"¿Qué ocurre cuando alguien desaparece pero sigue presente?": Alejandra Costamagna explora la ausencia en su nueva novela

En "Dónde puedo dejarlo", la escritora aborda la memoria, la desaparición y los vínculos que persisten en el tiempo, en una historia que explora cómo los afectos permiten narrar el vacío y sostener la presencia de quienes ya no están.

En "Dónde puedo dejarlo", la escritora aborda la memoria, la desaparición y los vínculos que persisten en el tiempo, en una historia que explora cómo los afectos permiten narrar el vacío y sostener la presencia de quienes ya no están.

¿Qué ocurre cuando alguien desaparece, pero sigue presente en la vida de quienes lo recuerdan? Esa pregunta atraviesa a “Donde puedo dejarlo“, la nueva novela de la escritora chilena Alejandra Costamagna publicada por Editorial Anagrama. Una historia que explora la ausencia, la memoria y los afectos desde una perspectiva íntima y profundamente política.

En ese marco, la autora presentó el libro ante lectores y lectoras en una actividad que, según relató, reflejó el tono emocional y simbólico de la obra. La instancia reunió a cercanos y al mundo literario, en una ceremonia que dialogó directamente con los temas centrales de la novela.

El lanzamiento estuvo muy bello, la verdad, porque fue un poco muy acorde con el libro también”, comentó en diálogo con Semáforo, explicando que la obra aborda “una amistad interrumpida que, sin embargo, se mantiene en el tiempo por el afecto. Y por las conjeturas también, por la imaginación”.

“De alguna forma en el lanzamiento hubo algo también de teatral; la novela va mucho por ese lado, y de tres amigas que están conversando sobre los afectos y sobre distintas cosas. Hay una especie de rito”, relató, destacando además los textos leídos por las escritoras Alia Trabucco Zerán y Juana Inés Casas, que calificó como “realmente hermosos”.

La autora igualmente compartió que la novela es el resultado de un proceso creativo prolongado, cuyo origen se remonta a una imagen inicial que la acompañó durante años. “Esta historia es una con la que vengo hace un buen rato trabajando, justamente porque se agarra de una chispa, de un recuerdo, pero luego se desbanda y se va hacia distintas partes”, explicó.

Esa chispa, según relató, estaba directamente vinculada con la experiencia de la ausencia y con la dificultad de representarla a través del lenguaje. “Tenía que ver precisamente con alguien que se va, que no está, y que yo no sabía cómo traer eso, cómo ponerle palabras a eso”, señaló, agregando que desde el inicio la inquietud estuvo marcada por la pregunta sobre “cómo se trabaja con la ausencia y toda la reminiscencia que eso puede tener con nuestra historia reciente”.

Además, el proceso de escritura coincidió con el inicio de la pandemia, un contexto que influyó en el desarrollo emocional de la obra. “Empecé a tomar apuntes de esto como en febrero del 2020, y ya luego llegó la pandemia, en un mes llegó la cuarentena”, recordó. A diferencia de otras experiencias creativas, la escritora afirmó que ese período estuvo marcado por la parálisis y la sensación de pérdida. “Entonces, empezó también a colárseme algo de lo que había de pérdida en la pandemia”, conectó.

Y aunque la novela no aborda directamente ese contexto sanitario, Costamagna reconoció que la experiencia colectiva de la incertidumbre dejó una huella en el tono del relato. “Creo que hay algo de esa sensación extrema, donde los afectos se vuelven tan importantes y al mismo tiempo empiezas a manejarte con la imaginación, porque es una herramienta que permite una proyección, imaginar un mundo posible distinto”.

A ello se sumaron experiencias personales que influyeron en la construcción de la historia. “Se coló el inicio de la pérdida de memoria de mi madre y que penetra un poco en este aire de ensoñación que tiene la novela”, explicó, señalando que todos estos elementos confluyeron en una obra que aborda temas políticos desde una dimensión emocional. “Me interesa que sean los afectos los que estén dando el núcleo, la fuerza para poder hablar de estos temas”.

Portada del libro "Donde puedo dejarlo".

“Donde puedo dejarlo”, novela de Alejandra Costamagna publicada por Editorial Anagrama.

Ambientada a fines de la década de 1980, la novela dialoga con la memoria histórica del país y con las consecuencias de la violencia política. En ese contexto, la autora explicó que la desaparición de uno de los personajes genera una forma particular de presencia. “Ella no está, pero yo la voy a hacer presente con mi propio cuerpo”, señaló, adelantando que en la relación entre las protagonistas se produce una especie de reflejo o identificación mutua.

La construcción narrativa también se caracteriza por la incertidumbre y la especulación, elementos que, según la autora, forman parte central del relato. “Ese espacio logra entrar a disputar el nivel de cuál es la realidad del relato: ¿es la imaginación?, ¿es el recuerdo?, ¿es la evidencia?”, explicó, añadiendo que la novela busca abrir posibilidades más que entregar respuestas definitivas.

En esa línea, Costamagna sostuvo que la historia propone una reflexión sobre el vacío y las formas de narrarlo. “Es cómo se narra el vacío a partir de la conjetura, la elucubración, eso que proyectamos, que quisiéramos que hubiera sido”, afirmó, subrayando que la literatura permite imaginar escenarios posibles incluso cuando la certeza no existe.

Uno de los elementos más significativos del libro es la presencia del silencio como forma de expresión. La autora explicó que la imagen que dio origen a la historia surgió de una experiencia real: la celebración de cumpleaños de una hija ausente. “Cuando vi esa imagen fue: sí, aquí hay una tremenda historia, un tremendo núcleo de desafío con el lenguaje, porque me parece que la foto misma, la imagen, es mucho más potente de lo que uno puede decir”, concluyó.





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