Cuando estaba en plena campaña, Donald Trump prometía que, de llegar a la Casa Blanca, pondría fin a la guerra en Ucrania “en un solo día”. Han pasado 276 días desde que asumió la presidencia, un par de llamadas telefónicas, una reunión en Alaska con Vladimir Putin y la guerra sigue.
A estos hechos se suma que la esperada cumbre entre Trump y Putin en Budapest, Hungría, fue cancelada.
La administración estadounidense dijo no querer “una reunión desperdiciada”, ante la falta de progresos hacia un alto el fuego. Desde la Casa Blanca, el mandatario republicano fue claro: “No quiero perder el tiempo, así que veremos qué pasa”.

Presidente de Rusia, Vladimir Putin, junto al mandatario estadounidense, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.
Un nuevo cambio en la posición norteamericana que habría sorprendido al Kremlin.
Según fuentes en Washington, la decisión de suspender la cumbre se tomó tras la tensa reunión de la semana pasada entre Trump y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. En dicho encuentro, Trump negó el envío de los misiles Tomahawk solicitados, pero garantizó que no aceptaría negociar sin un alto el fuego previo.
El uso de este tipo de armamento de largo alcance ha sido el centro del debate en las últimas semanas. Trump descartó por ahora su envío, señalando que “tomaría por lo menos seis meses enseñar a los ucranianos a usarlos”. Aun así, aclaró que el suministro de otros misiles por parte de la OTAN o de aliados europeos no está bajo su control.
Poco después, Ucrania lanzó nuevos ataques dentro de territorio ruso, dirigidos a refinerías de petróleo, lo que tensó aún más el clima diplomático.
El rechazo de Moscú a un alto el fuego habría sido el detonante final. El Kremlin insistía en mantener conversaciones basadas en los entendimientos previos, pero sin ceder en el frente militar.
Tres años después del inicio de la invasión rusa, la línea del frente en Ucrania sigue casi inmóvil. Trump ha propuesto congelar la guerra en las posiciones actuales como punto de partida para las negociaciones de paz. Pero Rusia, según observadores, continúa empeñada en alcanzar sus objetivos militares, especialmente el control total de la región del Donbás.

Últimos movimientos rusos en el frente ucraniano, Vía X@powerfultakes, Anatoly Karlin
Y el nuevo giro de Washington fue aún más lejos. Estados Unidos anunció un paquete de sanciones contra las dos mayores petroleras rusas Rosneft y Lukoil. El objetivo, presionar a Moscú para que acepte un acuerdo de paz.
“Simplemente sentí que era el momento. Hemos esperado mucho tiempo”, dijo Trump en el Despacho Oval luego de reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Calificó las sanciones de “tremendas” y aseguró que podrían levantarse rápidamente si Rusia decide detener la guerra.
El jefe de la Casa Blanca también criticó a Putin: “Cada vez que hablo con Vladímir, tengo buenas conversaciones, pero nunca llegan a ninguna parte”.
Desde Moscú, Putin respondió restando importancia a las sanciones afirmando que no tendrán grandes efectos en la economía rusa y asegurando que la reunión en Budapest había sido una idea estadounidense.
Las nuevas medidas contra las petroleras buscan asfixiar una parte clave del negocio energético ruso. Rosneft y Lukoil exportan más de tres millones de barriles diarios, casi la mitad de la producción petrolera de Rusia y cerca del 6% del total mundial. Las sanciones congelan sus activos en Estados Unidos, bloquean todas las transacciones y excluyen a las compañías del sistema financiero norteamericano y global.
El impacto ha sido inmediato en los mercados. El precio del crudo Brent subió más de un 5%, acercándose a los 66 dólares por barril, mientras que el WTI superó los 61.
Los analistas temen una reducción de la oferta global si India y China reducen sus compras para evitar sanciones secundarias. Y eso ya está ocurriendo.
Grandes petroleras estatales chinas, como PetroChina y Sinopec, suspendieron o redujeron sus compras de crudo ruso. En India, las principales refinerías también revisan contratos para evitar sanciones del Tesoro estadounidense, según informa Reuters.
Al desviar la demanda de India y China hacia otros proveedores, se ejerce una presión alcista sobre el precio del petróleo en general. La demanda que antes era cubierta por el crudo ruso con descuento ahora debe ser satisfecha por suministros más caros.

Zelensky compareciendo ante el pleno de la Unión Europea. Vía X@ukrainiansquad
En tanto, la Unión Europea aprobó su decimonoveno paquete de sanciones contra Rusia, centrado en la banca, la energía y la llamada “flota fantasma”.
Los líderes de los 27 países se reunieron en Bruselas para reafirmar su apoyo a Ucrania y debatir un préstamo de 140 mil millones de euros para garantizar la ayuda financiera a Kiev hasta 2027.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, aseguró que el bloque trabaja en un acuerdo que permita utilizar los activos rusos congelados como respaldo financiero. Bélgica, donde se almacenan la mayoría de esos fondos, ha pedido un sistema conjunto de garantías entre todos los miembros de la UE para evitar conflictos legales futuros.
Mientras las negociaciones se alargan, Ucrania sigue reforzando su capacidad militar. Durante su visita a Estocolmo, Zelenski y el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, firmaron un acuerdo para la venta de hasta 150 cazas Gripen a Kiev. Kristersson calificó al Gripen como “el mejor caza del mundo”, aunque aclaró que las primeras entregas tardarán al menos tres años.
Rusia respondió a su manera. Este miércoles Putin supervisó ejercicios de las fuerzas nucleares estratégicas, que incluyeron pruebas de misiles balísticos intercontinentales Yars y Sineva, además de misiles de crucero lanzados por bombarderos Tu-95. El mensaje fue claro, Moscú mantiene su poder de disuasión intacto.

Vladimir Putin supervisando los ensayos nucleares. Vía X@mog_russEN.
Al mismo tiempo, la OTAN realiza sus propios ejercicios nucleares anuales bajo el nombre de “Steadfast Noon”, con decenas de aviones F-35 y B-52 operando desde bases en Bélgica y Países Bajos.
La tensión nuclear se instala así como telón de fondo de unas negociaciones cada vez más frágiles.
En el frente, los combates no cesan. Durante la última noche, Rusia lanzó más de 400 drones y cerca de 30 misiles de largo alcance, incluidos misiles hipersónicos Kinzhal, contra diversas regiones ucranianas. Al menos seis personas murieron en Kiev tras el impacto de varios proyectiles en zonas residenciales.
Rusia controla hoy alrededor de una quinta parte del territorio ucraniano: la mayoría de las regiones de Luhansk y Donetsk, parte de Zaporizhzhia y Kherson, y toda Crimea, anexada en 2014. El punto más crítico sigue siendo la ciudad de Pokrovsk, en Donetsk, donde se registran decenas de enfrentamientos diarios. Las tropas rusas avanzan lentamente, intentando asegurar zonas industriales estratégicas.
A la vez, Ucrania responde con ataques aéreos en territorio ruso, golpeando refinerías y depósitos de combustible en las regiones fronterizas de Bélgorod y Kursk.
Así, a casi cuatro años del inicio de la invasión, la guerra se ha convertido en un tablero diplomático y militar donde cada movimiento —una sanción, una reunión cancelada o un nuevo acuerdo de armas— reconfigura las alianzas y redefine los límites de la paz posible.
Por ahora, la promesa de Trump de “terminar la guerra en un solo día” parece tan lejana como el día en que la hizo.






