La “Nakba del Líbano”: guerra, destrucción y silencio internacional

La guerra en el sur del Líbano escala con miles de muertos y más de un millón de desplazados. Bombardeos, ocupación y una tregua frágil configuran una crisis que revive el fantasma de Gaza y evidencia la parálisis internacional.

La guerra en el sur del Líbano escala con miles de muertos y más de un millón de desplazados. Bombardeos, ocupación y una tregua frágil configuran una crisis que revive el fantasma de Gaza y evidencia la parálisis internacional.

La“Nakba del Líbano”, así es como algunos medios internacionales llaman a la dramática situación que hoy se vive en el sur del país. Una expresión cargada de simbolismo para el mundo árabe, que busca dar cuenta de una crisis humanitaria de gran escala, marcada por la destrucción masiva, el desplazamiento de población civil y una violencia que, para muchos, ya evoca lo ocurrido recientemente en Gaza.

Un conflicto de larga data

El escenario actual no surge de la nada, los orígenes de este conflicto se remontan a la guerra árabe-israelí. Los israelíes la llaman “la guerra de liberación o independencia”, mientras que para los palestinos fue la “Nakba”, la catástrofe, por su traducción.

Hombre libanés arrodillado en el suelo rodeado de los restos de lo que fuese su hogar en Beirut. Vía X@Timesofgaza

Tras esta guerra cientos de miles de palestinos desplazados fueron expulsados a diversos países, entre ellos el Líbano. Si bien, en un inicio, el país no sería el centro de establecimiento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la expulsión de este grupo de Jordania convirtió al Líbano en su centro de operaciones.

La presencia de la OLP en el Líbano generó roces con el gobierno de facto, era una suerte de “Estado dentro del Estado”, esto los llevó a enfrascarse en una guerra civil que duró 15 largos años, en la que Israel intervino en dos ocasiones. La última en 1982, en la que se quedó al sur del río litani. Esa presencia israelí en el sur del país derivó en la creación del “partido de Dios”, mejor conocido como Hezbollah.

Desde entonces, las relaciones entre Israel y Hezbollah han estado marcadas por las hostilidades con momentos de mayor y menor conflictividad, ambos se consideran uno al otro enemigos irreconciliables.

Luego de una feroz guerra en 2006, existía un frágil status quo que había sobrevivido hasta la ofensiva israelí sobre Gaza, iniciada tras los ataques del 7 de octubre del 2023 para eliminar a Hamás, la organización hermana de Hezbollah. Luego del bombardeo de varias ciudades y la eliminación de varios de sus cabecillas, se estableció una nueva tregua el 2024.

En la actualidad, cuatro días después de que Israel y Estados Unidos iniciaran una ofensiva directa contra Irán, el conflicto se expandió rápidamente hacia el Líbano y Hezbollah entró de lleno a las hostilidades del lado iraní. Desde entonces, Israel ha desplegado una campaña militar sin precedentes marcada por la brutalidad.

La doctrina Dahiya y la brutalidad de la operación Oscuridad Eterna

Bautizada como “Operación Oscuridad Eterna”, los bombardeos sistemáticos y el uso de armamento de alta capacidad destructiva han sido la tónica. El gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no ha tenido problema en justificar los ataques en zonas densamente pobladas bajo el argumento de que Hezbollah opera desde túneles y centros de mando ocultos bajo infraestructura civil.

Soldados israelíes operando en territorio libanés. Vía X@IDF

Barrios completos en el sur de Beirut, especialmente en la zona de Dahiya, así como localidades en el valle de la Becá y el sur del país, han quedado prácticamente reducidos a escombros. La magnitud de los ataques ha reactivado el debate sobre la llamada “Doctrina Dahiya”, una estrategia militar israelí que plantea el uso de fuerza desproporcionada en zonas civiles para debilitar la base social de grupos armados como Hezbollah.

Hoy, las cifras reflejan la gravedad de la crisis. Más de 2 mil 300 personas han muerto en Líbano desde el inicio de la ofensiva, y más de 7 mil 600 han resultado heridas y más de 1,1 millones de personas, alrededor del 20% del país han tenido que abandonar sus hogares, en una crisis humanitaria que no tiene precedentes recientes en el país.

Las condiciones son precarias, acceso limitado a agua potable, alimentos escasos y un sistema sanitario que ya estaba debilitado por años de crisis económica y política.

El sistema de salud es uno de los sectores más golpeados. Decenas de trabajadores sanitarios han muerto, hospitales han sido dañados o cerrados, y la capacidad de atención se ha visto seriamente reducida.

Uno de los episodios más violentos fue el ya conocido como “Miércoles Negro” cuando el 8 de abril, en apenas minutos, una oleada de bombardeos en el centro de Beirut dejó 357 muertos y más de mil heridos, convirtiéndose en el día más letal de la ofensiva. Israel justificó la operación como un ataque preventivo ante la supuesta inminencia de un lanzamiento de misiles desde áreas civiles.

Actualmente, Israel mantiene también una presencia terrestre en el sur del Líbano, donde busca establecer una zona de amortiguamiento de hasta 8 o incluso 10 kilómetros de profundidad. Se estima que controla cerca del 15% del territorio libanés, principalmente al sur del río Litani, con el objetivo de impedir que Hezbollah continúe operando cerca de la frontera.

El objetivo declarado es crear una franja deshabitada que funcione como barrera de seguridad, lo que ha impedido el retorno de miles de civiles que intentan volver a sus hogares tras los bombardeos, se aplicará el “modelo de Rafah y Beit Hanoun” barrios de la devastada Gaza, en palabras del ministro de Defensa israelí, Israel Katz.

Israel Katz, ministro de defensa de Israel junto a Benjamín Netanyahu, primer ministro del país. Vía X@Israel_katz

Una tregua negociada sin Hezbollah y la sombra de la guerra civil

El 16 de abril, el presidente estadounidense Donald Trump anunció un alto al fuego de 10 días entre Israel y Líbano, tras una intensa mediación. Sin embargo, desde su entrada en vigor, ambas partes se han acusado mutuamente de violar la tregua, con ataques esporádicos que evidencian lo inestable del acuerdo.

Las negociaciones continúan en Washington, donde se han producido reuniones directas entre representantes de Israel y Líbano por primera vez en décadas. El objetivo es extender la tregua y avanzar hacia algún tipo de acuerdo más duradero. Sin embargo, estas conversaciones enfrentan un obstáculo clave, la exclusión deliberada de Hezbollah.

El grupo armado no solo rechaza cualquier negociación con Israel, sino que ha calificado la tregua como un insulto. Esta situación tensiona aún más el escenario interno libanés, donde el gobierno intenta avanzar en un proceso de desarme que, en la práctica, no tiene la capacidad de imponer.

La tensión entre el Estado y Hezbollah podría escalar hacia un conflicto interno, reviviendo los fantasmas de la guerra civil que marcó al país durante décadas. En ese contexto, el conflicto deja de ser solo una guerra regional y se transforma en una amenaza directa a la estabilidad del propio Líbano.

A nivel internacional, la respuesta ha sido limitada, existe un dilema complejo, sobretodo para occidente, cómo criticar la ofensiva israelí sin ser acusado de respaldar a Hezbollah o a la influencia iraní en la región, al mismo tiempo que existe una incapacidad irracional de condenar a Israel con la misma fuerza.

Esta ambigüedad ha contribuido a una especie de parálisis internacional, donde predominan los llamados a la moderación, pero sin medidas concretas que logren frenar la violencia.

Existe una “fatiga de la compasión”, tras años de conflictos en Ucrania, Gaza y otras regiones, la atención internacional parece haberse saturado, reduciendo el impacto mediático y político de nuevas crisis, incluso cuando alcanzan niveles de gravedad como los que hoy se observan en el Líbano.

Mientras tanto, comunidades enteras han sido arrasadas, miles de familias siguen desplazadas y la violencia continúa, incluso en medio de una tregua que pende de un hilo y que queda suprimida a un segundo plano por la guerra contra Irán que termina arrastrando este frente.

Una realidad que no solo pone en juego el equilibrio regional, sino también la capacidad de la comunidad internacional para responder ante una crisis que, día a día, sigue cobrando vidas y profundizando una de las tragedias humanitarias más graves del momento.





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