Eduardo Carrasco y un eventual gobierno de la extrema derecha: "Es quizás tan terrible como el golpe militar"

Desde su actual residencia en Francia, el histórico fundador de Quilapayún compartió algunas de las reflexiones que lo ocupan por estos días, abocado a sus libros de filosofía y observando con preocupación el futuro que le deparará al país.

Desde su actual residencia en Francia, el histórico fundador de Quilapayún compartió algunas de las reflexiones que lo ocupan por estos días, abocado a sus libros de filosofía y observando con preocupación el futuro que le deparará al país.

Filosofía, rigurosidad, solemnidad y compromiso. Durante los años sesenta, esas eran algunas de las palabras que definían el proyecto artístico de los Quilapayún. Un grupo de jóvenes que, bajo la dirección de Víctor Jara y desde el seno de la Universidad de Chile, se vestían con sendos ponchos negros para interpretar canciones que hoy, más de medio centenario después, siguen siendo parte fundamental de la herencia musical de la Nueva Canción Chilena.

“Era una institución bastante convulsionada por la reforma universitaria. Había harta actividad política, muchas peleas. Las elecciones eran aguerridas. Todo el mundo tenía que declararse de tal o cual partido”, recordó Eduardo Carrasco, histórico líder de la agrupación, desde su residencia en Francia.

País que lo recibió durante su exilio tras la llegada del golpe civil-militar chileno y que por estos días volvió a transformarse en su hogar. “Había toda una gran oposición entre los demócrata-cristianos, por un lado, y la izquierda, que eran los dos grupos mayoritarios en esa época. La derecha prácticamente no existía, o lo hacía en muy pequeños números. Era un mundo con muchas divisiones y discusiones de tipo político, con un montón de actividades. Salías a la calle a manifestarte por distintos temas sociales, aunque también internacionales”, recapituló Carrasco, haciendo referencia a hitos tan trascendentales como la guerra de Vietnam.

 

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún.

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún.

Es por eso que describe al Quila de los inicios como “un grupo de choque, con canciones bien fuertes, al menos para esa época. Ya nadie se sorprende tanto con ellas. Pero cuando salió, por ejemplo, el disco ‘Por Vietnam’ o el ‘Basta’, causaron mucho revuelo porque había mensajes políticos muy claros, y eso no se acostumbraba. Era una cosa muy nueva. Y ahí nació el Quilapayún, como un producto de la universidad”.

Por entonces, todos los miembros de la banda estudiaban alguna carrera en la casa de estudios. En su caso, filosofía. Rama que define sin titubeos como su primera y principal vocación. “Yo soy filósofo. No podría ser otra cosa“, afirmó. “Lo que pasa es que la filosofía es como una vocación. Es muy distinta a una profesión, que es lo que te ofrecen cuando sales del colegio. Te dicen ‘puedes ser médico, ingeniero, esto y lo otro’. Y uno elige en función de cosas utilitarias o económicas. Puedes estudiar ingeniería porque hay más trabajo para un ingeniero, ganan bien, y hacer tu vida. Pero la filosofía es una cosa que es casi sólo una vocación”.

 

Quilapayún, histórica banda de la Nueva Canción Chilena.

Quilapayún, histórica banda de la Nueva Canción Chilena.

Incluso él mismo asegura, entre risas, que “hay que ser muy chiflado para ponerse a estudiarla. Es una cosa muy difícil y, por un lado, no sirve para nada. Por el otro, no ganas nada con eso. Nadie te va a contratar. Vas a tener unas pocas horas en el colegio o en la universidad si tienes más suerte. Es una cosa que no es aconsejable. Entonces, y por lo general, la gente que lo estudia es porque ésa es su vocación. Es como con los artistas. Hay gente que se pone a pintar y después la vida es eso; o los poetas. No se puede concebir la vida sin esa actividad, que es tu vocación”.

Una vertiente que le llegó de repente, casi como una necesidad. “La descubrí y me di cuenta de que sólo podía hacer eso o iba a ser poco feliz, así que me puse a estudiar con gran interés y dedicación”, comentó. Así, logró posicionarse como uno de los estudiantes destacados de su generación construyendo un camino académico sólido que luego complementó con su trabajo en Quilapayún, llegando incluso a ser nombrado como Profesor Emérito de la U. de Chile luego de varios años formando a nuevas generaciones.

Tengo alumnos que me estiman mucho. De hecho, sigo en contacto con hartos de ellos. Hago una especie de lectura en común, un seminario. Y seguimos trabajando. No fui un mal profesor. No creo”, sentenció Carrasco.

Una distancia conectada con Chile

De hecho, con 85 años cumplidos y de vuelta en el continente donde viven tres de sus hijos, la filosofía constituye una de sus ocupaciones cotidianas. “Imagínate… Estoy leyendo un libro que es un quebradero de cabeza en este momento, pero lo voy a seguir haciendo hasta que termine, a pesar de todas las páginas que tiene”, adelantó con seguridad alzando entre sus manos una copia en alemán de “Aportes a la filosofía: acerca del acontecimiento“, de Martin Heidegger.

“Son libros difíciles, complicados, que requieren mucho trabajo. En realidad, aparentemente son abstractos para las personas que no meten la cabeza en ese mar, digamos. Pero para el tipo que es filósofo es una delicia entrar en esos campos. De hecho, yo no puedo entender mi vida si no estoy leyendo libros de filosofía. Tengo un montón. Y bueno, me dedico a eso”, definió.

La principal motivación para su retorno a Francia fueron los lazos familiares. Aunque también las condiciones de seguridad social que ofrece un Estado como ese en comparación al nuestro. “Es un país mucho más solidario que Chile. Esa idea de la Revolución: libertad, igualdad, fraternidad. Eso forma parte de cómo se ha construido. Así que desde el punto de vista de los derechos sociales es muy agradable. Porque aquí yo tengo salud prácticamente gratis, no tengo ningún gasto desde ese punto de vista. Así que mi vida transcurre sin tantos sobresaltos como podría ser en Chile, porque hay que contar con que soy una persona bastante vieja. Ya estoy en la edad de los remedios en la mañana, que las rodillas, etc. Estar en Francia me facilita mucho las cosas”, puntualizó.

 

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún. Foto: UCHILE.

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún. Foto: UCHILE.

Sin embargo, esa lejanía geografía igualmente lo restó de algunas de las actividades que por estos días ocupan a sus compañeros de los Quila, entre conciertos y conmemoraciones de grandes proyectos como la histórica “Cantata de Santa María de Iquique“.

Por de pronto, la próxima reintegración de Carrasco a los escenarios será en la edición 2026 del festival Lollapalooza, en un gesto que no solo demuestra la vigencia del proyecto, sino también la transversalidad que genera incluso en términos generacionales.

Creo que es porque somos unitarios al mismo tiempo que no renunciamos a nuestras ideas que son obviamente de izquierda, socialistas, allendistas. Sin descalificar al adversario y, sobre todo, luchando sin extremismos, con apertura, con comprensión, sin perder el romanticismo pero con una cierta cuota de escepticismo, de humor, de ironía. Eso nunca nos ha faltado. Siempre hemos hecho reír a nuestro público. Y eso se reconoce”, valoró el artista.

 

Quilapayún, histórica banda de la Nueva Canción Chilena.

Quilapayún, histórica banda de la Nueva Canción Chilena.

No somos un factor de división, como podríamos haberlo sido perfectamente. Y como en cierto modo lo fuimos. Esto, porque hay cambios en nuestro propio itinerario. No es que nosotros seamos igual a que lo que fuimos durante el periodo de la Unidad Popular. No, no lo somos. Había en esa época un cierto sectarismo que dejamos atrás, como muchas otras cosas”, reflexionó al respecto.

Algo que está lejos de ser el único signo de apertura del grupo, considerando que sus colaboraciones con otros colegas del medio van desde Nano Stern hasta el trapero Pablo Chill-E, con quien estrenaron durante la pandemia el single “Aburrido“. “Nunca hay que descalificar un género, y sobre todo uno que tiene raíces muy populares“, expresó acerca de su visión en torno a las músicas que hoy dominan el mainstream del medio criollo,

“Es el mundo en que estamos. Puede no gustarte, está bien, pero eso es lo que hay; no te puedes hacer el leso frente a eso, y tiene valor. Si a la gente le gusta tanto como para armar un movimiento potente, que tiene millones de seguidores y expresiones que son verdaderamente poéticas, como las de Calle 13, por ejemplo —que son cosas muy ingeniosas y que están muy bien hechas—, entonces es porque es un tema más profundo y algo bueno tiene que tener. La gente no es como para tragarse cualquier tontería que le pongan delante, no es así. Y generalmente las cosas que tienen gran éxito a nivel mundial, como el rap, tienen un trasfondo profundo que hay que saber entender”, añadió.

 

Realidad que el músico conecta con las diferencias que se pueden trazar, en términos socioculturales, entre los años setenta y la actualidad: “En nuestra época las cosas eran más claras porque había dos fuerzas en pugna, y tú te ubicabas en favor de una o de otra y eso era todo. Pero ahora no es así. Hay que estar muy abierto, sobre todo a las manifestaciones culturales, porque el rap es una cosa muy popular que existe a nivel absolutamente poblacional, te diría yo. Y a nosotros nos interesa mucho eso”.

Junto con lo cultural, el momento político que atraviesa el país es otro de los síntomas que el compositor observa con cuidado. “La verdad es que estoy súper preocupado por lo que está pasando. Me daría mucha pena que saliera un extremista de derecha presidente de Chile. Sería una cosa terrible; una especie de fracaso colectivo. Algo que habrá que asumir. Ya vendrán nuevas personas que puedan poner de pie esto de nuevo, aunque por el momento parece que se ha dormido esa posibilidad. Y ojalá que en Chile no se produzca lo mismo que en Argentina o incluso en Estados Unidos, donde entró esta locura que es terriblemente dañina”, advirtió.

“Lo que ha pasado en EE.UU., por ejemplo, es espantoso. Se han borrado todas las bases mismas de la historia del país. Y ellos, que eran como el ejemplo que se sacaba de democracia y, en fin, de los padres fundadores y de la Constitución de los Estados Unidos, que la enarbolaban cada vez que había una crítica. Todo eso se acabó, lo borró de un plumazo el señor Trump. Y ahora va a haber que reconstruir eso. No sé cómo se va a hacer”, analizó en torno a lo que ocurre en el norte del continente.

 

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún.

Eduardo Carrasco, fundador de los Quilapayún.

Y aunque valora que es una realidad que ya está dando signos de desgaste, deja en clara su postura en torno al futuro que le podría deparar a Chile con un gobierno de esas características ideológicas. “Podría pasar lo mismo. Podríamos retroceder, que suban todos estos tipos que son muy beatos y que van a tratar de meter todas sus ideas, que son extremistas, en la constitución y en las leyes chilenas. Eso significaría un retraso histórico”.

Es quizás tan terrible como el golpe militar“, enfatizó. “Así que ojalá que eso no ocurra y que, al contrario, haya una salida que por lo menos salve las bases de lo que ha sido la construcción de la democracia en Chile. Ahora, si ocurre esa catástrofe, tendremos que asumir la responsabilidad”.

El presente y futuro de Quilapayún

En todo este contexto, y con la distancia que otorgan más de cinco décadas de carrera, una de las ponderaciones que hace Carrasco respecto al rol histórico de la banda es que se enmarca en un movimiento cuyo principal valor radica en ser depositaria de la mística que enmarcó a la Nueva Canción.

(Con la transición) hubo muchos hechos que desperfilaron a la izquierda. Por ejemplo, el tema de Pinochet salvado de la justicia en Inglaterra. Ese tipo de cosas después fueron imperdonables; se les pasó la cuenta a los dirigentes de esa época que tuvieron responsabilidad en esas cosas. Que después de haber estado luchando tan fuertemente y con tantas convicciones contra esos poderes, entraron a defender a Pinochet por causas muy discutibles con la excusa de que tenía que ser juzgadas en Chile, cuando era una total falsedad. En Chile, que justamente era donde no se le iba a juzgar de ninguna manera, y así fue”.

“Empezó un juicio interminable que finalmente terminó cuando se murió este señor, y no hubo realmente ninguna condena a lo que había sido un gobierno tan terrible como el de Pinochet, que rompió con la democracia y con todos los valores que se decían defender. Eso generó un desconcierto y una situación distinta, que es la que vivimos hoy en día, una más confusa. Pero si tú te fijas —y eso es una de las causas por las cuales el Quilapayún se ha mantenido a través de los tiempos— es que las únicas cosas puras que quedaron de todo ese tiempo, que no fueron tocadas por los cálculos políticos, los compromisos y todo eso, fueron las canciones; las figuras como Víctor Jara, el Quilapayún, el Inti-Illimani“, concluyó el músico.

 

quilapayun 2

 

Por eso, las define como “las cosas puras, el legado, la herencia pura” de esos años de efervescencia social. “Y por eso subsisten todavía, porque para la gente son emblemáticas de lo salvable de todos esos momentos históricos. Eso es lo que se ha salvado: no ha sido tocado por los escándalos financieros, ni por los robos, ni por todas esas cosas que han destruido mucho el ímpetu de justicia y ético que fue el de los sesenta”.

A la hora de proyectar lo que será el futuro del grupo, la postura de Carrasco es de tranquilidad y convicción del trabajo realizado. “Un grupo como el nuestro, que ya va a cumplir 60 años, ha pasado por muchas cosas, conflictos internos, fuimos comunistas en un tiempo, después nos alejamos del Partido Comunista, entramos en toda una idea que llamamos ‘la revolución y las estrellas’, que en cierto modo sigue siendo nuestro pensamiento más profundo de lo que hacemos… O sea, una agrupación que ha vivido tantas cosas: el exilio, la Unidad Popular, la pre-Unidad Popular. Hemos hecho un montón de discos y de cosas, y nunca ha parado esto”, enmarcó.

Lo que quiero decir es que no tenemos que dar más pruebas. Todas las cosas que estamos haciendo las hacemos con plena libertad, sin urgencia y con la serenidad de los viejos de 80 años. La nuestra es una historia interesante. Siempre digo que el Quilapayún es una reliquia, una cosa antigua de mucho valor. Pertenecemos a ese pasado glorioso del que somos la parte pura, la que quedó en pie. Por eso no tenemos urgencia, ni para terminar ni para seguir. Seguiremos todo lo que sea necesario, mientras tengamos ideas de nuevas canciones o cosas entretenidas que puedan interesarle a la gente. Mientras eso subsista, ahí vamos a estar. Pero si se acaba, está bien. El Quilapayún no es eterno. Es estúpido pensar que vamos a estar para siempre. De repente las cosas pasan y hay que tener la honradez de terminar y de decir ‘bueno, hasta aquí llegamos; no es necesario seguir’. Y si no seguimos, creo que está bien. Que lo hecho está muy bien. No tenemos por qué lamentarlo“, cerró Eduardo.

 





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