A juicio del exministro y experto en educación superior, José Joaquín Brunner, las universidades alrededor del mundo “están enfrentando enormes tensiones en todos los planos y van a tener que enfrentarlas a lo largo de las próximas décadas”.
En diálogo con Manuel Antonio Garretón y durante el programa de nuestra emisora, Tras las líneas, Brunner afirmó que estas tensiones se relacionan con que ya no basta con formar “un profesional en cinco o seis años con un currículum bien fijo y rígido, sino que es una formación que va a tener 40, 50, 60 años dependiendo de cuántos años vayamos a vivir”.
De acuerdo al director del doctorado en Educación Superior de la Universidad Diego Portales y la Universidad de Leiden, el desafío de los docentes está en descifrar qué es lo que necesitan los estudiantes, “en qué se necesita ejercitar, qué habilidades, qué conocimientos, qué competencias tienen que tener para luego hacerse parte de las actividades del mundo del trabajo y hacerse parte de su propia autoformación durante los próximos 60 años. Y sus trayectorias formativas que pasarán por distinto tipo de instituciones”, precisó.
En ese contexto, el experto aseguró que los títulos de pregrado ya no tienen el mismo valor de antes. “Ahora habrá decenas de distintos tipos de certificados, ya no meramente esto que para nuestra generación fue tan importante, que es el título profesional. Todo eso hoy día pierde mucho valor, pierde incluso sentido de repente”, dijo.
Requerido sobre si estos nuevos desafíos afectan de la misma manera a las universidades públicas y a las privadas, Brunner reconoció que el escenario de las estatales es profundamente distinto al que tenían originalmente. El académico explicó que antes existía “una identificación entre el Estado-nación y la universidad”, pero que aquello ya no ocurre ni en Europa ni en América Latina.
“Es muy difícil pensar que esa unión así de estrecha siga existiendo. Y uno ve, entre otras cosas, que los Estados, independientemente de la política que tengan, han cambiado su relación con las universidades. Las miran más bien como una entidad que sirve o no sirve a la economía del país y a nosotros cada vez más nos van a preguntar si lo que investigamos sirve o no sirve a la nueva matriz productiva”, opinó.
En Chile, dijo Brunner, esto se vería reflejado en la atención que se le da al STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). “El conjunto de disciplinas que los gobiernos, independiente de su composición político-ideológica, entienden que son la clave para mantener o aumentar la productividad del país, para mejorar la productividad de la economía, para hacer competitiva a las empresas”.
“Entonces, estamos ante un régimen externo que efectivamente tiene una gran capacidad para penetrar a la universidad y volverla cada vez más una parte racionalizada y burocratizada al máximo al servicio de fines útiles”, observó.
De todas maneras, el experto se mostró optimista de que aunque la imagen de la universidad cambie, seguirán existiendo espacios con “conciencia crítica” y que sean “fuente de reflexión sobre la época y el futuro”, pero ahora actuando de manera más descentralizada.
“No creo que se esté terminando la vocación real de pensar y de transformar el conocimiento y de multiplicarlo y de aplicarlo y de inventar cosas, inventar lenguajes para entender la sociedad. Yo creo que eso va a seguir. La imagen de la antigua universidad napoleónica estatal, concebida como unidad, yo creo que eso es muy difícil de imaginar, pero lo que sí uno puede imaginar son muchos espacios unidos de muchas y múltiples formas”.






