Contra la masividad, un concierto íntimo: la apuesta de Árbolazul que desbordó la Sala Master

  • 20-04-2026

El pasado sábado 25 de abril, y como ya es tradición, la Sala Master de Radio Universidad de Chile fue el centro de encuentro de una nueva versión del ciclo Árbolazul. Iniciativa creada por los hermanos Gonzalo y Rienzi Valencia que busca conectar a bandas de la escena chilena con otras del ambiente independiente provenientes de diversos países de la región.

En esta ocasión, los chilenos de Estoy Bien y los argentinos de Nadar de Noche fueron los encargados de animar la velada, a butacas llenas y con un público mayoritariamente joven que hizo confluir la energía que caracteriza a la escena indie local. La misma que por estos días marca el pulso de varias de las mejores propuestas que habitan la música actual de nuestra región.

Pero hay algo más que subyace al ciclo empujado por los hermanos Valencia. Y es que, a través de estos conciertos, también buscan realzar a las salas más íntimas de la capital que, tal como la Sala Master de Radio Universidad de Chile, permiten impulsar una forma de disfrutar la música que se contrapone a la experiencia masiva que domina la industria.

“Esta es una sala pequeña, de madera. Y es un concierto íntimo donde, de pronto, también invitamos bandas que son más grandes. Por ejemplo, en el ciclo anterior estuvo Tenemos Explosivos, que hace conciertos para mil personas. Pero, en el fondo, la invitación es hacer un concierto para 150 o 200 personas porque queremos ir en contra de la mercantilización de la asistencia de la gente a los lugares musicales“, explicó Rianzi.

Concierto de Dormir de Noche en el marco del ciclo Árbolazul.

Concierto de Dormir de Noche en el marco del ciclo Árbolazul.

“Hay una serie de cosas que son medias subliminales detrás de todo el proyecto, y que la gente puede tratar de entender ciertos manifiestos“, condensó luego de varios minutos de finalizada la presentación de los chilenos en el ciclo.

Y es que la puesta en escena no es todo lo que ocurrió durante la noche. Otro lado de la experiencia es el intercambio entre los mismos músicos que fueron parte del show y el público, en una experiencia que incluso termina por desdibujar la distancia vertical que existe entre el artista y sus oyentes.

Por el contrario, los asistentes a la Sala Master pudieron conocer a las bandas, sacarse una que otra foto e incluso ser receptores de algunos consejos sobre cómo llevar adelante el oficio, en una realidad donde vivir del arte no suele representar el camino más sencillo.

Algo que, finalmente, termina por reafirmar la vocación que motiva el trabajo de Árbolazul Ediciones. “También hemos ido viendo a lo largo del ciclo que hay gente que se los repite. O sea, están confiando en las bandas que vienen muchas veces sin siquiera conocerlas, y eso está súper bueno. Por eso invitamos a que vengan a conocer bandas que, de repente, no saben quiénes son, porque se pueden llevar muchas sorpresas“, concluyó Gonzalo sobre estos ciclos, que luego quedan registrados en YouTube.

En ese contexto, el ciclo Árbolazul continúa apostando por una forma distinta de vivir la música: cercana, colaborativa y profundamente ligada a la construcción de comunidad. Una experiencia que, desde la Sala Master, demuestra que las escenas independientes también encuentran su fuerza en los espacios íntimos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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