Mucho puede cambiar en 20 años. Una certeza que se vuelve todavía más nítida cuando el propio paso del tiempo invita a realizar ciertos ejercicios de retrospectiva. Eso es, en parte, lo que ha mantenido ocupado a Daniel Riveros —conocido artísticamente como Gepe— durante los últimos meses, en la previa a la conmemoración de las dos décadas de «Gepinto», su celebrado debut discográfico.
«Creo que en esos tiempos no había mucha industria musical, o al menos a ninguno de nosotros le interesaba mucho. Lo sentíamos muy lejanos, principalmente», recordó el artista sobre el ambiente que se tejía durante el primer lustro del cambio de siglo. Tiempos en los que tomaban forma varios proyectos de artistas nacionales que luego serían reconocidos dentro de la escena musical del país, como Javiera Mena, Pedropiedra y el mismo Gepe entre sus filas.
Así, espacios como el Centro Cultural Ainil, la discoteca Laberinto y la Sala Master de Radio Universidad de Chile ya comenzaban a transformarse en sedes ineludibles de las tocatas y conciertos que, con un público de 300 o 400 personas, marcaron el pulso del nuevo pop alternativo o experimental de la capital.

Recorte de prensa sobre el lanzamiento de «Gepinto». Foto: Gepe (vía Instagram).
«Era bastante precario, en todo término de cosas», afirmó Gepe. «Sin embargo, había muchísima sensibilidad ahí, tanto de los músicos como del público, y eso es muy valorable. Había silencio, bastante silencio. Y ganas de parte del público de escuchar lo que estaba sucediendo en ese espacio que estaba dedicado al artista. Casi nunca había un escenario; en general, era un espacio que se le dejaba al artista para que pudiera hacer lo que necesitaba hacer, unos tres o cuatro metros cuadrados, y la gente se ponía un poquito más atrás, sentada en el suelo principalmente».
Lo anterior, en una independencia y autogestión que igualmente fue determinante: «Esa cosa de no deberle nada a nadie hizo que hubiese mucha libertad creativa, en todo término de cosas. No solo de canciones, música, discos, sino también en la escena en general. Y al público lo incluyo muchísimo en eso».
«En general las cosas eran bastante baratas, en términos de entradas y ese tipo de cosas. Había una sinergia muy potente entre todos los elementos y me parece que eso también es muy importante«, aseguró Riveros.

Pintura de la carátula del disco «Gepinto». Foto: Gepe (vía Instagram).
Este 5 y 6 de noviembre, parte de esa mística retornará a las tablas de la Sala Master con dos conciertos donde Gepe tributará esa aventura solista que él mismo define como «mi primer intento de hacer seriamente canciones, de armar un concepto alrededor de ellas. Eso fue un gran ejercicio, un descubrimiento, mirándolo en perspectiva. Los discos que siguieron después —te diría ‘Hungría’, ‘Audiovisión’, incluso ‘GP’ o ‘Estilo libre’— carecen de la profundidad que el concepto de ‘Gepinto’ tenía».
«Ese grupo de 13 canciones es muy valioso. Y una no funciona sola, sino que lo hacen mejor en conjunto. Eso es algo muy meritorio de aquel disco», confidenció. «Creo que 20 años después funcionó mucho mejor que 10, es decir, el 2015. Siento que las canciones no las había masticado lo suficiente como para presentarlas, y de hecho muchas de ellas las cambiamos bastante. Pero ahora, pasadas dos décadas, las estamos haciendo tal cual suenan en el disco, y la verdad es que me emociona muchísimo y me recuerda a una época maravillosa, justamente de incubación de lo que terminé haciendo después. No solo yo, sino también toda la gente que pertenece a esa escena. Así que ahora lo puedo disfrutar mucho más que hace 10 años, y probablemente en 30 vaya a ser más aún».
El tributo a una era
Lo sucedido con sus compañeros de generación tiene un particular valor para Daniel. Algo que quedó plasmado en «Gepinto. Las cosas que aquí se guardan«, libro publicado por el músico junto al Colectivo Abejorros que repasa en un retrato coral lo que fueron esos años de efervescencia creativa.
«Como se hizo de manera coral, es decir, con testimonios de un montón de personas, incluyendo parte de mi familia y amigos de ese tiempo, siento que fue un proceso muy bonito: escucharlos hablar a todos y saber que pertenecíamos a algo, a lo que pertenecemos hasta el día de hoy. Una cosa muy genuina que se dio en un momento y en un lugar determinado«, apreció el músico.

Gepe y Javiera Mena (2014). Foto: Javiera Mena (vía Facebook).
Y aunque desliza con una risa tímida que «decir ‘principio de siglo’ suena muy importante», recalcó que fue en los 2000 cuando «empezamos a hacer estas cosas, y la verdad que nos sentimos menos solos estando unos con otros. Lo hicimos con poquitas cosas, pero con harta creatividad y con mucho respeto. Eso lo redescubrí en los relatos que cada uno de los personajes que hablan en el libro entregó. Testimonios muy valiosos».
Por eso, más que hablar de un «legado», Gepe prefiere referirse a este LP como «un testimonio de una época en que el registro quizás no era tan inmediato como lo es ahora. Por lo tanto, es una fotografía o un video de esos tiempos, tan bonitos para los que estuvimos ahí. Y quizás a alguien le va a servir ver que existió eso antes».

