En las últimas semanas, se ha vuelto a poner en la agenda pública un problema de larga data: las listas de espera odontológicas en el sistema público chileno. Las 541 mil consultas odontológicas en espera actualmente confirman un problema que no es nuevo y que sigue creciendo. Ya en 2018 se advertía que más de 400 mil personas esperaban atención dental no GES. Siete años después, la cifra aumenta. Frente a esto, solemos insistir en la misma receta: “formar más especialistas” o sumar especialistas en la atención primaria para descomprimir el nivel secundario. Aun siendo medidas necesarias, no impiden que ingresen nuevos casos.
La salud pública requiere otro eje: prevenir para no seguir engrosando la lista. Necesitamos avanzar hacia un financiamiento sostenido de programas preventivos, concretado, y asegurando, este tipo de estrategias para todo el curso de vida con acciones simples y de alto impacto: educación universal para el autocuidado desde la infancia, cepillado supervisado diario en escuelas, acceso efectivo y continuo a flúor y controles preventivos periódicos. Con metas claras, indicadores públicos y presupuesto estable, podremos reducir la presión sobre el sistema.
Si solo ampliamos la capacidad de atención, perseguiremos una cola que no deja de crecer. La pregunta es simple: ¿seguiremos apagando incendios o evitaremos que se enciendan? Prevenir hoy es la manera más efectiva —y más justa— de acortar la lista mañana.






