Nuevos movimientos militares de EEUU amenazan con una posible intervención en territorio venezolano

El despliegue de la flota estadounidense frente a las costas de Venezuela ha provocado un aumento vertiginoso en las tensiones entre ambos países. Nuevos antecedentes comienzan a figurar un escenario cada vez más volátil y peligroso.

El despliegue de la flota estadounidense frente a las costas de Venezuela ha provocado un aumento vertiginoso en las tensiones entre ambos países. Nuevos antecedentes comienzan a figurar un escenario cada vez más volátil y peligroso.

Siguen creciendo las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos, tras el ataque a una supuesta lancha cargada con drogas en las cercanías de las costas venezolanas. El movimiento de nuevos elementos militares y declaraciones cruzadas perfilan estas tensiones como uno de los episodios más delicados en la relación bilateral y en la seguridad regional en América Latina.

Washington ha desplegado en el Caribe una de las mayores flotas navales de las últimas décadas, con un operativo que incluye entre seis y ocho buques de guerra, un submarino nuclear, aviones de patrulla marítima P-8A Poseidón, transportes militares C-17 y alrededor de nueve mil efectivos, de los cuales más de cuatro mil son marines y marineros.

Se trata de una presencia militar de gran escala frente a las costas venezolanas, que comenzó a observarse desde el pasado 20 de agosto y que, poco a poco, ha ido reforzándose con nuevas embarcaciones y aviones de reconocimiento. En las últimas horas, incluso, se reportó el despliegue en las Islas Vírgenes de tres aviones cisterna KC-46A Pegasus. Este detalle no es menor, esos mismos aviones fueron usados meses atrás para reabastecer en vuelo a los bombarderos B-2 “Spirit” durante la llamada misión “Martillo de medianoche” contra instalaciones nucleares iraníes.

El mensaje de Washington es claro, Estados Unidos no descarta operaciones de gran alcance y está dejando abierta la posibilidad de usar bombarderos estratégicos contra objetivos en Venezuela.

Bombardeo B-2 Spirit, utilizado en el ataque sobre las instalaciones nucleares de Irán

Bombardeó B-2 Spirit, utilizado en el ataque sobre las instalaciones nucleares de Irán.

La fuerza naval desplegada, además, tiene capacidad para disparar hasta 140 misiles de crucero Tomahawk, que tienen una capacidad operativa de cientos de kilómetros, lo que refuerza la percepción de que el operativo tiene un marcado tono de advertencia, más allá del argumento oficial.

Según la Casa Blanca, esta acción responde a la lucha contra las drogas, el narcotráfico y el crimen organizado. El presidente Donald Trump acusó directamente a su homologó Nicolás Maduro de ser cabecilla del llamado “Cartel de los soles”, aunque hasta ahora no se han mostrado pruebas concretas sobre la existencia de esa organización.

La tensión escaló esta semana, cuando Trump aseguró que la Marina estadounidense mató a 11 supuestos narcoterroristas en acción a bordo de una lancha proveniente de Venezuela, que transportaba narcóticos. En sus redes sociales, difundió un video del bote antes de explotar en llamas. Washington calificó el hecho como un golpe directo al narcotráfico, aunque el mismo ha provocado una serie de dudas.

¿Era realmente un grupo del Tren de Aragua? ¿Qué transportaban? ¿Fue un ataque ajustado al derecho internacional o se trató de una ejecución extrajudicial? Los cuestionamientos crecieron cuando algunos sugirieron que el video podría haber sido generado por inteligencia artificial, como afirmo el ministro de comunicaciones de Venezuela, Freddy Ñáñez. Lo que fue desmentido posteriormente por análisis independientes que confirmaron la veracidad de las imágenes.

Imágen de la embarcación bombardeada por Estados Unidos

Lancha atacada por la armada estadounidense cerca a las costas de Venezuela. Vía Truth Social Donald Trump 03/09/2025.

En todo caso, lo ocurrido encendió las alarmas. El Pentágono advirtió que habrá más operaciones de este tipo y que se trata de información clasificada. La narrativa oficial en Washington es clara, se trata de una lucha seria y sostenida, que no se detendrá con un solo ataque.

Por su parte, Nicolás Maduro respondió denunciando que Venezuela enfrenta “la mayor amenaza de los últimos cien años en el continente”. Reiteró que en su país no existen plantaciones de coca ni laboratorios procesadores y se apoyó en el más reciente Informe Mundial sobre Drogas de Naciones Unidas, que no sitúa a Venezuela como un productor relevante. En cambio, acusó a Colombia y a Ecuador de ser epicentros del narcotráfico. Incluso fue más allá, responsabilizando a la empresa familiar del presidente ecuatoriano Daniel Noboa de estar vinculada al comercio de drogas.

Washington, sin embargo, desestima la postura venezolana y refuerza su narrativa. El secretario de Estado, Marco Rubio, de visita en Quito, fue tajante, “no me importa lo que diga la ONU, Maduro es un narcotraficante”. En Ecuador, además, anunció que las principales bandas criminales del país, Los Lobos y Los Choneros, ahora son catalogadas como organizaciones terroristas, abriendo la puerta a que las Fuerzas Armadas puedan combatirlas directamente. El Gobierno de Noboa celebró el gesto como un espaldarazo político y a cambio se comprometió a recibir migrantes expulsados desde Estados Unidos bajo la figura de “tercer país seguro”.

Antes de su paso por Ecuador, Rubio estuvo en México, donde se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum. La mandataria aseguró que la reunión fue cordial y descartó de plano que en su país se contemple algún tipo de ataque como el ocurrido en el Caribe. No obstante, se consolidó un acuerdo bilateral en materia de seguridad y migración.

De regreso al Caribe, la tensión se amplió el jueves con un nuevo incidente, dos aviones de combate F-16 venezolanos habrían sobrevolado cerca del destructor estadounidense USS Jason Dunham, lo que Washington calificó como una maniobra provocadora y peligrosa. El Pentágono advirtió al “cártel que dirige Venezuela” no intente obstruir las operaciones contra el narcotráfico.

Destructor estadounidense USS Jason Dunham

USS Jason Dunham de la marina estadounidense. Vía U.S. Marines.

Frente a todo este panorama, la gran pregunta es: ¿Qué busca Donald Trump con semejante despliegue militar? ¿Se trata de un mensaje de fuerza para provocar un cambio de régimen en Venezuela? ¿Es la llamada diplomacia del cañonero, que busca empujar a las Fuerzas Armadas venezolanas a dar la espalda a Maduro? ¿O es simplemente una jugada de política interna, dirigida a un electorado en Florida sensible al tema de Cuba y Venezuela, donde la retórica de mano dura suele rendir frutos electorales?

Trump sabe que una intervención militar unilateral en Venezuela sería un error costoso y poco popular dentro de Estados Unidos, sobre todo dentro de sus propios electores, a los que les prometió sacar a Estados Unidos de más guerras.

Asimismo, una operación militar de ese tipo carecer de apoyo internacional. De hecho, en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), 23 de los 33 países integrantes participaron esta semana en una reunión virtual de urgencia para pedir que la región se mantenga como “tierra de paz” y expresar rechazo a cualquier intervención. Pero la posición común todavía no está del todo asegurada.

En Venezuela, la oposición también está dividida, María Corina Machado agradeció públicamente a Trump por el despliegue militar y lo interpretó como un apoyo a la libertad y la justicia en el país, mientras que Henrique Capriles ha rechazado tajantemente cualquier idea de invasión, insistiendo en que la salida debe ser política, pacífica y democrática.

En conclusión, lo que estamos viendo es un momento de alta tensión en la región, donde la lucha declarada contra el narcotráfico se mezcla con acusaciones cruzadas, movimientos diplomáticos y cálculos políticos internos. La historia del Caribe nos recuerda que los despliegues de cañoneras no suelen traer estabilidad, sino más bien incertidumbre. Por eso, la gran incógnita que queda abierta es si América Latina logrará cerrar filas para evitar una escalada, o si la fragmentación política y diplomática abrirá paso a un nuevo ciclo de intervenciones.





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