"Perdidos en el espacio": 30 años de tanta música nueva

El emblemático programa de Radio Universidad de Chile celebrará sus tres décadas con dos conciertos agendados en Sala Master: el lunes 1 de septiembre con las presentaciones de Micro2is y Super 45; y el sábado 6 con Catatonios & Akrananios.

El emblemático programa de Radio Universidad de Chile celebrará sus tres décadas con dos conciertos agendados en Sala Master: el lunes 1 de septiembre con las presentaciones de Micro2is y Super 45; y el sábado 6 con Catatonios & Akrananios.

La década del 90 trajo años peculiares para Chile. El fin de la dictadura y el retorno de la democracia fueron caldo de cultivo para que germinaran una serie de proyectos tan frescos como inéditos, comandados por una generación bisagra de jóvenes marcados por la transición y el entusiasmo por construir una contracultura.

“A mí me tocó vivir la dictadura en Beauchef y fue dura: hubo estudiantes muertos, desaparecidos , incluso quemados vivos. Y al pasar a la democracia, nos preguntábamos: ‘¿dónde está el oponente? ¿ahora dónde ponemos la energía?'”, condensó Jaime Baeza, ingeniero civil titulado de la Universidad de Chile, sobre los ánimos que rodeaban esos primeros años post plebiscito.

Sensación de vacío que, sin embargo, trajo consigo una serie de posibilidades que impulsaron la experimentación con nuevos lenguajes. Así, las radios universitarias se transformaron en espacios de libertad creativa que muy pronto dieron pie a la creación de espacios y medios creados por y para la juventud.

En medio de ese hervidero aparece “Perdidos en el espacio“. Un experimento radial que no buscaba competir con audiencias masivas, sino abrir una ventana distinta para perderse —literalmente— en los sonidos más extraños, inquietantes o desconocidos.

A tres décadas de la emisión de su prueba piloto, el emblemático espacio emitido por Radio Universidad de Chile —y conducido por Baeza de forma casi ininterrumpida— celebrará sus 30 años con dos eventos agendados en la Sala Master: el lunes 1 de septiembre con las presentaciones de Micro2is + Diego Morales y Super 45 (de 19:15 a 21:00 horas); y el sábado 6 con el regreso de otro de los programas emblemáticos de Antares: los Catatonios & Akrananios y el delirio de Chongo Mongo (de 19:45 a 21:00 horas).

Perdidos en el espacio, primera gráfica.

Perdidos en el espacio, primera gráfica.

Rebeldía en el campus

Baeza ya era un ingeniero egresado para los inicios de “Perdidos en el espacio”, aunque su vinculación con el formato arrancó varios años antes del debut del programa con el levantamiento de la Radio Integral. “Era nuestra radio pirata en Ingeniería, y fue clave. Nos tomamos una sala, pusimos una antena, llevamos equipos y empezamos a transmitir. Además, hacíamos extensión cultural: festivales, conciertos de jazz, música antigua… cosas que la facultad no cubría, y por eso nos apoyaban con recursos. Era un tiempo de mucha agitación estudiantil y cultural“, recordó Baeza.

“Yo estaba saliendo de la carrera, pero también tenía más tiempo y experiencia, así que terminé siendo un poco el líder. Por eso me invitaron a ‘Perdidos’. Le daba peso al proyecto que hubiera alguien ya egresado”, sumó el productor.

“El bichito de la radio siempre lo tuve. Alguna vez postulé a la Radio Universidad de Chile siendo muy joven, pero nunca me respondieron. Entonces me dije: si no tengo programa, me hago mi propia radio“, confidenció el locutor.

Lo anterior, considerando que se trataba de una iniciativa que nació bajo condiciones diferentes a las primeras incursiones radiofónicas de Baeza. “Mario González —otro de los fundadores del programa, junto a Ottavio Berbakow— estaba saliendo con la hija del director de la radio en ese tiempo, entonces había una vinculación, un pituto. Pero no fue solo eso”, recapituló.

El director de la Radio U. de Chile se reunió con José Cortés, director de la Integral. Fue ahí donde surgió la idea de invitar a los estudiantes. No tenían un segmento juvenil y, de alguna manera, surgió la inquietud de llevar a los estudiantes. Pensaron en nosotros porque era una experiencia de años, consolidada y con muchos programas distintos”, afirmó.

Mario González, Ottavio Berdakow y Jaime Baeza en el año 1995, en los estudios de Radio Universidad de Chile.

Mario González, Ottavio Berdakow y Jaime Baeza en el año 1995, primer año de Perdidos en el espacio.

Un camino que no fue del todo sencillo: “Recuerdo que algunos lo veían como un riesgo. Era gente muy conservadora. Pero José, que por su familia tenía algunas vinculaciones con la Democracia Cristiana—el rector era Jaime Lavados—, logró colarse no a una reunión como las que incluyen al Senado Universitario, no. Era como un think tank, el poder oscuro, donde están todos los señores que gobiernan este país desde las sombras. Ahí se coló José”.

“Se inmiscuyó en esta cuestión y en un minuto le preguntaron qué hacía ahí, y respondió, cuando la reunión estaba casi cerrando, que venía a proponerle algo al rector. Lo dijo de tal manera que Lavados no pudo oponerse a la proposición. Bastaba una firma en el papel para que este segmento se incluyera en la radio, y se la sacó”, resumió Baeza.

Así fue como “Perdidos” y otros programas lograron entrar a la parrilla programática como “un segmento juvenil. Era tan variopinto que había varios programas. Políticos, de poesía, de conversación… incluso algunos muy dicharacheros y experimentales. Estaba ‘Mercado negro‘, que como ‘Perdidos en el espacio’ tiene su frase radial de ‘tanta música nueva’, ellos tenían la frase ‘al libre mercado, mercado negro‘. Ellos sí que eran puntudos en términos políticos. Hacían contacto con los presos políticos desde la cárcel de alta seguridad”, compartió el ingeniero.

Música rara en Sala Master

La música siempre tuvo un espacio predilecto en la vida de Jaime Baeza. Un gusto que, durante los ochenta, transitó de los Beatles y los Clash a sonidos mucho más desafiantes. Búsqueda de melodías extrañas donde espacios radiales como “Eurovanguardia“, “Interface” y “Melodías subterráneas” fueron cruciales.

“Siempre me decían que escuchaba música rara, pero ahora podría decir que es una suerte de terapia de salud. Hay investigaciones que dicen que mientras más rara la música que escuches, más neuronas están actuando en el cerebro, y así retrasas tu Alzheimer un tiempito más“, declaró sobre esta búsqueda por la diferencia que se sostiene hasta hoy.

Eso, más una búsqueda autodidacta que se sostenía en el intercambio colectivo: “Si nos remontamos antes de internet, esos programas que mencioné eran de gente con acceso porque tenían amigos que venían de fuera, etc. Yo tenía familiares que me mandaban música. Me tocó en algún minuto post dictadura viajar y encontrarme con mucha música y contactos. Eso me vinculó con mucha gente melómana”, dijo, mencionando a gente como los integrantes de Panico y la periodista Marisol García.

De esa música que yo traía de Europa y que me mandaban después, muchos eran casetes de bandas en vivo que no existían en tiendas. Se llamaban bootlegs: alguien iba al recital, grababa, y después eso se transformaba en casete. Los empecé a copiar y a vender para financiarme el alcoholismo —apuntó entre risas—. Grababa casetes en mi casa e iba gente como Marisol, que llegaba en jumper, de escolar todavía, porque le fascinaban los Smiths. La conozco de esa época, igual que a muchos otros que tienen que ver con esta línea melómana, que siguieron escuchando, escribiendo libros, teniendo programas de radio o formando grupos musicales”.

Así, el paso natural fue la incorporación de sonidos en vivo que, en un principio, montaban dentro de los mismos estudios de locución, ubicados en el segundo piso de Miguel Claro 509. “Para la primera tocata sacamos mesas y armamos un mini escenario. Grabamos en vivo, como saliera. Hicimos cinco bandas y con eso un compilatorio en CD”, explicó Baeza sobre esa primera experiencia, que incluyó a los grupos LEM y Congelador.

“La Sala Master estaba para el gato, así que conseguimos la Sala Isidora Zegers de la Facultad de Artes. Después seguimos con más bandas y ahí sí usamos la Sala Master. Me conseguí amplificación con un tipo que vivía en Gran Avenida, que nos arrendaba mesa de sonido y parlantes. Fue un sábado o un domingo en la tarde. Tocatas muy precarias, pero muy bonitas. Y servían para autofinanciarnos. Difícilmente juntábamos la plata, pero lo importante era armar escena. Tocaron muchos: Taller Dejao, Congelador, Javiera Mena, Shogun, un montón de bandas chilenas en sus comienzos”, contextualizó el ingeniero sobre estas instancias, que eventualmente también incluyeron a proyectos extranjeros como Holden y Special Material.

Una nave que, 30 años después, sigue orbitando por diversas galaxias sonoras, comandando viajes musicales por Chile y el mundo.

Afiche de una de las tocadas de Perdidos en el espacio.

Afiche de una de las tocatas de Perdidos en el espacio.





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