El safari humano de Sarajevo: cuando la guerra se convirtió en espectáculo

Una investigación en Italia revela que millonarios europeos habrían pagado por participar en “safaris humanos” durante el sitio de Sarajevo. Tres décadas después, la deshumanización de la guerra vuelve a resonar con ecos en la Franja de Gaza.

Una investigación en Italia revela que millonarios europeos habrían pagado por participar en “safaris humanos” durante el sitio de Sarajevo. Tres décadas después, la deshumanización de la guerra vuelve a resonar con ecos en la Franja de Gaza.

Una grave denuncia estremeció a Europa esta semana. La fiscalía de Milán, en Italia, abrió una investigación sobre un grupo de personas que habrían participado en lo que llaman un “safari humano”, dedicado a asesinar civiles durante el cerco a Sarajevo, en plena guerra de Bosnia, a inicios de los años noventa.

Un recuerdo de la triste y célebre “avenida de los francotiradores” de Sarajevo

Según revelaron medios italianos, la investigación apunta a que un grupo de individuos —cuyas identidades se mantienen en reserva— habría pagado sumas millonarias para viajar durante el fin de semana y poder disparar a personas, como si se tratara de una cacería.

La fiscalía investiga un presunto delito de homicidio voluntario con agravantes de crueldad y motivos abyectos. La causa fue abierta tras la denuncia del escritor Ezio Gavazzeni y los abogados Nicola Brígida y Guido Salvini, quienes recopilaron documentos y testimonios.

Un francotirador de los cascos azules de Naciones Unidas, parte de la legión internacional francesa de, parte de los grupos de estabilización. Vía X@rac112apilas

Un francotirador de los cascos azules de Naciones Unidas, parte de la legión internacional francesa de parte de los grupos de estabilización. Vía X@rac112apilas.

Gavazzeni confirmó que las pruebas —que incluyen registros y declaraciones— están en manos de la fiscalía desde octubre. “La documentación revela que ciudadanos italianos viajaban a Sarajevo, pasando por Trieste, para matar a personas asediadas”, explicó el abogado Brígida a la agencia EFE.

Hasta ahora, los fiscales italianos han identificado al menos a cinco sospechosos. Se estima que quienes participaron de estos eventos tendrían hoy entre 65 y 82 años. Todos compartían un mismo perfil, eran millonarios, fanáticos de las armas y, en muchos casos, con vínculos con la extrema derecha.

Se calcula que pagaban entre 80 y 100 mil euros —o su equivalente de la época— por participar en un fin de semana de “caza”. Según la denuncia, se pagaba aún más por matar a un niño.

La investigación tomó aún más fuerza luego de las declaraciones de Edin Subasic, exgeneral de brigada bosnio y antiguo agente de inteligencia, quien confirmó que italianos adinerados participaron efectivamente en estas cacerías humanas.

Subasic recordó que esta práctica ya había sido abordada en el documental “Sarajevo Safari”, del director esloveno Miran Zupancic, estrenado en 2022, que levantó tantas preguntas como consternación entre el público.

Bosnios herzegovinos, recorriendo la llamada avenida de los francotiradores en Sarajevo. Vía X@GeromanAT

Bosnios herzegovinos, recorriendo la llamada avenida de los francotiradores en Sarajevo. Vía X@GeromanAT.

De acuerdo al exmilitar, la justicia bosnia ya había abierto un expediente acerca de este caso tras una denuncia presentada por la entonces alcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karic. Subasic afirma que algunos de los implicados ya han muerto, pero que otros “aún están al alcance de la justicia”.

Lo cierto es que estos presuntos criminales compartían no solo el gusto por las armas, sino también una ideología. La investigación italiana ha revelado que varios de ellos mantenían lazos con la ultraderecha italiana y el neofascismo, heredero de Benito Mussolinni, movimientos que durante la guerra de Bosnia apoyaron abiertamente la causa serbobosnia.

La magnitud del horror

La guerra de Bosnia fue consecuencia directa de la disolución de Yugoslavia y del resurgimiento de los nacionalismos en los años 90.

Tras la muerte del mariscal Tito (Josip Broz Tito, expresidente de Yugoslavia) en 1980, las tensiones entre serbios ortodoxos, croatas católicos y bosnios musulmanes, que durante décadas habían permanecido bajo control —al ser integrados dentro de la “hermandad y unidad” de todas las etnias promovida por Tito—, finalmente estallaron.

Con el colapso del comunismo, Eslovenia y Croacia declararon su independencia en 1991. Un año después, Bosnia y Herzegovina celebró un referéndum donde la mayoría votó por la independencia, querían seguir dentro de una Yugoslavia dominada por Serbia o incluso crear una “Gran Serbia”.

Mapa etnográfico de la extinta Yugoslavia, según datos obtenidos en el censo de 1991. Vía Censo Yugoslavia 1991

Mapa etnográfico de la extinta Yugoslavia, según datos obtenidos en el censo de 1991. Vía Censo Yugoslavia 1991.

Líderes como Slobodan Milošević y Radovan Karadžić promovieron una visión expansionista basada en la etnia y la religión. Así comenzó una guerra brutal, marcada por la limpieza étnica y el terror.

En 1992, las fuerzas serbobosnias, bajo el mando de Ratko Mladić y con apoyo del Ejército Popular Yugoslavo, rodearon Sarajevo. La ciudad, símbolo de la convivencia multicultural, quedó completamente sitiada.

El objetivo era forzar la rendición del nuevo gobierno bosnio, sometiendo a la población civil a bombardeos constantes, hambre y miedo. Fue en este contexto que nació el símbolo más macabro de la guerra, los francotiradores. A diferencia de los tiradores militares, los francotiradores de Sarajevo apuntaban deliberadamente a civiles. Su blanco eran personas comunes, quienes iban a buscar agua, los que hacían fila para comprar pan o niños que jugaban en la calle.

El principal bulevar de la ciudad, fue rebautizado como la “Avenida de los Francotiradores” y se convirtió en un corredor mortal. Cruzarlo significaba arriesgar la vida. Desde los edificios altos y las colinas, los tiradores serbios disparaban a cualquiera que se moviera.

Durante los casi cuatro años que duró el asedio, murieron más de 10 mil personas, la mayoría civiles. De ellas, al menos 225 fueron víctimas directas de francotiradores, incluidos 60 niños.

“Turismo de guerra”

Es precisamente en ese infierno donde habrían actuado estos “turistas de guerra”. Voluntarios extranjeros y millonarios europeos simpatizantes de la causa serbia viajaban a Bosnia para participar en operaciones o, como revelan las denuncias, para matar por placer.

Los investigadores sostienen que no se trataba solo de sadismo individual, sino de una afinidad ideológica. Muchos de los participantes provenían de grupos ultraderechistas o neofascistas que veían la guerra en Bosnia como una “defensa de la Europa cristiana” frente al islam.

Sarajevo, la capital actual de Bosnia y Herzegovina, durante los años de sitio por parte de las fuerzas serbobosnias. Vía X@FioreViani

Sarajevo, la capital actual de Bosnia y Herzegovina, durante los años de sitio por parte de las fuerzas serbobosnias. Vía X@FioreViani.

En su retórica, los bosnios musulmanes eran presentados como “enemigos de la civilización occidental”. Un discurso racista e islamófobo que sirvió de justificación para la violencia extrema.

La guerra en Bosnia terminó en 1995 con los Acuerdos de Dayton, pero el país nunca volvió a ser el mismo. Hoy, Bosnia y Herzegovina, es un país roto, mantiene una estructura política frágil, con una presidencia tripartita dividida entre un bosnio, un serbio y un croata. Las tensiones siguen vivas, especialmente en la República Srpska, que mantiene la amenaza constante de separarse e incorporarse a Serbia.

30 años después, el eco de esa guerra vuelve a sacudir al mundo con estas revelaciones. Porque lo que ocurrió en Sarajevo no solo fue una guerra, fue un espectáculo de la deshumanización más extrema, donde la vida humana se convirtió en un trofeo y la muerte, en entretenimiento.

Una práctica que sigue viva

Hoy, en el contexto del genocidio en la Franja de Gaza —calificado así por organismos de Naciones Unidas—, han surgido denuncias sobre una práctica conocida como “turismo de guerra”, en torno al enclave palestino. Aunque legalmente distinta, comparte una raíz común con el caso de Sarajevo: la banalización del sufrimiento ajeno.

En colinas, miradores y zonas próximas a la valla que separa Israel de Gaza, se organizan visitas para observar los ataques militares. Personas —principalmente ciudadanos israelíes, pero también turistas extranjeros— se reúnen con binoculares, cámaras, bebidas y snacks para ver cómo caen las bombas sobre la Franja.

Israelí en una de los tantos miradores que se ofrecen como puntos túristicos en la frontera de la Franja de Gaza. Vía X@Jake_Hanrahan

Israelí en una de los tantos miradores que se ofrecen como puntos turísticos en la frontera de la Franja de Gaza. Vía X@Jake_Hanrahan.

Un reportaje reciente de la cadena alemana Deutsche Welle (DW) reveló que algunas agencias israelíes incluso ofrecen tours organizados, con precios que rondan los 800 dólares por persona.

Así, tres décadas después de Sarajevo, el mundo sigue tratando de responder la misma pregunta: ¿Cuál es el límite de la crueldad humana cuando convertimos el dolor ajeno en espectáculo?

Porque si en los 90 algunos pagaban por matar civiles en Bosnia, hoy hay quienes pagan por mirar desde lejos cómo otros mueren en Gaza. En ambos casos, el resultado es el mismo, una sociedad que, poco a poco, pierde su capacidad de conmoverse con el sufrimiento de otros.





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