Según la Real Academia de la Lengua Española, la etimología de la palabra «refugio» se ubica en el latín «refugium«, que quiere decir «retroceder huyendo«, «huir hacia atrás» o «buscar refugio».
Ese significado fue, precisamente, una de las cosas que resonaron con el cantautor chileno Nano Stern. «Esta idea del refugio la tenía anotado en mi teléfono hace ya más de un año, como una pista de hacia dónde podía ir la cosa creativa», comentó el músico sobre los primeros esbozos de lo que pronto se transformaría en su próximo trabajo de estudio.
«Muchas veces, los procesos creativos tienen estas cosas interesantes, de que se adelantan a los procesos de la vida. Empiezan a aparecer cosas que parecen un poco premonitorias. Incluso empecé a trabajar como hacen algunos pintores, que pintan en serie sobre un mismo tema. Comencé a explorar esta idea del refugio, una palabra muy hermosa», recordó Stern.
«Me puse a indagar y me pasó algo bien fuerte, que en más de veinte años de hacer canciones nunca me había ocurrido, y es que paré. Porque me pregunté: ¿para dónde va esto? Y lo que intuía tenía implicancias muy fuertes en mi vida personal. No fue hasta que se sucedieron muchos cambios profundos en mi cotidiano que finalmente salió la canción ‘Refugio‘. Y junto a ella, de manera muy precipitada, muchas otras, casi como una avalancha. Se quebró algo y salieron todas durante el verano de este año», sumó el músico.

Nano Stern
Ese primer tema es el que le da el nombre a su más reciente disco, lanzado a fines de agosto en todas las plataformas digitales. Una placa que, tal como adelantaba Stern, llegó para marcar un antes y un después en su discografía.
De hecho, él mismo lo describe como «un disco muy íntimo, personal en lo emocional. A diferencia de otros álbumes míos, se aleja completamente de la reflexión de carácter social y es una cuestión personal, profunda, muy desnuda en ese sentido. Deja al descubierto dimensiones más del ser interior, y eso también te lleva a un trabajo creativo de otras características, que es distinto, que tiene un arrojo emocional diferente. Y, por lo mismo, lo hace muy potente a la hora de interpretarlo en vivo, porque estamos hablando de cosas profundas, heavy y recientes en las vidas de los involucrados. Es bien removedor».
Algo que incluso ha visto reflejado en los comentarios que sus mismos fanáticos le han realizado sobre esta propuesta. «Es fuerte, porque cuando uno escribe desde un lugar tan íntimo piensa ‘¿a quién le va a importar esto?’. Pero cuando se alcanza cierto grado de honestidad, lo íntimo se vuelve universal. Todos pasamos por cosas similares y las canciones nos conmueven porque nos hacen conectar con cosas de cada uno. Creo que ahí está el secreto de por qué este tipo de canciones emocionan tanto y nos conmueven. Y cuando estamos en una u otra situación, estamos más abiertos y susceptibles a ser emocionados», compartió.
Un salto al jazz
Pero más allá de lo estrictamente lírico, lo cierto es que «Refugio» también marcó una nueva incursión a nivel musical para Stern: «Con Rodrigo Recabarren (percusionista chileno radicado en Nueva York) veníamos hablando hace tiempo. Los otros dos músicos que participaron en el disco tocan con él en un trío, y tienen un lenguaje propio, una manera de enfrentar la música que me implicó un desafío nuevo«.
«Es una cosa que yo nunca había hecho antes, y que implicó abordar las canciones desde el jazz, no necesariamente en términos estéticos, sino en la manera de enfrentarse a la música. Normalmente, para un disco se ensaya mucho, se define todo, se entra al estudio, se pone un clic y se va construyendo una cuestión muy aséptica. Se busca aquel ideal al que uno quiere llegar y se va construyendo. Aquí fue completamente distinto. Nos reunimos en Nueva York, tuvimos solo dos ensayos de un par de horas, de cero a cien, sin que ellos hubieran escuchado antes la música. Yo llegué con las partituras y una idea», relató el chileno.
Así fue como lograron grabar el disco completo al tercer día, «como se hacía antes. Eso es muy hermoso porque dota a la música de una libertad y frescura que no se logra cuando uno está trabajando en un estudio de la manera en que se suele hacer. Y se nota porque tiene mucho de libertad interpretativa. Es un disco que no tiene el clic, un reloj digital que marque el tiempo, que es la esencia de la música, el medio donde sucede. Sin ese marco digital, la música puede flotar».
«Lo mismo con todos los otros aspectos de la sonoridad que se dejan y se liberan a merced del momento», añadió el artista. Otro elemento que destaca de esta placa es la colaboración que Stern establece con Claudia Acuña -figura fundamental del jazz nacional- y Eduardo Carrasco, líder de la histórica agrupación Quilapayún. Dos cruces que, además, nutrieron la propuesta desde diferentes veredas.
«Con Claudia veníamos desde hace mucho tiempo con las ganas de colaborar y de hacer algo juntos. Ella había cantado varias de mis canciones con su banda, había hecho versiones en las que no tuve nada que ver. Simplemente me empezaron a llegar. Ahí nos pusimos en contacto y empezamos a pimponear durante el verano, en paralelo a que yo componía. Le dije que me gustaría invitarla a algunas cosas y surgió la idea de escribir una canción juntos, a la distancia. Fue una cuestión increíble», afirmó.
En el caso de Carrasco, el cruce nació desde una amistad ya cimentada. «Estábamos conversando de la vida, cada uno pasando sus pellejerías, no vamos a entrar en detalles… -dijo entre risas-. Y me dijo “hagamos una canción”. Me mandó un texto largo. En este caso, él escribió la letra. Y lo mismo. Me encerré y justo estaba experimentando con una música con la que no sabía bien para dónde ir. Sabía lo que quería decir, pero no encontraba las palabras. Y de repente me llega este texto largo de Eduardo y fue mágico. Ahí estaba, eso era. Fue una cuestión de minutos. Se la mandé esa misma tarde y quedó sorprendido de lo rápido. Pero es que tenía que ser así», valoró el músico.

