Siete muertos y 20 desaparecidos: el saldo de la crisis en Indonesia por polémico aumento de sueldos parlamentarios

La medida, que elevaba los ingresos de los legisladores a unos $14 mil dólares mensuales en un país donde millones de trabajadores apenas reciben un 3% de esa cifra, encendió la mecha de un descontento social acumulado.

La medida, que elevaba los ingresos de los legisladores a unos $14 mil dólares mensuales en un país donde millones de trabajadores apenas reciben un 3% de esa cifra, encendió la mecha de un descontento social acumulado.

Indonesia, la nación más grande y poblada del Sudeste Asiático, vive por estos días una de las crisis sociales más profundas de los últimos años. Un país de más de 17 mil islas y con más de 270 millones de habitantes se encuentra sacudido por una ola de manifestaciones que rápidamente derivaron en violencia, dejando muertos, desaparecidos y un clima de tensión que parece no tener una salida cercana.

Las primeras protestas comenzaron a inicios de este año, motivadas por distintas causas, el creciente costo de la vida, la polémica revisión de la Ley de las Fuerzas Armadas que abre la puerta a militares en cargos del gobierno, y los recortes al presupuesto nacional en áreas clave como educación y salud. Pero fue a fines de agosto cuando la situación estalló con una fuerza inesperada.

Manifestante en la capital de Indonesia

Protestantes en Yakarta. Vía X@Pentaeth_ 30/08/2025

El lunes 25 de agosto se reveló que los parlamentarios habían aprobado un aumento del 33% en sus ingresos, lo que elevaba sus salarios a cerca de 14 mil dólares mensuales. En un país donde millones de trabajadores apenas reciben un 3% de esa cifra, esto representa que los parlamentarios reciben casi 10 veces el salario mínimo de Yakarta y hasta 20 veces el de las zonas más pobres del país.

La indignación fue inmediata. Lo que empezó como una ola de críticas en redes sociales rápidamente se transformó en marchas masivas.

El punto de quiebre ocurrió el jueves 28 de agosto, cuando un vehículo policial atropelló y mató a Affan Kurniawan, un joven conductor de una aplicación de delivery de 21 años quien se encontraba terminando un pedido y que se habría quedado atrapado en medio de las manifestaciones, cuando el vehículo policial lo embistió. Su muerte encendió la mecha. Al día siguiente, Yakarta y varias ciudades como Makassar, Bandung, Yogyakarta y Medan se vieron convulsionadas por enfrentamientos entre la población y la policía. Hubo ataques a comisarías, a oficinas de partidos políticos y hasta incendios de edificios públicos. En Makassar, tres personas murieron atrapadas en un incendio tras el lanzamiento de cócteles molotov contra un recinto gubernamental.

Parlamentos regionales de Indonesia consumiendose por el fuego

Parlamentos regionales de Indonesia consumiéndose por el fuego 30/08/2025

Durante el fin de semana, la violencia escaló aún más. Varias residencias de legisladores fueron asaltadas y saqueadas, entre ellas, la del diputado Ahmad Sahroni, quien había tildado a los críticos del Parlamento como “las personas más estupidas del mundo”. Su casa en Yakarta fue atacada por una turba que se llevó todo, hasta la caja fuerte, mientras transmitían en vivo el saqueo por TikTok. Incluso la ministra de Finanzas, Sri Mulyani, vio su vivienda saqueada.

La represión también se intensificó. La policía utilizó gases lacrimógenos en varias provincias, incluidos destinos turísticos como Bali, mientras que el jefe de la Policía Nacional advertía sobre un aumento de los “actos anárquicos”. Solo en la capital, más de mil 200 personas fueron detenidas en cuestión de días.

El saldo hasta ahora es dramático, al menos siete muertos y 20 desaparecidos, según organizaciones de derechos humanos como KontraS, Amnistía Internacional y Human Rights Watch. La violencia ha dejado cicatrices profundas y expone la brecha creciente entre la élite política y la ciudadanía común.

A todo esto se sumó un factor clave, las redes sociales. Con más de 127 millones de usuarios, Indonesia es el segundo país con más presencia en TikTok. Fue precisamente esta plataforma la que decidió suspender las transmisiones en vivo como medida preventiva, citando la dificultad de filtrar la desinformación y los contenidos violentos. El gobierno habría presionado a empresas como Meta y TikTok para aumentar la moderación de contenidos, pero la decisión de suspender las transmisiones fue, según las autoridades, una medida voluntaria de la propia compañía.

Ante la gravedad de la situación, el presidente Prabowo Subianto reaccionó con un discurso ambivalente, apuntando a apaciguar las manifestaciones, pero también a mostrar fuerza. Por un lado, anunció la revocación de los polémicos privilegios parlamentarios y la detención de los policías implicados en la muerte de Kurniawan. Por otro, ordenó al ejército y a la policía desplegarse en Yakarta y en otras ciudades, instruyendo a las fuerzas a “tomar medidas firmes” frente a los disturbios. El propio presidente visitó a policías heridos y pidió que las protestas finalizaran al caer el sol.

Prabowo Subianto, presidente de Indonesia

Prabowo Subianto, presidente de Indonesia.

La tensión ha obligado incluso a suspender compromisos internacionales. Prabowo canceló un viaje oficial a China, donde debía asistir al desfile por el 80 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, y su gobierno reconoció que quiere seguir monitoreando directamente la situación interna.

Hoy, las movilizaciones continúan y se convocan nuevas marchas frente al Parlamento. Varias organizaciones han optado por suspender actividades para evitar una escalada de violencia, pero muchas otras siguen en pie.

El futuro inmediato es incierto. La situación en Indonesia es volátil y podría evolucionar de varias maneras, dependiendo de la respuesta del gobierno, el comportamiento de los manifestantes y la evolución de las tensiones sociales. Es una situación bien parecida a la del estallido social en Chile del 2019, en cuanto a lo espontáneo y sin una figura política que dirija o centralice las manifestaciones.

Existen varios escenarios posibles. El primero, una desescalada a través de la represión, el gobierno apuesta a sofocar las protestas con fuerza policial y militar, mientras ofrece concesiones mínimas. El segundo escenario es el de una agitación política mayor, las protestas podrían erosionar la legitimidad de Prabowo y derivar en una crisis de gobierno. Y un tercer escenario apunta a la cooptación, incorporar a líderes estudiantiles o sociales en mesas de diálogo para desactivar la presión, aunque sin cambios estructurales reales.

Sea cual sea el desenlace, las protestas ya marcan un antes y un después. Han puesto en evidencia la fragilidad social de Indonesia, el descontento acumulado frente a una élite política desconectada, y la fuerza de una juventud que vive con desempleo, precariedad y frustración económica. El desenlace no está escrito, pero el país más grande del Sudeste Asiático enfrenta hoy uno de sus desafíos internos más complejos desde el retorno de la democracia.





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