Federico Galende y las posibilidades simbólicas: "Es lindo pensar el caballo de Baquedano como un testigo de los sueños"

En "El mínimo animal", el académico de la U. de Chile explora cruces entre memoria, historia y escritura a partir de la figura del caballo, proponiendo una reflexión sobre el tiempo, el deseo y las formas de narrar lo común.

En "El mínimo animal", el académico de la U. de Chile explora cruces entre memoria, historia y escritura a partir de la figura del caballo, proponiendo una reflexión sobre el tiempo, el deseo y las formas de narrar lo común.

Un puñado de páginas pueden abrir un mundo entero cuando la escritura decide desbordar sus propios límites. En “El mínimo animal”, el filósofo y académico de la Universidad de Chile, Federico Galende, propone un cruce entre memoria, política, arte y autobiografía, tomando como punto de partida una figura tan cargada de historia como el caballo.

Consultado por el origen del libro, Galende reconoce una incertidumbre inicial que se transforma en motor creativo: “La verdad es que se puede decir que uno no sabe”. Es desde ahí que explica que su búsqueda fue deliberada. “Estuve buscando un tema que se alejara lo más posible de una posibilidad sobre la que para mí existiera la escritura”, señaló Galende.

En ese recorrido, el caballo aparece como una imagen que permite abrir múltiples capas de sentido. “Es una vieja memoria de infancia a la que se le hacen diferentes recorridos”, señala, vinculando esta figura con procesos históricos más amplios. “El caballo es, de alguna manera, el fundamento de las formas lineales de la historia. Es decir, de los avances patriarcales de la historia”.

Federico Galende, filósofo y académico UCHILE.

Federico Galende, filósofo y académico UCHILE. Foto: U. de Chile.

El autor también recoge una idea del historiador Reinhard Koselleck para profundizar esa reflexión, y que expresa que “la historia se termina cuando los hombres se bajan del caballo”. A partir de ello, plantea un desplazamiento conceptual: “No es que se termine la temporalidad, sino que se termina el concepto de historia, el progreso histórico, pero aparece otra temporalidad”, asociada a luchas y procesos que ya no avanzan en una dirección única.

Sin embargo, Galende insiste en que el centro del libro no está en su tema aparente. “No es el caballo, sino los ritmos de la propia escritura”, afirma, subrayando una apuesta formal que tensiona la relación entre contenido y lenguaje. En esa línea, agrega que “no hay una forma de escritura, sino que hay una escritura que tiene invariables formas”.

Esa búsqueda también se expresa en la voz narrativa, que evita un registro exclusivamente académico. “La voz no es una letrada, es la de un cualquiera”, explica. Así, el libro construye una tensión entre una sintaxis compleja y una voz cotidiana, que remite “al señor, al tío que te vende los caramelos, o a la mujer trabajadora, o a la maestra de escuela”.

Otro eje relevante de la obra es la relación entre infancia y memoria. Para el autor, existe una paradoja fundante: “La infancia no tiene memoria”, pero, al mismo tiempo, “nuestra relación con el pasado siempre tiene que ver con la infancia”. Esta tensión se despliega en un presente que, a su juicio, ha perdido tanto horizonte como arraigo. “Estamos habitando un presente en el que no hay mucho futuro (…) pero en el que tampoco estamos valorando la riqueza del pasado”.

Federico Galende, filósofo y académico UCHILE.

Federico Galende, filósofo y académico UCHILE. Foto: U. de Chile.

En ese contexto, Galende observa una transformación en la forma en que se experimenta el tiempo. “El futuro hoy se convirtió en una especie de demanda de actualización”, señala, apuntando al rol de las tecnologías. “Estamos siempre en el futuro, pero no uno que nosotros estamos construyendo, sino en uno por el que somos absorbidos”.

La reflexión también se traslada al espacio público, particularmente al caso del monumento a Baquedano. Así, en el libro, el caballo aparece como una figura simbólica cargada de sentidos. “Me pareció que era lindo pensar el caballo de Baquedano como un testigo de los sueños”, compartió. Desde esa perspectiva, propone una lectura crítica del monumento y su historia reciente, imaginando incluso una liberación simbólica del animal.

“Lo entendí como una manera de liberarlo, para que galopara y se liberara por fin de ese personaje. Debe ser difícil tener a lo largo de las décadas siempre el mismo personaje encima de la espalda”, comenta.

Portada de "El mínimo animal", libro de Federico Galende.

Portada de “El mínimo animal”, libro de Federico Galende.

Finalmente, el autor extiende su análisis hacia las nuevas generaciones y el presente educativo. “No hay más estudiantes, metafóricamente”, plantea, describiendo un escenario donde “hay una resistencia a aprender”. En ese marco, advierte una transformación en dimensiones más profundas: “El deseo se ha vuelto más bien algo muy vigilado, muy controlado”.

Para Galende, esta situación también implica la pérdida de fuerzas históricamente relevantes: “Lo inconsciente (…) no parece tener consideración”, afirma, agregando que tanto el deseo como lo inconsciente “están un poco muertos”. En contraste, observa el auge de formas de individualismo: “Las personas tienen hoy mucho menos tiempo para escuchar a los demás (…) que para pasarse el día mostrándose a sí mismas”.

Con “El mínimo animal”, Federico Galende no solo propone una reflexión sobre un símbolo, sino también sobre las condiciones actuales de la experiencia, la escritura y la vida en común. Un libro que, más que ofrecer respuestas cerradas, invita a habitar las tensiones que atraviesan nuestro tiempo.





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