La llegada de José Antonio Kast a la Presidencia de Chile se produce en un momento particularmente complejo del escenario internacional. Más que explicar en detalle las causas de los cambios globales en curso, lo relevante hoy es comprender qué margen de acción tendrá su gobierno frente a un mundo marcado por la incertidumbre, la rivalidad entre potencias, la revolución tecnológica y una creciente presión sobre la seguridad y la economía de los Estados.
Chile enfrenta este nuevo ciclo como un país de tamaño medio, altamente abierto al comercio internacional y dependiente de un entorno global estable. En ese contexto, el principal desafío para el gobierno de Kast será adaptar la política exterior chilena a un sistema internacional más fragmentado, sin sacrificar los intereses económicos estratégicos del país ni su capacidad de maniobra diplomática.
Uno de los primeros ejes de la nueva administración será un giro en la política exterior hacia una posición explícitamente alineada con sectores conservadores y de derecha a nivel internacional. A diferencia de la ambigüedad estratégica que caracterizó a gobiernos anteriores, Kast ha planteado una política exterior centrada en el interés nacional, la seguridad y la cooperación con países ideológicamente afines. Esto implica un acercamiento directo a Estados Unidos, particularmente al entorno político de Donald Trump, con quien comparte diagnósticos sobre migración, seguridad y desregulación económica.
En términos prácticos, este alineamiento podría traducirse en una intensificación de la cooperación con Estados Unidos en materias de seguridad regional.

El candidato presidencial del Partido Republicano, José Antonio Kast, en el Encuentro Nacional de La Empresa 2025. Foto: Aton.
El gobierno de Kast tendría margen para profundizar los vínculos con el Comando Sur en áreas como control fronterizo, combate al crimen organizado, narcotráfico y trata de personas, que constituyen pilares centrales de su agenda interna. Chile podría posicionarse como un socio confiable en materia de seguridad en el Cono Sur, reforzando el intercambio de inteligencia y la modernización de capacidades militares.
Sin embargo, esta estrategia no está exenta de riesgos para Kast. Un alineamiento demasiado rígido con Washington podría reducir el margen de autonomía de Chile en un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos y China. El republicano deberá administrar cuidadosamente este equilibrio, especialmente considerando que China es el principal socio comercial del país.
Más que una ruptura, lo esperable sería una estrategia pragmática que permita fortalecer la cooperación con la Casa Blanca en seguridad y tecnología, sin comprometer los vínculos comerciales con Pekín.
Este dilema se expresa con especial claridad en el sector de los minerales críticos, particularmente el litio. El gobierno de Kast enfrentará presiones para facilitar una mayor participación estadounidense en la cadena de valor del litio, integrando a Chile en un circuito de suministro considerado estratégico por Washington. En esa lógica, el presidente electo podría guiar su política en impulsar incentivos regulatorios y tributarios para atraer inversión estadounidense, promoviendo nuevos proyectos de extracción y procesamiento.

Imagen referencial de la guerra comercial China y Estados Unidos. Generada por inteligencia artificial con asistencia de ChatGPT.
Al mismo tiempo, deberá mantener a China como un comprador clave, evitando medidas que puedan interpretarse como una exclusión deliberada. Sin embargo, un crecimiento de las inversiones en programas de extracción o procesamiento también pondrán en tensión la tolerancia ambiental del país, un punto que no está bajo las principales preocupaciones del republicano.
En este escenario, el rol del Estado bajo Kast tendería a ser el de un facilitador del mercado, reduciendo barreras burocráticas y acelerando permisos para proyectos estratégicos. Esta lógica se alinea tanto con su programa económico como con los intereses de grandes actores tecnológicos y energéticos internacionales, que ven en Chile un destino atractivo para inversiones de largo plazo.
Otro ámbito donde Kast podría marcar diferencias es en la política regional. Su gobierno probablemente buscará estrechar lazos con gobiernos de derecha o conservadores en América Latina, priorizando la cooperación práctica por sobre la afinidad ideológica declarativa.
Sobre lo anterior, este lunes entregó una primera señal, pues está confirmado que este martes 16 de diciembre viajará a Argentina a reunirse con el presidente Javier Milei. En este marco, Chile podría impulsar una agenda regional centrada en seguridad, migración y liberalización económica, revitalizando mecanismos como la Alianza del Pacífico o participando activamente en foros como PROSUR y la OEA, mientras adopta una postura más distante y crítica frente a espacios como la CELAC, así como podríamos descartar por los próximos cuatros años la participación de Chile en los BRICS.

José Antonio Kast y Javier Milei.
La relación con los países vecinos también será clave. Kast podría priorizar acuerdos bilaterales con Bolivia, Perú y Argentina en materias de control fronterizo y combate al crimen transnacional, con el objetivo de gestionar la presión migratoria y reforzar la seguridad interna. En este punto, la política exterior se convierte en una extensión directa de la agenda doméstica.
En el caso de Venezuela, el margen de acción de Kast será limitado, pero políticamente significativo. Ya ha dejado ver una postura clara frente a la posibilidad de un ataque norteamericano sobre Venezuela y Maduro. Sin embargo, cualquier escalada regional que derive en un aumento de los flujos migratorios pondrá a prueba la viabilidad de las promesas de control y expulsión de migrantes irregulares.
Desde una perspectiva ideológica y pensando en alianzas fuera de la región, el gobierno del republicano también podría redefinir la relación de Chile con Israel, descartando participar en sanciones o medidas de presión en foros internacionales y retomando una política de vínculos tradicionales. Este giro reforzaría su inserción en redes políticas conservadoras globales y marcaría una ruptura con enfoques anteriores más críticos.
En el plano tecnológico, Kast enfrentará el desafío de posicionar a Chile frente a la revolución de la inteligencia artificial. Su enfoque pro-mercado y de desregulación podría traducirse en un entorno atractivo para empresas tecnológicas interesadas en instalar centros de datos y desarrollar infraestructura digital en la región. Chile podría presentarse como una plataforma estable, con reglas claras y bajos niveles de interferencia estatal, alineándose con la visión de grandes empresarios tecnológicos que privilegian la rapidez y la flexibilidad regulatoria.

El candidato presidencial José Antonio Kast, en su cierre de campaña en Temuco. Ricardo Ulloa/Aton Chile.
No obstante, este camino también plantea desafíos concretos, especialmente en materia energética. El gobierno de Kast deberá decidir cómo equilibrar la llegada de inversiones intensivas en consumo energético con la capacidad del sistema eléctrico nacional, evitando cuellos de botella que puedan generar costos sociales, políticos y/o ambientales. El eje será que tan dispuesto se estará a sacrificar el medio ambiente y la seguridad energética con tal de promover estas inversiones.
En el ámbito multilateral, más que un retiro, lo esperable es una participación selectiva. Kast mantendrá la presencia de Chile en foros clave como APEC, la Cumbre Iberoamericana y las COP de cambio climático, pero con un enfoque más pragmático y menos discursivo. En el caso del cambio climático, el énfasis podría desplazarse desde el activismo hacia la rentabilidad de la transición energética y la atracción de inversión privada en energías limpias.
El gobierno también deberá continuar la implementación de acuerdos internacionales ya ratificados, como el CPTPP y los tratados de libre comercio con la Unión Europea y China, entendiendo que estos instrumentos son fundamentales para su estrategia de crecimiento económico. En defensa, es probable que se refuercen los acuerdos de cooperación existentes, con foco en modernización militar y seguridad regional.
Finalmente, Kast heredará responsabilidades estratégicas de largo plazo, como el Tratado Antártico, donde Chile debe resguardar su rol histórico y su proyección geopolítica en un espacio cada vez más relevante.
En suma, el gobierno de José Antonio Kast enfrentará el desafío de ajustar la política exterior chilena a un mundo más duro y competitivo. Por un lado se ofrece la posibilidad de apostar por el alineamiento selectivo o la ambigüedad estratégica, el pragmatismo económico y una fuerte vinculación entre política interna y acción internacional. O, por el contrario, seguir las declaraciones ideológicas más que moldear sus capacidades para navegar un escenario global en permanente transformación, sin comprometer los intereses estratégicos de Chile.






