La guerra en Irán desde dentro en la voz de Roxana Niknami: “Han destruido el orden de nuestras vidas”

En medio del alto al fuego entre Irán, Israel y EE.UU, una académica desde Teherán relata el trauma, la huida y la resiliencia cotidiana bajo las bombas, revelando el impacto humano de una guerra que el mundo suele mirar solo desde la geopolítica.

En medio del alto al fuego entre Irán, Israel y EE.UU, una académica desde Teherán relata el trauma, la huida y la resiliencia cotidiana bajo las bombas, revelando el impacto humano de una guerra que el mundo suele mirar solo desde la geopolítica.

La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos atraviesa hoy un alto al fuego que, por ahora, reemplaza los bombardeos por negociaciones y poco a poco entrega señales de apertura en los bloqueos. Sin embargo, la tensión sigue latente, los movimientos militares no se detienen y las amenazas de nuevas escaladas continúan marcando el ritmo del conflicto en Medio Oriente.

Desde el 28 de febrero, gran parte de la cobertura internacional se ha concentrado en los efectos económicos globales, en la volatilidad de los mercados energéticos y en las declaraciones de Donald Trump, Benjamin Netanyahu o las respuestas de los portavoces iraníes. Se habla del reordenamiento del sistema internacional, de alianzas estratégicas y de poder.

Pero, como suele pasar, el impacto humano suele diluirse en cifras y estádisticas sin rostros, historia ni sensibilidad.

La guerra más allá de los datos: La guerra en voz de Roxana Niknami

Frente a ese vacío, el testimonio de Roxana Niknami cobra una relevancia particular. Profesora de estudios europeos, directora del Centro de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de Teherán y escritora para la Revista Tarpán quienes facilitaron su contacto.

Niknami, de 38 años y radicada en Teherán, ha dedicado su vida profesional a analizar en buena medida la guerra, hoy la vive y ofrece una mirada en primera persona sobre lo que significa vivir una guerra más allá de los titulares y análisis tecnicistas.

Roxana Niknami, profesora de estudios europeos de la facultad de derecho y ciencias políticias de la Universidad de Teherán. Foto Revista Tarpán

Desde Teherán, su relato comienza con una frase que resume el estado emocional que atraviesa: “La verdad es que no estoy bien”. A partir de ahí, describe cómo, tras la “guerra de 12 días” de junio del año pasado, Irán enfrentó nuevamente la guerra que alteró completamente su vida cotidiana. “El estrés diario, el sonido de las explosiones y el vuelo constante de los cazas generan un trauma enorme”, explica. Y agrega: “Físicamente estamos bien, pero la guerra destruyó el orden de nuestras vidas y nos vimos obligados a dejar nuestros hogares para estar a salvo”.

Durante la primera semana permaneció en la capital, pero la intensidad de los ataques la obligó a huir. “El sonido de las explosiones era tal que me vi obligada a salir de la ciudad”, relata. Los días siguientes los pasó en distintas provincias del país, como Guilán y Mazandarán, donde la vida se mantenía relativamente normal. Sin embargo, la situación era muy distinta en otras zonas, “Tabriz fue atacada militarmente casi a diario”, señala.

En ese contexto, la guerra dejó de ser un objeto de estudio para convertirse en el centro de su vida, todo gira en torno a ella, incluso en los momentos más simbólicos. Niknami recuerda especialmente el inicio de los ataques, que coincidieron con el Norúz, el año nuevo persa. “Israel atacó a Irán incluso en el momento exacto del año nuevo. Yo estaba en Teherán y escuché las explosiones”, cuenta. “Este año lo comenzamos con el sonido de las bombas y no con el disparo del cañón que anuncia el nuevo año solar”.

A pesar del contexto, intentó sostener cierta normalidad. Continuó impartiendo clases de manera virtual y mantuvo su producción académica. “Durante estos cuarenta días seguí haciendo clases, publiqué artículos y traté de mantenerme ocupada”, explica. Pero reconoce que ese esfuerzo tenía un objetivo más profundo “Intenté combatir el golpe de la depresión y la desesperanza”. Aun así, admite que hay algo que cambió de forma irreversible, “Ya no tenemos la tranquilidad de antes. Cada día lo comenzamos con estrés y a la espera de escuchar las peores noticias”.

También tuvo espacio para el análisis del escenario internacional. Aunque reconoce que en Irán muchos anticipaban una posible guerra, afirma que lo que la sorprendió fue la magnitud de la violencia. “No esperaba el nivel de brutalidad, especialmente por parte de Israel”, sostiene.

Enormes columnas de humo tóxico salen de almacenes de petróleo en la capital de Irán, Teherán, luego de ser atacada por bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos

Enormes columnas de humo tóxico salen de almacenes de petróleo en la capital de Irán, Teherán, luego de ser atacada por bombardeos conjuntos de Israel y Estados Unidos. Vía X@mhdksafa

En ese sentido, critica duramente la falta de reacción internacional frente a ataques contra civiles. Menciona el bombardeo a una escuela primaria en Minab, donde murieron 168 niñas, tras un ataque que el propio ejército estadounidense reconoció como “error”.

“Ninguna institución internacional ni ningún país europeo emitió una condena sobre esto”, afirma. Y agrega que esa falta de respuesta se repitió frente a ataques contra hospitales y otras infraestructuras civiles. En contraste, destaca la postura de Pedro Sánchez, presidente de España ,“Fue el único europeo que mostró coraje al pronunciarse y negarse a prestar apoyo a Estados Unidos”.

Uno de los episodios más impactantes para ella fue el bombardeo a la planta petroquímica de Tabriz. “Me desperté con el estruendo de la explosión y durante horas se siguieron escuchando los impactos”, recuerda. El día anterior ya había sido atacada una acería en Isfahán. “Estaba tan conmocionada que sentí una profunda desesperanza”, confiesa.

La situación empeoró cuando, días después, fue atacada otra planta en Mahshahr, en ese momento, la preocupación se volvió personal. “Una de mis estudiantes trabaja ahí y estaba muy preocupada por ella”, relata. Tras horas de incertidumbre, recibió un mensaje confirmando que estaba viva. “Lloré durante horas por la destrucción de las infraestructuras de esa ciudad”, dice, y concluye con una reflexión contundente “La riqueza de una tierra y de un pueblo se convierte en polvo en una guerra estúpida”.

Esa expresión —“una guerra estúpida”— describe un conflicto que, según afirma, ha transformado profundamente la vida de los iraníes. En el día a día, las preocupaciones son múltiples. “La gente está preocupada por el futuro, por los costos de reconstrucción, por la inflación”, explica. La economía, ya debilitada antes del conflicto, se deterioró aún más. “El corte de internet destruyó pequeños negocios y muchas familias perdieron el contacto con el exterior”, agrega.

Los efectos también se sienten en el costo de la vida. “La inflación en medicamentos, alimentos y otros productos se multiplicó varias veces”, señala. Muchas empresas, además, se vieron obligadas a despedir trabajadores.

A pesar de todo, destaca una capacidad de resiliencia profundamente arraigada en la sociedad iraní, “A pesar de todo, la gente sigue en pie”. Además subraya las particularidades del caso iraní. “La gente no se lanzó en masa a comprar. Cada uno adquirió lo que necesitaba”, explica, por eso “en ningún momento experimentamos escasez de bienes ni fallos en los servicios urbanos. El agua, la electricidad y el gas nunca se cortaron”.

Aeropuerto de Mehrabad en Teherán, luego de ser bombardeado por la coalición israelí estadounidense. Vía X@BRICSinfo

Incluso en medio del conflicto, la vida social se mantuvo activa. “La gente siguió yendo a cafés y restaurantes, y durante el Norúz se mantuvo la costumbre de las visitas familiares”, cuenta. Otro elemento que destaca es la reacción de la diáspora, “No solo nadie huyó, sino que muchos iraníes en el extranjero volvieron al país”.

Uno de los momentos más tensos llegó con el ultimátum de Donald Trump, quien amenazó con destruir toda la civilización. Niknami lo recuerda como una jornada marcada por el miedo. “Fue un día aterrador”, afirma. Durante la mañana envió un artículo académico a un centro de estudios en Italia con una frase que refleja la compleja situación “Les escribí que quizás sería lo último que publicarían de mí”.

Tras cumplir con sus clases, la espera se volvió insoportable. “No tenía nada más que hacer y se acercaba la hora cero”, relata. Decidió entonces caminar durante horas junto al mar Caspio, como si, literalmente, la vida se fuera en ello.

Cuando finalmente se anunció el alto al fuego, el agotamiento acumulado se hizo evidente. “Por primera vez desde que comenzó la guerra, dormí tranquilamente durante dos horas seguidas”, recuerda.

Hoy, en medio de esta pausa, describe una mezcla compleja de emociones. “Siento rabia, miedo y tristeza por la destrucción, pero también tengo esperanza”, afirma. Está convencida de que el país podrá reconstruirse. “El mayor capital de Irán siempre ha sido su pueblo”, sostiene. Y añade, “somos una nación que ha existido durante siglos, más allá de nuestras diferencias internas”.

Respecto al futuro del conflicto, plantea que la única salida real pasa por resolver la relación entre Irán y Estados Unidos. “Es necesario que la racionalidad vuelva al espacio político de ambos países”, afirma. También considera que Washington debe actuar con mayor independencia, “Estados Unidos debe ser capaz de tomar decisiones sin depender de Netanyahu”.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mirando directamente a la cámara.

Presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Aton.

En su análisis más estructural, identifica a Estados Unidos como el actor central. “El tema principal es el poder estadounidense y sus intereses geopolíticos”, señala. Según su visión, estos intereses bloquean mecanismos de rendición de cuentas en el sistema internacional.

A eso suma un factor histórico: “Desde 1945, el mundo siente una deuda con los judíos y muchas veces guarda silencio por miedo a ser acusado de antisemitismo”. Este sentimiento de culpa colectiva se ha convertido en un escudo político muy poderoso que Israel ha sabido utilizar estratégicamente durante décadas.

Hacia el final, su reflexión adquiere un tono más simbólico. “Nosotros permanecemos, igual que hemos sobrevivido durante 2.500 años”. Esa idea la sintetiza en una metáfora mitológica “Irán es el Fénix”, y explica que “es un ave de nuestra mitología que renace de sus propias cenizas y así, nosotros permanecemos”.

*Agradecimientos al equipo de revista Tarpán, especialmente a Francisca Carrasco quienes hicieron posible el contacto con la profesora Niknami.





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