrategia que trasciende gobiernos, y que cuenta con el respaldo constante de Estados Unidos que busca consolidar los “Acuerdos de Abraham”. Washington no solo financia y equipa a las Fuerzas de Defensa de Israel, sino que también avala diplomáticamente esta política de “cercar” a Irán mediante la presión militar a sus aliados en la región.

En este contexto, Gaza termina siendo tanto el centro de la tragedia humanitaria como un frente más dentro de una visión regional. La ofensiva contra la Franja no se explica únicamente como un intento de eliminar a Hamás, sino también como parte de un mensaje de alcance más amplio: Israel no tolerará amenazas a su seguridad y está dispuesto a usar toda su fuerza, simultáneamente, en varios frentes.





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