Plan de 28 puntos: Trump mueve las piezas del conflicto sin Ucrania ni Europa en la mesa

Estados Unidos y Rusia negocian en secreto un plan de paz mientras Zelenski y la UE miran sorprendidos. La corrupción golpea al gobierno ucraniano, mientras Washington presiona para acelerar un acuerdo que redefiniría la seguridad europea.

Estados Unidos y Rusia negocian en secreto un plan de paz mientras Zelenski y la UE miran sorprendidos. La corrupción golpea al gobierno ucraniano, mientras Washington presiona para acelerar un acuerdo que redefiniría la seguridad europea.

La guerra en Ucrania sigue estancada, tanto en los frentes de batalla como en los pasillos diplomáticos. A punto de cumplirse cuatro años desde el inicio de la invasión rusa, ni las operaciones militares, ni las negociaciones impulsadas por aliados occidentales o por Rusia han logrado abrir una salida real al conflicto más prolongado y decisivo en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

En medio de ese estancamiento, una revelación encendió alertas en todas las capitales involucradas, Estados Unidos y Rusia habrían estado negociando en secreto un plan de paz para Ucrania, sin la presencia de Kiev ni de sus socios europeos.

Las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos

Según el medio estadounidense Axios, citando tanto a fuentes norteamericanas como rusas, las dos potencias avanzaron en un documento de 28 puntos elaborado por el representante especial de Estados Unidos para Rusia y Oriente Medio, Steve Witkoff, y el emisario del Kremlin, Kiril Dmitriev. Una vía paralela, discreta, que busca sentar las bases de un acuerdo de alto el fuego y rediseñar la arquitectura de seguridad en Europa.

Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca junto a Kiril Dimítriev, enviado especial del Kremlin. Vía Agencia de Noticias estatal rusa, TASS

Steve Witkoff, enviado especial de la Casa Blanca junto a Kiril Dimítriev, enviado especial del Kremlin. Vía Agencia de Noticias estatal rusa, TASS.

Witkoff tenía previsto reunirse este miércoles en Estambul con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para intentar dar un nuevo impulso político a esta propuesta. Una reunión clave, pero que terminó envuelta en incertidumbre, desde Washington informaron que el enviado estadounidense aplazó su viaje a último minuto, dejando abierta la posibilidad de un encuentro en otra fecha.

Sí hubo, en cambio, una reunión previa e igualmente relevante. Esta semana, en Miami, Witkoff mantuvo conversaciones con Rustem Umérov, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Ucrania y responsable de los contactos directos con Rusia durante este año.

Pese al hermetismo que rodea el documento, se sabe que el plan de paz se organiza en cuatro grandes capítulos:

  • Primero, las condiciones para un cese de hostilidades.
  • Segundo, el futuro estatus de seguridad para Ucrania.
  • Tercero, la arquitectura de seguridad europea.
  • Cuarto, el marco de relaciones futuras entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania.

No se trata de un acuerdo definitivo, sino de una base de negociación que aspira a conciliar las demandas territoriales y de seguridad de Kiev con las exigencias estratégicas de Moscú.

Trump vs Europa

La noticia encendió alarmas de inmediato tanto en Bruselas como en Kiev. Durante más de tres años de guerra, los aliados europeos han visto cómo su influencia se reduce paulatinamente. Por ello, este proceso de negociación paralelo entre Washington y Moscú representa, para la Unión Europea, la confirmación de una tendencia incómoda: están quedando fuera de la mesa donde realmente se decide el futuro de la guerra.

La histórica imagen de Donald Trump —sentado en el Despacho Oval frente a los principales líderes europeos como si estuviera presidiendo una clase— se ha convertido en un símbolo de la dinámica diplomática que el presidente estadounidense ha impuesto. Una lógica donde la Casa Blanca lleva el timón y los europeos tratan de no perder el equilibrio.

Trump sosteniendo una reunión con los principales líderes europeos en el despacho oval. Vía X@WhiteHouse

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene reunión con los principales líderes europeos en el Despacho Oval. Vía X@WhiteHouse.

Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo que terminaría la guerra en Ucrania en un solo día. Desde entonces, su discurso ha sido una montaña rusa, declaraciones contradictorias sobre Putin y Zelenski, anuncios de envío de misiles Tomahawk, amenazas cruzadas, elogios repentinos y críticas feroces. Una ambigüedad calculada —o más bien impulsiva— que genera confusión, pero que le ha permitido desplazar a Europa del centro de la escena y presentarse como el único actor capaz de hablar con ambas partes.

Corrupción en Ucrania

A este complejo tablero se suma una crisis interna en Ucrania que agrava las tensiones. La corrupción —un problema histórico y estructural en el país— volvió a estallar en medio de la guerra. Esta vez, con un escándalo de enormes proporciones en el sector energético y de defensa.

El Parlamento ucraniano aprobó este miércoles las dimisiones de dos ministros clave implicados en la llamada Operación Midas, Svitlana Grinchuk, ministra de Energía, y Herman Galushchenko, quien ocupó antes ese mismo cargo y ahora ocupaba la cartera de defensa. Ambos fueron vinculados a una red de sobornos dentro de Energoatom, la empresa estatal de energía nuclear.

El presidente Zelenski exigió sus renuncias por “una cuestión de confianza”. Sin embargo, el escándalo golpea más allá del gabinete. La implicación de Timur Mindich, antiguo socio del presidente en su productora televisiva Kvartal 95, ha sido un golpe devastador. La fuga de Mindich justo antes de los allanamientos sugiere —para muchos— una filtración desde círculos de poder. Y eso pone en duda la capacidad de Zelenski para controlar su entorno más cercano en plena guerra.

Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, sentado en un escritorio.

Presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Foto: X @ZelenskyyUa.

Para los ucranianos, agotados después de casi cuatro años de conflicto, este escándalo es un mazazo a la moral. Para los aliados occidentales, especialmente Washington y Bruselas, es una señal de alarma. Desde hace tiempo condicionan su apoyo financiero y militar a avances claros contra la corrupción. Por lo tanto, episodios como este dificultan justificar ante sus propios parlamentos y contribuyentes el enorme flujo de recursos destinados a la defensa ucraniana.

Ucrania ya no es prioridad

En este contexto, la posición negociadora de Ucrania se debilita y Estados Unidos gana margen para presionar. Si la ayuda internacional no se usa correctamente, la voluntad política de sostener a Ucrania se erosiona, lo que abre la puerta a escenarios antes impensados.

El representante especial Steve Witkoff ya había advertido a las dos partes que, avanzan hacia una paz duradera o Estados Unidos podría reducir su apoyo. Y la corrupción en Kiev solo refuerza la credibilidad de ese ultimátum.

Mientras tanto, Donald Trump insiste en presentarse como el gran pacificador global. Afirma haber detenido ocho guerras este año, haber impulsado el plan de paz en Gaza y haber reorientado la política exterior estadounidense hacia su propio vecindario con la operación “Lanza del Sur”, que promete erradicar el narcotráfico pero que, en el fondo, refleja un cambio estratégico, Ucrania ya no es la prioridad número uno, ni dos, ni tres para Washington.

Ese mensaje, más que cualquier documento de 28 puntos, podría ser el verdadero giro en esta historia. Porque si Estados Unidos deja de considerar a Ucrania un asunto prioritario, la correlación de fuerzas cambia de inmediato. Europa queda expuesta y debilitada. Kiev pierde margen de maniobra y el Kremlin, consciente de ese desgaste occidental, podría intensificar su presión.





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