Juan Cristóbal Meza, uno de los compositores de bandas sonoras más importantes de nuestro país, todavía recuerda el momento definitorio que terminaría por marcar su vocación.
Entonces, tenía apenas nueve años. «Mi mamá me llevó a ver ‘Tchaikovsky’, en el Cine Oriente de aquella época«, recapituló sobre la película, que narra la biografía del imprescindible compositor ruso. «Salí y le dije: mamá, yo quiero hacer esto, me quiero dedicar a esto«.
Desde ese momento que la vida de Meza —hijo de la célebre actriz Delfina Guzmán y del director de teatro y dramaturgo Gustavo Meza— comenzó a girar en torno al oficio musical, en una carrera que hoy acumula cuatro décadas que serán celebradas este viernes 10 de abril en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) junto a la actriz y cantante Dindi Jane.
Instancia que, para el artista, también permitió dar curso a una retrospectiva personal. «Son varias sensaciones, pero la primera es un muy profundo agradecimiento a los directores que me dieron la oportunidad de trabajar desde tan joven haciendo música para películas. A Silvio Caiozzi, que me llamó cuando yo no tenía ni 20 años. Fue mi primera experiencia, valiosísima. A Tatiana Gaviola también, a la gente de Teleanálisis, sobre todo a Augusto Góngora, que también me llamó para trabajar y musicalizar sus documentales», expresó.

Juan Cristóbal Meza, músico y compositor de bandas sonoras.
«Siento una gran admiración hacia la gente que trabajaba en las primeras épocas en que yo trabajé, porque lo hacían con un compromiso que se podría decir político, pero que, en realidad, era humano. Y eso, visto desde la distancia, sobre todo en los tiempos que estamos viviendo, de esta profunda inhumanidad que ha ido invadiendo todos los espacios, es súper valioso», agregó el artista, quien igualmente colaboró con otros destacados cineastas como Miguel Littín y Pablo Larraín.
«Ha sido un recorrido bien en la interna, aparte de valorar estos años, mirarlos y decir: ¡pucha, sí, me gusta lo que he hecho!«, añadió Meza. De hecho, y en un guiño a la diversidad que ha marcado su trayectoria, es que decidió bautizar el concierto en el GAM como «1986-2026: De la clandestinidad a Netflix«.
Sobre los detalles de este último, detalló que se tratará de una puesta en escena que incluye una pequeña orquesta de cuerdas, vientos y percusión. «Dindi va a cantar algunas de las canciones que he hecho para películas y otras que hicimos con Camila Moreno en conjunto para ‘Prófugos‘. Con la Dindi nos conocemos hace harto tiempo porque nos ha tocado trabajar juntos, y surgió la idea de que ella cantara este repertorio que no tiene mucho que ver con lo que ella hace, aunque en el fondo sí tiene que ver porque evoca su parte de actriz«, adelantó el músico.
Tantas bandas sonoras
Durante estos años, Meza también ha echado raíces en la dramaturgia. «Realmente empecé muy chico a hacer música para teatro porque mi papá, director, me lo pidió a los 16 años, cuando se quedó sin músico. Y después trabajé con todo el mundo en teatro: con Andrés Pérez, con el Grupo Cinema, que se llamaba Teatro de la Troppa. Hice una gira por Europa con el Teatro Q, compañía importantísima de los años 80″, recordó.
Por eso es que sintió que su llegada al cine y la televisión fue una suerte de trayecto natural. «Esta última etapa que he venido haciendo, que es tocar las músicas en vivo, es algo nuevo y también es muy bonito, porque el contacto con el público es súper lindo», contextualizó sobre el presente.
Un éxito que, en parte, se relaciona con la convicción que Meza tiene sobre el rol de las bandas sonoras a la hora de plasmar diversas historias en la pantalla o las tablas. «Hay cierto cine, que es el que a mí más me gusta, que no lo puedes concebir sin su música. Por ejemplo, Fellini sin Nino Rota es imposible. O con las películas de Woody Allen, que es imposible separarlas de su uso de la música. La película que más me gusta de él, ‘Manhattan‘, es imposible separarla de la ‘Rhapsody in Blue'», explicó.
«Esa química, esa simbiosis, existe desde los comienzos del cine sonoro y son los que le dan identidad a los directores», agregó el compositor. En su caso, una experiencia similar a su propia empresa creativa con el destacado cineasta chileno Pablo Larraín.

Dindi Jane y Juan Cristóbal Meza.
«Con Pablo tuvimos una relación súper bonita. Sobre todo en la película ‘Fuga’, y después en sus tres primeros largometrajes. Igual que en la serie ‘Prófugos’. Fue muy bonito porque, además, aprendí mucho. Porque Pablo venía con una visión propia y era parte del nuevo cine chileno. Él y varios más, como Sebastián Lelio. Y fue aproximarme a otra estética y a otra forma de ver el cine y la vida también, porque era una generación que no había vivido las cosas que nosotros habíamos pasado. Se veían las cosas desde otra perspectiva. Eso fue súper importante», reflexionó Meza.
Experiencia que, al final del día, se complementa con la vivida con otros personajes fundamentales del desarrollo cinematográfico del país, como Góngora. «Es bien difícil imaginarlo. A uno mismo le cuesta creerlo, que se trabajaba en la clandestinidad, porque realmente todo lo que hacíamos estaba prohibido, no se podía pasar por ningún canal oficial. Se hacían distribuciones en las poblaciones, en los sindicatos, en las federaciones de estudiantes. Funciones clandestinas con mucha gente, donde se llevaba una pantalla y se proyectaba. ¿Y sabes qué pienso ahora? Que, si no lo hubiera vivido, me parecería una película de ciencia ficción«, afirmó.
«En ese momento uno tenía contacto con la gente que trabajaba en terreno y que iba a filmar. En el caso de ‘Los niños prohibidos‘, que es el documental que hice con Augusto Góngora y que habla del impacto que tuvieron todas las protestas de los años 80 sobre los niños, es bien terrible, la verdad. Terrible y esperanzador al mismo tiempo. Y te das cuenta de que Augusto y su equipo salían a filmar a las poblaciones incluso teniendo el peligro de que no pudieran volver. Es algo bien impresionante», confidenció Meza.


