Antes de si quiera sospechar que conquistaría un lugar entre los padres del rock argentino, Roberto Sánchez ya presentía que su nombre estaba dispuesto para cosas grandes. En los años 60 —y con una carrera musical incipiente— practicaba la firma que eventualmente estamparía en los autógrafos de sus fanáticas, mientras custodiaba el pasaporte que esperaba ansioso el timbre de los aeropuertos internacionales ubicados en las ciudades donde soñaba aterrizar para cantar.
Una meta que, de hecho, conquistó por primera vez en este lado de la cordillera, cuando llegó para presentarse en el Festival de Viña del Mar. «Nada podía indicar que él iba a viajar fuera de nuestro país, de Argentina», explicó Graciela Guiñazú, periodista y biógrafa del hombre que popularizó su cancionero bajo el pseudónimo de Sandro. «Pero gracias a ‘Quiero llenarme de ti’, que es la canción con la que ganó el primer Festival Buenos Aires de la Canción el 24 de octubre de 1967, fue invitado rápidamente a participar del Festival de Viña. De hecho, el 31 de enero se cumplen 58 años de su primera vez en Chile para debutar el 2 de febrero en la Quinta Vergara«.
Algo que es definido por la autora como el comienzo de su internacionalización: «Siempre digo que la conquista de América empezó en Chile, porque eso le permitió dimensionar, creo yo, todo ese mundo de sensaciones que él prometía en ‘Tengo’. Fue allí que pudo verlo para sí mismo».

Sandro, emblemático artista argentino.
Desde entonces que la carrera del argentino no hizo más que crecer. Así, y a 16 años de su partida, la figura de Sandro continúa encantando a generaciones de fanáticos que reconocen en él un talento y un magnetismo difícil de encontrar. Tanto así que incluso es considerado por varios expertos como el símil latinoamericano de un artista tan trascendental para la historia mundial del rock como lo es Elvis Presley.
«En Latinoamérica, los comienzos del rock siempre fueron muy de incorporar un producto cultural de la América anglosajona, con toda la tensión que eso implicaba. Es decir, en el continente—y hablo de Chile, Argentina, Perú, etc.— se empieza a escuchar rock and roll a la par que empieza a bautizarse en Estados Unidos como tal, por allá por el 51. O sea, en Chile también se estaba escuchando rock and roll», contextualizó el académico y doctor en Historia, César Albornoz.
«En Estados Unidos se da una situación que es muy particular, y que es una especie de misterio para los rockólogos y escritores de rock. Se trata de una ‘domesticación’ del rock and roll, cerca de la fecha que llaman ‘el día que murió la música’, cuando fallece Ritchie Valens y Buddy Holly. Más o menos por el mismo tiempo, el año anterior, Elvis se va a hacer el servicio militar a Alemania. En paralelo, Little Richard se mete en esto de los hábitos del servicio de la iglesia protestante y se transforma en pastor, entre varias cosas más», añadió el experto.

Sandro, emblemático artista argentino.
Es en ese momento donde se instalan nombres como Frankie Lymon, Neil Sedaka y Paul Anka en lo que luego sería bautizado como el «slow rock«. Una corriente más tranquila, «no con el chico salvaje, sino que con el joven apuesto que no tiene problema para ser el yerno del adulto», afirmó Albornoz, y que en esta parte del mundo se traduce en fenómenos como la Nueva Ola y El Club del Clan en Argentina.
«Sandro, en cambio, no forma parte de eso. Tiene un rollo distinto. Sandro y Los de Fuego no están en esta especie de mainstream. Y eso le permite, de alguna forma —y esto es una especulación, no me consta—, tener cierta autonomía para todo su desplante escénico y potencia, que no tenían los músicos de El Club del Clan. Porque si tú escuchas a esa generación es más el Elvis de los años sesenta y tanto. En cambio, Sandro desde el 57 hasta fines de los 60 es escuchar al Elvis original«, consignó el académico.
Un hecho de la causa que devela parte de las singularidades que transformaron al gitano en un artista único en su especie, capaz de moverse entre géneros y estilos sin abdicar el trono del padre del rock argentino.
El viaje hacia la consagración
Con el paso de los años, Graciela Guiñazú se perfiló orgánicamente como la biógrafa de Sandro. Como periodista de Crónica Televisión le tocó varias veces reportear en las afueras de su casa, ubicada en la zona sur del conurbano bonaerense de la provincia de Buenos Aires, aunque tuvo que pasar un tiempo hasta que se cruzara por primera vez con el ídolo en persona.
«Recién en junio de 1996 lo vi por primera vez, durante el espectáculo ‘Historia Viva‘ en San Nicolás, un lugar muy significativo para él espiritualmente. Y a partir de ahí empezamos esta relación periodística. Era un artista exclusivo del canal, así que nos concedía entrevistas mano a mano y fuimos forjando esa relación, hasta que a fines del 2003 me propusieron escribir un libro sobre él. Yo le decía don Sánchez, tampoco era que lo veía cuando yo quería, vamos a aclarar eso. En febrero de 2004 le pedí autorización para escribir el primer libro, que se llamó ‘Sandro, el ídolo que volvió de la muerte‘, que hace referencia a lo que él había vivido», confidenció Guiñazú.

Sandro, emblemático artista argentino.
«Por un lado, en lo personal, había tenido un episodio muy importante que lo tuvo al borde de la muerte. Ahí escribió ‘Me fui y volví‘ para su último espectáculo, que fue ‘La profecía’ del 2004″, dijo la periodista haciendo referencia al enfisema pulmonar que lo afectó en esos años.
«Y por otro, lo que le había pasado a él como artista. Él había alcanzado una cima que no podemos ni siquiera hoy dimensionar porque era un mundo totalmente distinto, sin redes sociales, donde era todo muy artesanal, como contaba él. Y en los 90 revalidó todos los títulos y se convirtió en una leyenda estando vivo«, explicó. Lo anterior, justo después de que ciertos sectores buscaran desacreditar su estatus.
«Es súper interesante lo que pasó, porque Sandro fue pionero del rock en español y del rock argentino. Incluso aquellos también leyendas de nuestro rock, como Moris o Javier Martínez, le decían ‘el pionero de los pioneros’. Pero en aquel momento, cuando se pasa a la balada romántica o a otro tipo de género, muchos de los rockeros, o más bien los periodistas especializados, le fueron quitando ese mérito. Y cercano a los noventa es que todos los rockeros de la primera hora empezaron a reivindicar eso», afirmó la escritora.
Entre ellos, ídolos de la talla de León Gieco, Charly García, Pedro Aznar, Papo y Raúl Porchetto. «Artistas que en Argentina tienen una importancia vital», destacó Guiñazú. «Y después vino ese regalo que le hicieron los rockeros de otras generaciones en un disco del que también participó Gieco y algunos músicos chilenos, que se llamó ‘Tributo a Sandro‘. Un disco de rock donde una de las versiones más populares es la de Divididos con ‘Tengo'».
Es por todo eso que afirma que «al día de hoy, a 16 años de su desaparición física, distintos artistas de nuestro país, de Argentina y del exterior siguen todo el tiempo rindiéndole tributos de distintas maneras, con duetos creados a través de la tecnología o con reversiones de su música. Y eso es para mí lo más maravilloso que Don Sánchez supo construir, desde un amor genuino y la admiración del resto de los artistas que lo admiran».

Los músicos argentinos Sandro, Pedro Aznar y Charly García.






