La crisis energética global y el debate sobre el desarrollo económico sostenible marcaron la visita a Chile del investigador uruguayo Eduardo Gudynas, quien advirtió que los actuales conflictos en torno al petróleo y la flexibilización de regulaciones ambientales responden a problemas estructurales que se arrastran desde hace décadas.
En entrevista con la primera edición de Radioanálisis, el académico sostuvo que la actual situación internacional, marcada por tensiones en rutas estratégicas de transporte de petróleo, era previsible y responde a la dependencia persistente de los combustibles fósiles. “Era inevitable porque ya han ocurrido situaciones similares, y en ellas el desencadenante fue análogo”, señaló el miembro del Centro de Documentación e Información Bolivia y del Observatorio Latinoamericano de la Globalización, agregando que el escenario actual “viene siendo peor que las anteriores”.
Gudynas explicó que, pese a los compromisos climáticos y al desarrollo de energías renovables, el consumo energético mundial continúa creciendo sostenidamente. Según detalló, entre los años 2000 y 2023 la demanda de energía aumentó de forma significativa, mientras que la matriz energética sigue dominada por combustibles fósiles.
“Ese crecimiento fue de un 52%, y de todo ese paquete, el 80% sigue siendo hidrocarburos y carbón”, afirmó el experto, que este martes 14 de abril será parte del foro “Disputas globales y crisis medioambientales: contexto, consecuencias y nuestras alternativas” en la Facultad de Arquitectura de la U. de Chile.
En ese contexto, el investigador sostuvo que las energías alternativas aún no logran reemplazar el rol del petróleo, sino que se han incorporado como complemento ante una demanda creciente. “La gran promesa de las energías alternativas como solar o eólica, que iba a evitar seguir quemando combustibles fósiles, no se ha cumplido, pero de hecho se ha sumado por arriba para satisfacer esa demanda creciente”, indicó.
El académico también cuestionó las políticas energéticas impulsadas por el expresidente estadounidense Donald Trump, a quien acusó de debilitar regulaciones ambientales y fomentar la explotación intensiva de hidrocarburos. “Por un lado, ha desmantelado las regulaciones de controles ambientales y, a su vez, ha liberalizado la explotación de hidrocarburos. De esa explotación, el grueso de la torta es el fracking”, sostuvo.
Uno de los ejes centrales de su análisis se relacionó con el debate sobre la llamada “permisología”, concepto que en los últimos años ha ganado fuerza en Chile y otros países de la región. Según Gudynas, los procesos de flexibilización ambiental suelen presentarse como medidas para incentivar la inversión, pero sus efectos pueden resultar contraproducentes. “En otros países esto viene discutiéndose desde hace entre 10 y 15 años. Se le ha llamado flexibilización ambiental, promover las inversiones, desmantelar trabas improcedentes”, explicó.
El investigador citó como ejemplo el caso del estado brasileño de Río Grande do Sul, donde la eliminación de controles ambientales permitió la deforestación de zonas ribereñas que posteriormente quedaron expuestas a inundaciones. “Vinieron las lluvias de hace dos años atrás y se inundó todo el estado porque el mecanismo del bosque, de detener el agua, ya no estaba presente. Y la destrucción económica fue brutal”, relató.
Desde su perspectiva, este tipo de decisiones responden a una comprensión incompleta de los impactos económicos de las actividades productivas, ya que muchos costos ambientales no se contabilizan en las evaluaciones económicas tradicionales. “Chile no tiene cuentas paralelas donde se reste al producto sectorial minero el costo económico de la pérdida de agua, pérdida de suelo o el manejo de residuos”, afirmó.
El académico sostuvo que esta omisión genera una ilusión de crecimiento económico que no refleja los costos reales que asume la sociedad. “Cuando el indicador económico es solo convencional, no está corregido, se produce un espejismo de que el país crece y que esto es buen negocio”, advirtió.
Finalmente, Gudynas planteó que el problema tiene raíces históricas en la forma en que se concibe la producción económica desde el surgimiento de la economía moderna, influida por las ideas del pensador escocés Adam Smith. “Lo que era extraer mineral o cosechar la tierra se convirtió en producción. Yo produzco cobre, produzco cereales, pero de verdad no, estoy extrayendo”, concluyó.
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