Iván Fernández y "La perversión de Natacha": "No queríamos una obra más de denuncia, sino una incómoda"

El dramaturgo abordó las diversas aristas del montaje, que tendrá funciones en la Sala Agustín Siré de la U. de Chile hasta el 15 de noviembre. El montaje, es definido por el autor como una sátira que busca poner en tensión al espectador.

El dramaturgo abordó las diversas aristas del montaje, que tendrá funciones en la Sala Agustín Siré de la U. de Chile hasta el 15 de noviembre. El montaje, es definido por el autor como una sátira que busca poner en tensión al espectador.

Para Iván Fernández, dramaturgo chileno, el teatro debe ser un espacio que llame a la reflexión. «Siempre lo he pensado, en todas mis obras», aseguró en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile. «Y porque creo que el teatro es de las pocas experiencias que nos van quedando que tiene un tiempo distinto, una forma de vivirse distinta, donde el cuerpo está en presente vinculándose con otro cuerpo también en presente. Y esa experiencia, si no moviliza algo —sea donde sea—, me parece que no cumple la función de sostener esta experiencia bien única que nos va quedando».

Por eso es que «La perversión de Natacha» —su montaje más reciente y que estará en la cartelera de la Sala Agustín Siré de la U. de Chile hasta el 15 de noviembre— recurre a la sátira para abordar temas tan complejos como las luchas de poder, el abuso sexual y las funas en el mundo artístico y cultural. «Le decimos ‘comedia negra’ para acercar un poco ese pulso de la obra con el público», aclaró Fernández. «Pero la escribí como una sátira política. Porque tiene que ver con un humor incómodo, provocador. No es algo que sea liviano, sino que tiene que ver con toda esa tensión y esa oscuridad que se esconde detrás de los discursos».

En estricto rigor, el texto sigue la historia de Natacha, destacada profesora de Historia del Arte y curadora cuya vida dedicada al estudio de la belleza se ve abruptamente sacudida por acusaciones anónimas de abuso de poder, acoso y abuso sexual.

"La perversión de Natacha", obra de teatro.

«La perversión de Natacha», obra de teatro. Foto: Sala Agustín Siré, U. de Chile.

Hija de una familia aristocrática, Natacha dirige junto a su hermana Georgina una de las galerías más prestigiosas de Santiago. Pero cuando las denuncias comienzan a circular en redes sociales, Georgina interviene para salvar el honor familiar y el legado artístico, pidiendo ayuda a Gabriel, estrecho colaborador de ambas.

Ahí es, justamente, donde surge el asunto de la hipocresía: «Tiene que ver con cómo estos personajes que habitan este espacio ostentan es un poder económico, cultural y político, y cómo esos poderes son los que se van adaptando según su propia conveniencia, siendo capaces de cambiar sus supuestos principios con tal de sobrevivir a estos tiempos distintos», detalló el dramaturgo.

«Por eso aparece la idea de la funa, un mecanismo válido de protesta y de manifestación social en contra de este poder y que finalmente la absorbe, la apropia y la hace suya para poder seguir sacando algún provecho. Esa hipocresía tiene que ver con cómo se adaptan estas personas, y lo que queremos decir es que aquí la clase es la que opera», conectó Fernández.

"La perversión de Natacha", obra de teatro.

«La perversión de Natacha», obra de teatro. Foto: Sala Agustín Siré, U. de Chile.

Lo anterior, recalcando que, finalmente, «la clase social es la que es capaz de movilizarse, transformarse y seguir como si nada pasara. La crítica iba por ahí». Es allí donde igualmente cobra sentido la decisión narrativa del autor de situar esta obra en un entorno que tuviera estrecha relación con el asunto de la belleza.

«En primera instancia, la idea de hacer un montaje vino de Alejandro León y Magdalena Cuña, que son parte del elenco. Ellos se acercaron a mí con la obra ‘Natacha‘, de Armando Moock, porque querían hacer una versión contemporánea. La leí y lo que rescaté de ahí —porque no es una obra que me haya parecido atractiva— fue que se hablaba sobre la belleza. Y al pensar en dónde situarla, pensé inmediatamente en conflictuar o en problematizar sobre el arte, igualándolo un poco: arte igual belleza. A partir de eso, se me vino esta idea de situarla en una galería y que el personaje fuera experta en belleza», recapituló Iván.

"La perversión de Natacha", obra de teatro.

«La perversión de Natacha», obra de teatro. Foto: Sala Agustín Siré, U. de Chile.

Desde ahí, el desafío fue «generar un conflicto que fuera contemporáneo, que apelara a las circunstancias actuales, a las formas de relacionarnos. Y ante eso surge esta idea de que sea una profesora de arte que está siendo acusada, tanto por estudiantes como por artistas que quieren mostrar en su galería, de abuso y acoso sexual. E intencionarla desde ahí. Y al pensar en la galería de arte en el contexto chileno, quiénes son aquellas personas que manejan estos sitios y cómo esto está centrado en una élite cultural que ostenta ese poder».

«Finalmente, independiente de los principios que ella defienda en torno al arte y la belleza, hay algo que está anterior a eso, y tiene que ver con su poder social, político y cultural, y cómo éste se puede movilizar según su conveniencia, para su beneficio incluso. Eso es lo que hace Natacha. El mecanismo es el cambio de imagen, de nombre, el agarrar frases de las manifestaciones y convertirlas en propias, y utilizarlas para sus propios réditos económicos», agregó el dramaturgo.

Aquello, en una confrontación que buscaba «darle una vuelta, que no fuera una obra más de denuncia, sino una incómoda, tensa, y que ojalá provoque esa risa con la que después uno se sienta un poco culpable. Pensar ‘¿De esto me estoy riendo?’. Y creemos que es ese humor que busca tocar el cuerpo, incomodar al espectador, que no se vayan simplemente sintiendo que la pasaron bien y se rieron, sino preguntándose: ‘Me reí de esto, ¿por qué?'».





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