Trump intensifica su intervención en América Latina: "Se erige casi como una suerte de rey o emperador"

En las últimas semanas, el presidente estadounidense ha ejecutado una serie de acciones directas para influir en procesos políticos en países de la región, mientras refuerza un discurso para reinstalar la hegemonía de Washington sobre el continente.

En las últimas semanas, el presidente estadounidense ha ejecutado una serie de acciones directas para influir en procesos políticos en países de la región, mientras refuerza un discurso para reinstalar la hegemonía de Washington sobre el continente.

Estados Unidos ha intervenido históricamente en golpes de Estado, elecciones y procesos políticos en América Latina, pero ningún mandatario en las últimas décadas lo había hecho de forma tan abierta como Donald Trump. En las últimas semanas, la injerencia del actual presidente estadounidense volvió a quedar en evidencia: desde el respaldo explícito a candidatos afines en Honduras y Argentina, hasta sanciones económicas a Brasil y presiones diplomáticas sobre Chile y Colombia. A esto se suma el despliegue militar en el Caribe y una reinterpretación de la Doctrina Monroe, que Trump denomina ahora su propio “corolario” para reafirmar el control norteamericano del hemisferio. Para especialistas como Mladen Yopo, Edgardo Riveros y Heraldo Muñoz, se trata de una política exterior marcada por la imposición y la coacción.

El episodio más reciente de intervencionismo por parte de la administración de Donald Trump ocurrió en Honduras. A través de su red Truth Social, el inquilino de la Casa Blanca entregó un explícito respaldo al candidato de derecha Nasry Asfura —a quien calificó como “el único verdadero amigo de la libertad”— y prometió trabajar estrechamente con él si llega al poder. Asfura compite voto a voto la presidencia con otro candidato, Salvador Nasralla, a quien el mandatario estadounidense llamó “casi comunista”.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

Pero el apoyo no quedó solo en palabras. El viernes, Trump anunció que Estados Unidos indultaría a Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño condenado en ese país a 45 años de prisión por narcotráfico. Hernández pertenece al mismo partido de Asfura y el indulto se concretó durante esta jornada.

Y no se trata de un hecho aislado. Durante los últimos meses, Trump endureció su presencia política en la región. El secretario de Estado, Marco Rubio, descalificó públicamente al presidente de Colombia, Gustavo Petro, llamándolo “lunático”. Asimismo, sanciones económicas contra el mandatario colombiano y su familia por presuntos vínculos con el tráfico de drogas escalaron las tensiones diplomáticas entre Washington y Bogotá.

En Brasil, el gobierno estadounidense sancionó al juez a cargo del proceso por intento de golpe de Estado por parte del expresidente Jair Bolsonaro, un aliado de Trump. El castigo incluyó aplicar a Brasil el arancel más elevado de toda la nueva batería tarifaria: un 50%. Washington acusó que el Supremo Tribunal Federal estaba realizando una “cacería de brujas” contra Bolsonaro.

La intervención también llegó a Argentina. En la previa de las elecciones de medio término de octubre pasado, Trump reiteró su respaldo a Javier Milei y prometió un paquete de ayuda de 20 mil millones de dólares para fortalecer la economía argentina. Pero puso una condición: “Si él pierde, no seremos generosos con Argentina. Si no gana, nos vamos”, dijo días antes de los comicios. Finalmente, el partido de Milei salió victorioso. Pese a esto, la ayuda prometida no llegó.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúnen en Nueva York. Foto: Presidencia de Argentina.

El presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúnen en Nueva York. Foto: Presidencia de Argentina.

En Chile, la llegada del nuevo embajador estadounidense, Brandon Judd, abrió un intenso debate político. Apenas aterrizó en Santiago, Judd expresó preocupación por la posibilidad de que el próximo gobierno no se alineara con los intereses de Estados Unidos. Sus declaraciones fueron criticadas como un intento de influir en el proceso electoral y resultaron en una nota de protesta por parte de la Cancillería chilena.

Y en Venezuela —donde no hay elecciones inmediatas en las cuales incidir— Trump ha sugerido incluso el uso de fuerza militar para remover a Nicolás Maduro. Esto se suma al despliegue del portaaviones más grande del mundo en el Caribe y al cierre del espacio aéreo anunciado por Washington, aumentando la tensión regional.

Un liderazgo autocrático 

En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, el doctor en Ciencia Política e Investigador del Programa de Política Global de la Universidad SEK-Chile, Madlen Yopo, detalló que estas injerencias por parte de Estados Unidos responden al liderazgo que tiene Donald Trump, el cual calificó como “autocrático”. 

Él se erige casi como una suerte de rey o emperador, capaz de dirigir los destinos de sus colonias. Lo veo así: un hombre que maneja el país como si fuera su empresa, de acuerdo a sus intereses, percepciones y pensamientos”, puntualizó.

Trump caminado mientras usa un jockey rojo con las siglas USA. Detrás de él se ven banderas de EE.UU.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

En esa línea, Yopo afirmó que Trump no sigue las normas clásicas de las relaciones entre Estados. “Más bien impone cosas y actúa con una lógica transaccional: lo que le sirve o no le sirve, lo que le cuesta o no le cuesta, pero siempre imponiendo la fuerza que tiene Estados Unidos. Así lo ha hecho con los aranceles -los ha quitado, los ha puesto, los ha vuelto a poner- y así siempre obtiene un rédito”.

Por su parte, el exsubsecretario de Relaciones Exteriores y director del Centro de Estudios de Política Internacional de la U. Central, Edgardo Riveros, dijo a nuestro medio que lo realizado por Trump “son intervenciones que exceden la legitimidad de lo que un jefe de Estado debe hacer respecto de otro jefe de Estado”.

“Son opiniones que, indudablemente, se sitúan dentro de la jurisdicción interna de los países. Cualquier persona sin una investidura de esa naturaleza puede opinar, pero cuando proviene de un jefe de Estado -quien representa a su país y conduce las relaciones internacionales- adquiere una dimensión especial. Y, por supuesto, pueden catalogarse como intervencionismo indebido”, resaltó Riveros.

A su vez, el excanciller Heraldo Muñoz explicó que las situaciones son distintas entre sí: “El apoyo a Argentina mediante el préstamo swap es muy diferente de lo dicho por el presidente Trump respecto de las elecciones en Honduras, donde ha presionado para que el candidato más cercano a él sea elegido presidente”.

Heraldo Muñoz.

Heraldo Muñoz.

“Pero lo que hay que subrayar es que, si Estados Unidos quiere tener una buena relación con América Latina, debe basarse en el respeto mutuo, el derecho internacional, la cooperación y no la coacción, sino la negociación”, resaltó Muñoz.

El excanciller enfatizó que frente a estas situaciones, es importante subrayar los principios del relacionamiento internacional. “El respeto a los códigos, al derecho internacional, y evitar volver a épocas donde Estados Unidos imponía su voluntad en la región”.

Doctrina Monroe y Corolario Trump

Este martes se cumplieron 202 años desde la proclamación de la Doctrina Monroe, aquella política exterior anunciada en 1823 que advertía que cualquier intervención europea en América sería considerada una agresión contra Estados Unidos.

Con el tiempo, ese principio derivó en una máxima conocida: “América para los americanos”, que en la práctica significó décadas de intervenciones, golpes de Estado y presión política sobre la región.

Donald Trump aprovechó el aniversario para anunciar lo que él llamó el “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe: una actualización que reafirma el control estadounidense sobre el continente. En su discurso, afirmó:  “El pueblo estadounidense -no las naciones extranjeras ni las instituciones globalistas- siempre controlará su propio destino en nuestro hemisferio”.

Y enumeró acciones recientes: reforzar el dominio marítimo, intervenir en cadenas logísticas internacionales y restablecer lo que llamó un “acceso privilegiado” al Canal de Panamá.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apuntando con el dedo.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

Riveros afirmó que “si uno une el contenido original de la Doctrina Monroe -“América para los americanos”- con la expresión actual del presidente Trump de “Estados Unidos primero”, se genera una amalgama que sitúa los intereses estadounidenses en primer lugar”.

“Y uno podría interpretar legítimamente que, dentro de esa política, se incluye una suerte de dominación o preeminencia sobre el continente americano en su conjunto”, complementó.

Por su parte, Yopo manifestó que esta doctrina “no es América para los americanos, sino para los estadounidenses, porque americanos somos todos, incluyendo también a México y Canadá. Pero lo que plantea esta visión es, en realidad, América para los estadounidenses. Y desde esa perspectiva, Estados Unidos tiene intereses claros y de distinto tipo”.

Yopo detalló que están las materias primas y también el interés de limitar la presencia o inserción de terceros actores en la región, como China, Rusia, Irán e incluso países como India, que está entrando ahora con mayor fuerza. “Se trata, en el fondo, de contener esa expansión porque hay una competencia estratégica por la hegemonía global”, sumó.

En ese contexto, resaltó que “esta nueva versión de la doctrina Monroe, aplicada de manera multidimensional, está teniendo un impacto negativo en la región y en especial en las democracias, que hoy viven un debilitamiento de sus valores fundamentales. Es un fenómeno que está perjudicando a toda la región”.

Mientras Donald Trump intenta instalar un nuevo orden hemisférico, América Latina observa con preocupación una injerencia que, lejos de disminuir, parece intensificarse. 





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