La apuesta de Trump por Venezuela fractura a los republicanos y lo enfrenta con el electorado

La ofensiva de la Casa Blanca en América Latina, su distanciamiento de Europa y el polémico despliegue militar en el mar Caribe desatan una fractura interna en Estados Unidos a un año de las elecciones de medio término de 2026.

La ofensiva de la Casa Blanca en América Latina, su distanciamiento de Europa y el polémico despliegue militar en el mar Caribe desatan una fractura interna en Estados Unidos a un año de las elecciones de medio término de 2026.

Si hay algo que caracteriza al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es su capacidad para no dejar indiferente a nadie y manejar la agenda mediática a su antojo. Desde su regreso al Despacho Oval, y en menos de un año, ha logrado transformar con una vertiginosa rapidez el tablero político global, impulsando una agenda que sacude las relaciones exteriores, la seguridad hemisférica, las alianzas estratégicas y, por supuesto, la política interna.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional presentada por Trump dejó en claro cuál es su visión para Estados Unidos, en este nuevo escenario internacional marcado por el ascenso de potencias emergentes, la competencia global por recursos estratégicos y un clima de tensiones acumuladas en múltiples regiones.

Para Trump, el diagnóstico es sencillo, Estados Unidos ha perdido terreno y debe recuperar su rol preponderante. Y para hacerlo considera imprescindible retomar el control de lo que históricamente los gobiernos estadounidenses han denominado su “hemisferio”, o más crudamente, su “patio trasero”. En ese diseño geopolítico Europa queda relegada a un segundo plano, sacrificada en favor de un giro profundo hacia América Latina y el Caribe.

Sin embargo, su estilo agresivo no ha sido gratuito. El presidente enfrenta el desafío de unas elecciones de medio término que podrían redefinir su margen de maniobra. Si pierde su mayoría legislativa, un nuevo proceso de «impeachment» podría reaparecer como una sombra latente.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Casa Blanca.

La apuesta de Trump por declarar una “guerra” contra el narcotráfico, uno de los problemas más sensibles para el electorado estadounidense, se tradujo en el mayor despliegue naval en décadas sobre las costas venezolanas bajo la llamada “Operación Lanza del Sur”. Aunque en la región solo encontró cuestionamientos abiertos del presidente colombiano Gustavo Petro, la verdadera resistencia surgió dentro de su propia país, especialmente entre sectores republicanos que observan con preocupación una escalada militar sin límites claros.

El escenario interno está fracturado. El debate sobre las decisiones del presidente en materia de América Latina, Venezuela y el distanciamiento con Europa divide profundamente tanto a demócratas como a republicanos, incluyendo al movimiento MAGA. La operación militar en el Caribe y en el Pacífico, que incluye ataques letales contra presuntas narcolanchas venezolanas —que ha dejado al menos 87 muertos—, se ha convertido en un tema polémico en el Congreso. La controversia gira en torno a tres ejes: la legalidad, la ética y el proceso de autorización.

El punto más crítico es si Trump ha excedido sus facultades al iniciar acciones militares sin autorización explícita del Congreso. Diversas resoluciones impulsadas por legisladores demócratas y algunos republicanos libertarios buscan impedir que el presidente inicie una guerra con Venezuela sin un debate formal y una votación correspondiente. Argumentan que Estados Unidos no ha declarado la guerra a Venezuela ni ha aprobado una ley habilitante para el uso de la fuerza.

El Senado, por su parte, rechazó una moción clave para frenar o limitar las operaciones, evidenciando la profundidad de la división interna. Los republicanos más leales a Trump sostienen que estas acciones corresponden a una estrategia de autodefensa frente al narcoterrorismo. Sin embargo, el discurso se debilitó cuando Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos a 45 años por tráfico de drogas y armas. Peor aún, las propias agencias de inteligencia han reiterado que la mayor parte de la droga ingresa al país a través del Pacífico, por rutas que involucran principalmente a Colombia y México, no a Venezuela.

Imágen de la embarcación bombardeada por Estados Unidos

Lancha atacada por la armada estaodunidense cerca a las costas de Venezuela. Vía Truth Social Donald Trump 03/09/2025.

Este conflicto escaló al punto de provocar la remoción del jefe del Comando Sur, el almirante Alvin Holsey, tras discrepancias con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, sobre el manejo de la operación. Al mismo tiempo, una encuesta del propio Congreso reveló que el 70% de los estadounidenses se opone a la intervención en Venezuela. El mensaje de mano dura puede resonar entre la base republicana más fiel, pero la escalada militar directa preocupa profundamente a un electorado que recuerda la promesa de campaña de Trump, “sacar a Estados Unidos de todas las guerras”.

A este debate se suma la controvertida intervención explícita del gobierno estadounidense en procesos electorales latinoamericanos, apoyando abiertamente a ciertos candidatos. Para los partidarios de Trump, esto es parte natural del llamado “Corolario Trump”, una actualización de la Doctrina Monroe que busca asegurar que el hemisferio permanezca bajo influencia ideológica y geopolítica de Washington frente a las izquierdas regionales y los intereses de China y Rusia.

Para sus detractores, se trata del retorno del intervencionismo del siglo XX, operaciones encubiertas, presión diplomática y apoyo a gobiernos afines, con consecuencias profundas para la imagen de Estados Unidos.

El giro hemisférico también implica un distanciamiento importante con Europa y con la OTAN. La postura “América Primero”, reforzada con duras críticas a los líderes europeos, plantea que Estados Unidos debe reducir costos de defensa y concentrarse en la región. Aquello genera un choque frontal con los sectores tradicionalistas del Partido Republicano y con los demócratas, quienes consideran que abandonar Europa es un error estratégico que debilita la arquitectura de seguridad occidental frente a Rusia y China.

Además, la estrategia de Trump de apoyar a partidos ultraderechistas en Europa, con el objetivo de erosionar las instituciones comunitarias desde adentro, provoca alarma entre expertos, diplomáticos y opositores internos.

Trump junto a los líderes europeos, en una imágen simbolica de asimetría entre UE y US

Donald Trump junto a los líderes europeos, en una imagen simbólica de asimetría entre UE y US. Vía X@WhiteHouse 19/09/2025

Todo este clima de polarización se proyecta directamente hacia las elecciones de medio término de 2026 en el país norteamericano, que se realizarán en noviembre. Estamos a un año del proceso, pero las tendencias ya comienzan a dibujarse. Como dicta la historia, el partido del presidente suele perder escaños en esta instancia, y los republicanos enfrentan un panorama incierto.

La Cámara de Representantes, donde se renuevan los 435 escaños, es especialmente sensible al humor nacional. La mayoría republicana es estrecha, el partido apuesta al gerrymandering (redibujar los distritos para conseguir ventajas) en estados como Texas y Carolina del Norte, pero los demócratas han logrado avances judiciales en algunos casos clave. El desenlace dependerá en gran parte de cómo evolucionen los índices de aprobación de Trump en los distritos pendulares. Su discurso de guerra cultural podría movilizar a su base, pero corre el riesgo de alienar al votante centrista.

En el Senado, la batalla es aún más compleja. La mayoría de los escaños en disputa en 2026 pertenecen a estados de fuerte tendencia republicana. Los demócratas necesitan cuatro escaños para recuperar la mayoría, lo que parece difícil pero no es imposible, debido a las luchas internas entre republicanos y la falta de candidatos definidos en estados como Georgia o Carolina del Norte.

Simultáneamente, el Partido Republicano ha intensificado sus esfuerzos para restringir el voto, mediante leyes que buscan limitar el voto por correo o exigir prueba de ciudadanía.

Por otro lado, la economía también podría jugar un papel decisivo. Aunque la llamada “burbuja de la inteligencia artificial” ha sostenido indicadores macroeconómicos, la guerra comercial impulsada por el presidente y el alza de aranceles han generado estancamiento en sectores clave.

Las recientes elecciones municipales, que actuaron como primer termómetro, mostraron un repunte demócrata y un crecimiento de figuras de izquierda como Zorhan Mamdani en Nueva York o el senador Bernie Sanders, ambos de los Socialistas Demócratas de América.

Trump llega a este escenario con índices de aprobación extraordinariamente bajos para un presidente en ejercicio, entre 33% y 42% según distintas encuestas, con desaprobaciones que alcanzan el 63% en algunas mediciones. Un núcleo duro lo respalda sin condiciones, pero la mayoría del país manifiesta un creciente cansancio.

En este clima de tensión, polarización y redefinición estratégica, la política estadounidense en 2026 se proyecta como un escenario completamente polarizado, donde los grandes temas culturales y los conflictos globales dominarán la discusión, dejando poco espacio para los matices y convirtiendo estas elecciones en un referéndum directo sobre la forma en que Trump ha decidido enfrentar, reinterpretar y confrontar el lugar de Estados Unidos en el mundo.





Presione Escape para Salir o haga clic en la X