Este lunes quedará registrado como un día histórico tanto para israelíes como palestinos. Después de más de dos años de conflicto, los últimos 20 rehenes israelíes y cerca de 2 mil prisioneros palestinos fueron liberados. Un intercambio sin precedentes que marca un punto de inflexión en un conflicto que ha dejado cicatrices profundas en Medio Oriente.
A primera hora de la mañana, hora local, comenzó la liberación de los rehenes retenidos por parte de Hamás. Equipos del Comité Internacional de la Cruz Roja coordinaron su traslado hasta un punto intermedio, donde fueron recibidos por unidades especiales de las Fuerzas de Defensa de Israel y el Servicio de Inteligencia Shin Bet. Desde allí, los rehenes fueron llevados a hospitales israelíes para recibir atención médica y reencontrarse con sus familias.

Israelíes celebrando la liberación de los rehenes. Vía X@thevoicetruth1.
Hamás, por su parte, anunció también la entrega de los cuerpos de cuatro rehenes fallecidos y reafirmó su compromiso con las fases del acuerdo de paz negociado por la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, con mediación de Egipto, Qatar y Turquía.
Del otro lado, en Gaza y Cisjordania, comenzaron a llegar los buses con los prisioneros palestinos liberados. Más de 17 mil habían sido detenidos sin cargos en los últimos dos años, y unos 250 con largas condenas fueron puestos en libertad o deportados hacia Egipto.
Las imágenes que recorrieron el mundo fueron el reflejo de dos realidades paralelas que, hasta hace poco, parecían impensables. Abrazos, lágrimas y banderas ondeando, tanto en Tel Aviv como en Gaza y en la Cisjordania ocupada. Un momento de alivio compartido, aunque con heridas aún abiertas.

Palestinos liberados llegando a Gaza y Cisjordania. Vía X@Palestine_UN.
Mientras esto ocurría, Donald Trump aterrizaba en el aeropuerto de Ben Gurion, en Israel, recibido por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Horas antes, desde el Air Force One, el mandatario había declarado categóricamente: “La guerra ha terminado”.
Un mensaje breve pero simbólico, que buscaba sellar el fin de una etapa y abrir otra marcada por su ambicioso plan de paz regional.
En Jerusalén, el presidente estadounidense fue recibido en la Knesset, el parlamento israelí, entre vítores y aplausos.
Netanyahu, visiblemente emocionado, inauguró la sesión especial agradeciendo a Trump por lo que calificó como “una alianza sin precedentes”.

Donald Trump escuchando el discurso inaugural de Benjamin Netanyahu ante el Knesset. Vía X@CherylWroteIt.
Enumeró, uno a uno, los gestos que marcaron la relación bilateral durante su mandato, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, el traslado de la embajada estadounidense, el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y la retirada del acuerdo nuclear con Irán. “Donald Trump es el mejor amigo que el Estado de Israel ha tenido jamás en la Casa Blanca”, afirmó Netanyahu ante una ovación cerrada.
El primer ministro israelí celebró el acuerdo alcanzado, asegurando que “trae a todos nuestros rehenes a casa, pone fin a la guerra y abre la puerta a una expansión histórica de la paz en la región”.
Luego vino el turno del presidente estadounidense. Trump habló durante más de una hora ante un parlamento abarrotado. Comenzó su discurso con un tono elogioso hacia Netanyahu, “Quiero expresar mi gratitud a un hombre de excepcional valentía y patriotismo”, dijo, pidiendo al primer ministro ponerse de pie entre aplausos.
Pero el ambiente se tensó cuando dos legisladores —Ayman Odeh y Ofer Cassif— fueron expulsados tras levantar un cartel que decía “Reconocer a Palestina”.

Ayman Odeh, legislador israelí del Kneset, expulsado por exhibir el cartel que pide el reconocimiento de palestina. Vía X@AyOdeh.
El incidente interrumpió brevemente la sesión, pero Trump continuó con su discurso, manteniendo su característico estilo directo y cargado de simbolismo. “Vamos a construir un legado del que todos los pueblos de esta región puedan estar orgullosos”, afirmó.
“Veremos nuevos lazos de amistad, cooperación y comercio uniendo Tel Aviv con Dubái, Jerusalén con Damasco, Israel con Egipto, Arabia Saudita con Qatar, India con Pakistán… y más allá.” Trump apeló a una visión de reconciliación regional, casi utópica, enumerando pares de países históricamente enfrentados.
En uno de los momentos más comentados de la jornada, pidió públicamente al presidente israelí Isaac Herzog que “indultara” a Netanyahu en medio de sus juicios por corrupción. “Bibi será recordado por este momento de paz más que por cualquier otra cosa”, aseguró Trump, instándolo a aceptar la victoria y “no reiniciar la guerra”.
El mensaje fue contundente, la campaña militar debía terminar. “Israel ha ganado todo lo que podía ganar por la fuerza de las armas”, dijo Trump. “Ahora es el momento de disfrutar los frutos de la paz y la prosperidad”.

Primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Asimismo, agradeció a los países árabes que contribuyeron a la liberación de los rehenes, señalando que “recibimos mucha ayuda de gente de la que no se sospecharía”. Y expuso que el acuerdo no habría sido posible sin las acciones militares estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. “Creo que Irán está listo para alcanzar su propio acuerdo”, insinuó, abriendo un nuevo horizonte diplomático con Teherán.
Trump permaneció menos de siete horas en suelo israelí. Tras su discurso abordó el Air Force One rumbo a Sharm el-Sheij, en Egipto, donde lo esperaban una veintena de líderes mundiales para supervisar la implementación del alto el fuego.
Entre los asistentes se encontraban el presidente egipcio, Abdel Fattah el-Sisi; el primer ministro británico, Keir Starmer; la primera ministra italiana, Giorgia Meloni; el presidente francés, Emmanuel Macron; el emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; el primer ministro iraquí, Mohamed Shia al-Sudani; el secretario general de la ONU, António Guterres, y el jefe de gobierno pakistaní, Shehbaz Sharif.
Antes del inicio formal de la cumbre, Trump declaró que la segunda fase del plan de alto el fuego de veinte puntos “ya ha comenzado”. Sentado junto a Sisi, explicó que las fases del acuerdo están entrelazadas, y que el objetivo inmediato es garantizar que el alto el fuego se mantenga, que los cuerpos restantes de los rehenes sean devueltos y que la ayuda humanitaria fluya libremente hacia Gaza.
Sisi, por su parte, subrayó la necesidad de coordinar la reconstrucción del enclave y fortalecer la cooperación internacional para sostener la paz recién alcanzada.

Cumbre por la paz en Gaza, celebrada en Egipto. Vía X@TrumpTruthOnX.
Tras las alocuciones, los líderes firmaron el llamado “Acuerdo de Paz de Gaza” durante la cumbre en Sharm el-Sheikh. Trump, visiblemente satisfecho, concluyó con una frase que resonó en la sala: “Finalmente, después de tres mil o quinientos años, sea lo que sea, la guerra ha terminado. Esta fue la madre de todas las guerras”.
La escena en Egipto simbolizaba el inicio de una nueva etapa diplomática. Una tregua que, aunque aún frágil, podría redefinir el equilibrio político y estratégico en Medio Oriente tras años de destrucción.
La liberación de los rehenes y prisioneros, junto con el discurso en la Knesset y la cumbre en Egipto, marcan un momento de transición. Un punto de inflexión que podría ser recordado como el principio del fin de un de los conflictos más devastadoras de los últimos años.
Sin embargo, a pesar de la emoción entre los familiares de los rehenes o prisioneros de Israel y Palestina, o las grandilocuentes afirmaciones de Trump y Netanyahu, las raíces del conflicto siguen intactas.
El plan de paz en ningún punto hace mención al reconocimiento de un Estado de palestina. No habla sobre el posible desarme de Hamás. El retiro de las tropas israelíes hacía líneas de contención sigue estando poco definidas e Israel se guardó el derecho de realizar operaciones militares dentro de la Franja por tiempo ilimitado. Tampoco hay claridad sobre la instalación de un gobierno de “transición” en Gaza, ni cómo podrá resguardar la autodeterminación de un enclave que sigue manteniendo una fuerza de resistencia significativa.

Vista aérea de la Gaza destruida. Vía X@mhdksafa 11/08/2025.
Pero no solo en Palestina, dentro de Israel también se abren frentes que tensionan la política del país. El viernes pasado ya lo decía Itamar Ben-Gvir, el ministro de seguridad nacional israelí, reconocido por sus posición extremas contra los palestinos. Mientras se discutía el acuerdo de paz, Ben Gvir anunció que votaría en contra de la primera fase del acuerdo de alto el fuego en la reunión del Gabinete de Seguridad y amenazó con dejar el Gobierno si no se ponía fin a Hamás.
“No puedo votar a favor de un acuerdo que libera a esos terroristas asesinos y nos opondremos a él en el gobierno”, aseveró el secretario de Estado.
Netanyahu había advertido la noche anterior que “la campaña militar no ha terminado” y dentro de su propio gabinete hay sectores que rechazan cualquier concesión hacia Hamás. Pero el mensaje de Trump fue claro y repetido en todas sus declaraciones, el conflicto debe cerrarse y transformarse en una oportunidad.
El desafío ahora será mantener el frágil equilibrio entre la justicia, la memoria y la esperanza. Porque la paz sin justicia es un mero espejismo.






