Dr. Elías Arab y los riesgos de la IA en la infancia: "Podríamos ver cerebros menos desarrollados en su potencial"

El uso de inteligencia artificial en etapas tempranas abre un debate sobre sus efectos en el aprendizaje y la salud mental. El psiquiatra explica la necesidad de aplicar criterios de precaución. “No son neutras, tienen intereses y sesgos" advierte.

El uso de inteligencia artificial en etapas tempranas abre un debate sobre sus efectos en el aprendizaje y la salud mental. El psiquiatra explica la necesidad de aplicar criterios de precaución. “No son neutras, tienen intereses y sesgos" advierte.

El uso de inteligencia artificial en procesos educativos y cognitivos comienza a instalar un debate que cruza la eficiencia tecnológica con el desarrollo intelectual, especialmente en niños, niñas y adolescentes.

Un análisis publicado en Psychology Today por Timothy Cook, máster en Educación, advirtió que delegar tareas cognitivas a modelos de lenguaje no solo impacta el pensamiento crítico, sino que podría afectar el desarrollo intelectual de las nuevas generaciones. El académico planteó que, mientras en adultos el uso de estas herramientas suele traducirse en eficiencia, en los más jóvenes puede significar la sustitución de procesos que aún no han sido aprendidos.

El análisis también alertó sobre una homogeneización en la forma en que los estudiantes escriben, argumentan y razonan, lo que adquiere mayor relevancia en etapas tempranas, donde el pensamiento se encuentra en construcción y puede verse moldeado por los sesgos de los sistemas.

Desde la psiquiatría infanto-juvenil, Elías Arab, en diálogo con Radio y Diario Universidad de Chile, profundizó en estos riesgos y situó el foco en el impacto directo sobre el desarrollo cerebral. “Es un riesgo muy alto, porque el desarrollo cognitivo requiere entrenamiento para formar pensamiento crítico, discriminación y discernimiento. Eso implica una dialéctica real. Cuando se delega a la inteligencia artificial, se pierde ese roce y los niños reciben información sesgada, sin capacidad de evaluar si es verdadera o falsa”, explicó en primer lugar.

El psiquiatra y ex académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile señaló que el problema no se limita a la calidad de la información, sino también al funcionamiento del cerebro en desarrollo. “Los algoritmos cometen errores, alucinan o inventan datos, pero lo más relevante es que dejan de estimular áreas clave como la corteza prefrontal. Hay estudios que muestran que niños expuestos tempranamente a IA generativa presentan una corteza prefrontal más delgada. La evidencia todavía es correlacional, no causal, pero es alarmante. Además, se afecta la persistencia, la tolerancia a la frustración y el trabajo a largo plazo”, indicó.

Niño en clases. Javier Salvo/ Aton Chile

El Dr. Arab subrayó que el proceso de aprendizaje en las infancias pierde etapas esenciales al exponerse a la IA. “Buscar y discriminar información es un proceso con etapas y dificultades. Cuando todo es inmediato, no se desarrollan el pensamiento crítico, el razonamiento ni la capacidad de síntesis, claves en un cerebro que aún está formando sus conexiones”, detalló.

Ante la falta de evidencia concluyente, el psiquiatra planteó un criterio de cautela. “La evidencia no es causal, pero hay que aplicar un principio de precaución. Estas plataformas deben demostrar que no dañan el desarrollo. Hoy no contamos con esa información y, en la práctica, se está realizando un experimento social sin criterios éticos ni protocolos”, mencionó el experto que participará en las Cátedras del Futuro organizadas por la Fundación Encuentros del Futuro a partir del 27 de abril.

El impacto, según detalló Arab, alcanza funciones cognitivas críticas. “Esto afecta la concentración, la atención, la persistencia, el control de impulsos y la regulación emocional. Son funciones con períodos críticos en un cerebro que es altamente plástico”, comentó.

En esa línea, explicó los momentos clave del desarrollo cerebral. “Hay dos períodos críticos: la primera infancia y la adolescencia. En ambos se requiere estimulación real para que el cerebro realice procesos como la poda neuronal y logre mayor eficiencia”, señaló.

El contexto, insiste, resulta determinante: “Un entorno pobre en estímulos puede tener efectos dramáticos. Es como el ejercicio: practicar desarrolla habilidades y neuronas, mientras que solo observar genera mucho menos desarrollo. Lo mismo ocurre con la escritura, la concentración y la persistencia”.

Imagen referencial vuelta a clases. Luis Quinteros/Aton Chile

El análisis incorpora además el rol del sistema emocional. “Estas plataformas hiperestimulan el circuito de recompensa y afectan el desarrollo de la corteza prefrontal. Es como tener un motor más potente con frenos más débiles, lo que favorece conductas más automáticas”, expuso.

A lo anterior, Arab sumó a la ecuación los sesgos inherentes a los sistemas de inteligencia artificial. “No son neutras, tienen intereses y sesgos. En niños, que no distinguen bien lo verdadero de lo falso, esto es más complejo. Se generan burbujas que refuerzan creencias y limitan la metacognición, lo que los vuelve más vulnerables a la manipulación”, advirtió.

Finalmente, el especialista proyecta posibles consecuencias a largo plazo. “Podríamos ver cerebros menos desarrollados en su potencial, con dificultades en atención sostenida, relaciones sociales y empatía. Existe el riesgo de una crisis de salud mental relevante”, concluyó.





Presione Escape para Salir o haga clic en la X