Imagina que estás en un taco camino a casa, pero en lugar de aceptar el tráfico, tu mente revive una discusión de la mañana o se adelanta a lo que tendrás que cocinar al llegar. O piensa en cuando juegas con tus perros en el parque, pero tu atención está puesta en un correo que no alcanzaste a responder. Esa falta de sintonía entre lo que hacemos y lo que pensamos es más común de lo que parece: las personas pasan cerca del 46,9% del tiempo despiertas con la mente en un lugar distinto de donde está su cuerpo.
Este fenómeno, conocido como divagación mental, fue analizado en la investigación “A wandering mind is an unhappy mind“, realizada por los psicólogos de la Universidad de Harvard Matthew A. Killingsworth y Daniel T. Gilbert. El estudio se basó en cerca de un cuarto de millón de registros obtenidos a través de una aplicación móvil y consideró la participación de 5 mil personas en 83 países.
Los resultados mostraron que la mente tendía a divagar durante la mayoría de las actividades cotidianas. Según los investigadores, incluso cuando esos pensamientos se dirigían hacia recuerdos agradables, las personas no reportaban mayores niveles de felicidad que cuando se mantenían concentradas en lo que estaban haciendo.
El académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Claudio Araya, explicó que este fenómeno ayudaba a entender por qué muchas personas experimentaban ansiedad o malestar incluso en situaciones tranquilas. “Este informe confirmó que lo que estamos pensando es un predictor de nuestra felicidad mucho más potente que lo que estamos haciendo”, señaló.

Imagen alusiva a la preocupación. Foto: archivo CANVA.
En ese sentido, sostuvo que el bienestar dependía menos de las circunstancias externas —como el tráfico o las tareas domésticas— y más de la capacidad de dirigir la atención. “El cerebro humano viene programado para este ‘viaje mental’ como una ventaja para aprender y planificar, pero el costo emocional es quedar atrapados en un modo de operación por defecto que nos desconecta de la vida”, afirmó.
Frente a este escenario, Araya planteó que no era necesario realizar grandes cambios para recuperar la atención en el presente, sino entrenar la capacidad de observar lo que ocurre en el momento. “Para dejar de vivir en piloto automático no necesitamos grandes cambios logísticos, sino entrenar el músculo de la presencia”, indicó.
Como ejemplo, mencionó un ejercicio simple llamado “pausa de los sentidos”. “Cuando notes que tu mente huyó al pasado o al futuro, detente un segundo y nombra tres cosas que estás viendo, dos que estás escuchando y una que estás tocando en ese preciso instante”, explicó.
El académico añadió que el objetivo no era evitar que la mente divagara, sino reconocer ese proceso. “Volver al cuerpo es la forma más rápida de volver al presente. La clave no es prohibirle a la mente que divague, sino darnos cuenta de que lo está haciendo para invitarla a regresar amablemente a lo que estamos viviendo ahora”, concluyó.






