La historia de un disco que durante décadas permaneció guardado como una reliquia vuelve a abrirse paso. Esta vez, con la fuerza de la memoria, la música y el reencuentro. El próximo 26 de abril, exintegrantes y cercanos a la trayectoria de La Ley se reunirán en el City Lab del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) para celebrar la reedición física de “Desiertos” (1990), un álbum fundamental en los orígenes del grupo y en la consolidación de su identidad sonora dentro del pop rock latinoamericano.
Un hito que para Luciano Rojas, bajista histórico de la banda y protagonista de esta nueva etapa, tiene un significado que va más allá de lo musical. “Creo que para cada uno de los que participamos es un momento especial, importante, porque este es un disco que, a raíz de un montón de cosas, quedó guardado en un cajón durante todos estos años”, recordó el músico. Esto, considerando que el álbum tuvo en su origen una circulación muy limitada, en un contexto que contribuyó a construir su carácter casi mítico entre los seguidores del grupo.
“En ese comienzo salió con un tiraje de 500 copias solamente, y fueron esas y nada más. Nunca más hubo algún registro, algún testimonio de eso”, señaló Rojas. Por eso es que asegura que la reedición representa una oportunidad largamente esperada tanto por los fanáticos como por quienes, de una u otra manera, formaron parte de esa historia. “Yo sé que mucha gente ha estado esperando este material, este momento. Y para nosotros ha sido muy simbólico y emotivo porque viene a coronar un trabajo que se ha hecho durante muchos años”, recalcó el artista.

Foto de archivo de La Ley.
Sin embargo, el carácter simbólico del disco va mucho más allá de su valor como una joya de colección. Lo anterior, pues se trata de un trabajo al que subyace un proceso de rescate y memoria impulsado por Germán Bobe, hermano del fallecido guitarrista y compositor Andrés Bobe. Figura fundamental de la música chilena de los 90 que fue el principal motor creativo de la banda hasta su muerte en abril de 1994, a los 32 años.
Por eso es que Rojas apuntó a un proceso que ha permitido recuperar no solo canciones, sino también fragmentos de una época. “Ha sido un camino muy lindo, muy emocional, en el cual le habíamos hecho un rescate, un trabajo de curatoría de toda su herencia, y que se viene a coronar con estos dos grandes discos que nunca habían sido reeditados”, afirmó.
La revisión del material original igualmente trajo consigo un ejercicio profundo de memoria personal que es descrito por el artista como una experiencia casi terapéutica, donde la música actúa como detonante de recuerdos. “Cuando tú te metes en ella y vas a algún arreglo, a algún acorde, a alguna cosa así, te acuerdas del momento en que lo hiciste y de lo que pasó entonces”, relató. “Es un ejercicio de memoria, una terapia súper intensa y profunda porque te traslada a la época”.

Carátula del primer y único tiraje del disco “Desiertos” en formato casete.
Ese viaje al pasado ha estado cargado de imágenes de juventud, esfuerzo y entusiasmo. “Todos estos recuerdos, para mí, están envueltos en una atmósfera de mucha energía. Porque éramos cabros, muy chicos, estábamos en la universidad”, compartió. “Yo entraba a la universidad a las ocho de la mañana, después tomaba una micro para irme a la casa de Andrés, que vivía en Puente Alto, y en la tarde seguíamos trabajando con la banda. No sé cómo lo hacíamos, pero era energía pura. Era el entusiasmo que teníamos porque queríamos hacer algo importante”, apuntó sobre los años que compartieron como estudiantes de la Facultad de Artes de la U. de Chile.
Por otro lado, Rojas valoró que el proyecto también ha significado un reencuentro entre antiguos compañeros de ruta. “Esto nos ha acercado harto a nosotros. Hemos conversado mucho y es súper bonito compartir recuerdos”, expresó. “Fue una etapa de nuestras vidas muy importante para todos, con muchos sueños, con mucha energía y juventud”.
Un contexto que no puede entenderse sin el papel fundamental que tuvo Bobe en la formación y proyección de la banda: “No hay que olvidarse de que el eje central de este proyecto es Andrés”, afirmó con convicción. “Nosotros éramos muy amigos desde antes de La Ley, y para mí fue muy difícil el tema de su muerte, de su partida. Nuestro vínculo iba mucho más allá de la música”.

Andrés Cobe, fundador de La Ley.
Así, el regreso de “Desiertos” se perfila como una oportunidad de poner en valor los orígenes del grupo y su evolución artística. “Esto es la génesis, son los orígenes. Es el Big Bang de lo que fue después esta historia que se llamó La Ley”, sostuvo. Y añadió que el disco marcó un momento clave en la consolidación del proyecto musical: “Es el inicio de la formación que todo el mundo conoció y que dio la base sólida con la que la banda fue creciendo y extendiéndose a toda Latinoamérica”.
Y la jornada del 26 de abril en el GAM buscará, precisamente, recrear ese espíritu fundacional, aunque desde la emoción del presente. Según Rojas, no será un concierto convencional, sino una experiencia artística más amplia. “No es un recital propiamente tal. Es una celebración”, explicó. “Va a incluir música en vivo, material audiovisual, conversaciones y encuentros. Va a ser un ambiente muy particular y bonito”, adelantó sobre el encuentro, que contará con la moderación de la periodista musical Marisol García.
Finalmente, el músico extendió una invitación abierta al público a participar de este momento histórico. “Va a ser sin duda una jornada muy especial, única”, concluyó. “Estamos muy contentos y muy felices de poder participar en esto, porque es una forma de reencontrarnos con la música que hicimos en esos años y con todo lo que vivimos juntos”.





