Son varios los análisis políticos emergidos a pocos días de la definición presidencial que alzó al republicano José Antonio Kast como presidente electo. Revisiones del proceso electoral que no solo han abordado la estrategia de campaña de la carta del oficialismo, Jeannette Jara, sino también las diversas razones —históricas y recientes— que contribuyeron a la llegada de la extrema derecha al Palacio de La Moneda.
Es en ese contexto que la diputada Ana María Gazmuri (Acción Humanista) instó, primeramente, a no culpar a la exministra del Trabajo por la derrota. «Hay muchos elementos que uno podría entrar a mirar para analizar y explicar el momento político que estamos viviendo», declaró la parlamentaria en conversación con primera edición de Radioanálisis.
«Un momento al que, evidentemente, desde el sector que yo represento, no hubiéramos querido que llegara. Eso es evidente y hay que partir por reconocer aquello. Y otra cosa que para mí es fundamental al comenzar cualquier análisis es relevar la extraordinaria calidad de la candidata que tuvimos en el oficialismo. Creo que aquí es muy importante descartar desde el inicio cualquier responsabilidad de ella en este resultado, porque obtuvo uno más allá de lo esperable y de lo que nadie imaginó al principio de este proceso, cuando se presentó a la primaria, y eso es importante reconocerlo», añadió.

Gabriel Boric y José Antonio Kast. Dragomir Yankovic/Aton Chile
Por eso, destacó «la extraordinaria calidad, la resiliencia, la templanza de esta candidata para enfrentar escenarios difíciles, que evidentemente lo fueron desde el principio. Nunca hubo una proyección de que esto fuera a ser fácil. En ese sentido, habiendo incluso aumentado la votación obtenida por el sector, es importante reconocer a esta gran candidata, que la tuvimos en un momento en que no estaban las circunstancias como para haber podido anotar un triunfo, sumado, por supuesto, a este arraigado anticomunismo y que, particularmente, considerando ese factor, el resultado de ella es aún más espectacular en su desempeño».
En cambio, la diputada sí reconoce un clima social que viene instalándose desde los años de la dictadura y que se relaciona con la despolitización de la ciudadanía. «Desde el humanismo nunca hemos estado a favor del voto obligatorio; de hecho, no votamos a favor porque creemos profundamente en la libertad de las personas y que es desde esa libertad que hay que convocarlos a hacerse parte de los procesos políticos. Pero nuestra mirada perdió, fue minoritaria», conectó Gazmuri.
«Ahora —continuó—, por supuesto que si pensamos en un escenario de voto obligatorio, eso tiene que estar acompañado, sí o sí, de la educación cívica y una cierta politización de la población. Y que hoy podemos leerlo incluso como un triunfo póstumo de la dictadura: esta despolitización de la población».

Diputada de Acción Humanista, Ana María Gazmuri. Foto: Aton.
Al respecto, explicó que es importante recordar que: «Fue un intento y una decisión el hacer esto con la ciudadanía chilena y estigmatizar lo político permanentemente. Incluso, vemos que hoy sigue esa pulsión en la derecha y la ultraderecha, de ponerse en el lugar de que no son políticos, como si fueran distintos. Porque se ha estigmatizado lo político. Y eso obviamente despolitizó a la ciudadanía, sumado a lo que es nuestro modelo, que fomenta el individualismo, el ‘ráscate con tus propias uñas’. Así se genera un caldo de cultivo para que esta masa votante, que no ha estado interesada realmente en los procesos políticos, pero que sí siente en carne propia y en su vida las dificultades, se manifiesten cuando se ven obligadas a participar».
Una reacción que, generalmente, «es en contra de lo que está. O sea, del gobierno de turno, en contra de lo que está establecido. Y sabemos que la derecha y la ultraderecha sabe hablarle a esa población despolitizada de una manera más asertiva, apuntando a sus emociones. Eso es un hecho de la causa y que hay que saber observarlo. Por eso, creo que es muy complejo y que fue un error empujar el voto obligatorio sin acompañarlo de los procesos de formación ciudadana que corresponden, como la educación cívica, para que sean ciudadanos informados, conscientes de las decisiones que están tomando, que no sean capturados en esta pulsión entre el miedo y la esperanza».

