Transcurridos más de dos años de gestión, el gobierno de Javier Milei afronta en abril de 2026 su momento más complejo desde que llegó a la Casa Rosada con una promesa ambiciosa: ordenar la economía argentina y terminar con los privilegios de la que llama “casta política”. Hoy, ambos frentes —económico y político— se han vuelto un verdadero dolor de cabeza para el libertario y comienzan a tensionar la sostenibilidad de su proyecto.
El eje económico y las grietas de un plan que no conecta con la gente
Milei heredó una economía con una inflación anual de 211,4% en 2023 y un déficit fiscal de -4,4% del PIB. Su respuesta fue un plan de shock basado en ajuste fiscal extremo, eliminación de subsidios y liberalización del mercado cambiario. Los resultados, en términos macroeconómicos, son evidentes, Argentina logró superávit primario en 2024 (1,8% del PIB) y lo sostuvo en 2025 (1,4%), algo que no ocurría hace más de una década.
A esto se suma una desaceleración significativa de la inflación. Tras cerrar 2024 en 117,8%, en 2025 cayó a 31,5%, con meses incluso cercanos al 1,5%. Sin embargo, este logro comienza a mostrar límites. En marzo de 2026, la inflación mensual subió a 3,4%, rompiendo la tendencia a la baja, mientras que el acumulado del primer trimestre ya alcanza el 9,4%, prácticamente agotando la meta anual del 10% proyectada por el propio gobierno.

Presidente de Argentina, Javier Milei, con la motosierra. Foto: Gage Skidmore.
Este desajuste entre expectativas y realidad explica porqué las consultoras ya proyectan una inflación cercana al 26% para 2026. Es decir, el ancla nominal del programa económico empieza a perder credibilidad, un factor crítico en economías con historial inflacionario como la argentina.
Pero el dato más relevante es que la desaceleración inflacionaria no responde únicamente a un ordenamiento estructural, sino también a una fuerte contracción del consumo. La economía cayó un 3,5% en 2024 y, aunque rebotó un 4,4% en 2025, los datos de 2026 muestran señales de agotamiento. En febrero, la actividad cayó 2,9% interanual y sectores clave como la industria (-7,9%) y el comercio (-6,9%) siguen en retroceso.
Lo anterior, configura un escenario de estanflación persistente: menor inflación, pero con bajo crecimiento y deterioro del empleo. La tasa de desempleo cerró 2025 en 7,5%, afectando a 1,7 millones de personas, y la recuperación económica no logra permear en el mercado laboral.
A nivel social, el ajuste tiene efectos profundos. El salario mínimo perdió cerca de un 40% de su poder adquisitivo desde 2023, ubicándose en niveles comparables a la crisis de 2001. Y aunque en los datos en macro la inflación haya tenido una enorme reducción, esta pérdida del poder adquisitivo sumado al brusco aumento de tarifas de los servicios básicos, como luz, agua y gas —con subidas que superan el 600% en algunos servicios desde el inicio del gobierno— ha generado una presión inédita sobre los ingresos de los hogares.

Presidente de Argentina, Javier Milei, en el Madrid Economic Forum. Foto: Aton/Europa Press.
El resultado es una economía que mejora en los indicadores macro, pero se deteriora en la vida cotidiana. El consumo de carne vacuna está en mínimos de dos décadas y emergen fenómenos de inseguridad alimentaria que reflejan una caída estructural en la calidad de vida. La crisis es tal, que en los últimos días se hizo viral como las carnicerías han comenzado a vender carne de burro o influencers libertarios enseñan diversas formas para preparar carne de paloma.
A esto se suma la fragilidad de las reservas de moneda externa, principalmente dólares. A pesar de que las reservas brutas del Banco Central rondan los 45 mil millones de dólares, su nivel más alto en años, al netear los pasivos y compromisos, las reservas netas siguen siendo negativas o en terreno crítico, muy por debajo de lo que se necesita para operar sin sobresaltos.
En paralelo, la deuda externa argentina alcanzó los 320 mil millones de dólares en 2025, mientras que en 2026 el país enfrenta vencimientos de deuda por cerca de 19 mil millones, lo que obliga a recurrir a mecanismos financieros que postergan, pero no resuelven el problema.

Fachada del edificio del Banco Central de la República Argentina. Foto Gobierno de Argentina.
En síntesis, el modelo económico de Milei ha logrado estabilizar variables clave, pero lo ha hecho a costa de una fuerte contracción del mercado interno, un deterioro del salario real y una estructura productiva debilitada. La gran interrogante es si este equilibrio basado en el ajuste es sostenible en el tiempo.
El eje político: la verdadera crisis que podría quebrar al gobierno
El principal problema del gobierno no es solo económico, sino de gobernabilidad. La administración de Javier Milei enfrenta una crisis interna profunda que amenaza con erosionar su capacidad de sostener el programa económico.
La fractura con la vicepresidenta Victoria Villarruel es el símbolo más evidente. Lo que comenzó como una alianza estratégica hoy es una ruptura abierta. Villarruel ha sido marginada de las decisiones clave y ha comenzado a construir un perfil propio, distanciándose del ajuste económico y del núcleo duro del gobierno.
La misa por el primer aniversario del fallecimiento de Francisco terminó siendo una “radiografía” de un gobierno que se está rompiendo por dentro. Milei no asistió por estar de viaje en Israel celebrando el 78° aniversario de la “independencia” del país. Mientras que Villaruel declinó asistir argumentando que allí se encontraba “lo peor de la casta política argentina”, en una referencia indirecta a Manuel Adorni, vocero de la Casa Rosada y con el que Villaruel ha tenido fuertes encontronazos.

La vicepresidenta de Argentina, Victoria Villarruel, y el presidente de ese país, Javier Milei. Foto: Senado de Argentina.
A esto se suma una disputa en el corazón del oficialismo entre Karina Milei y Santiago Caputo, evidenciando fisuras en el llamado “triángulo de hierro”. Las tensiones por el control político y electoral proyectan un escenario de fragmentación interna de cara a los próximos desafíos legislativos.
En paralelo, el gobierno enfrenta un congreso adverso, sin mayorías propias, donde reformas clave —como la eliminación de las votaciones PASO— encuentran resistencia incluso en sectores que inicialmente fueron aliados. Esta debilidad parlamentaria limita la capacidad de Milei para avanzar en su agenda estructural.
Pero el golpe más fuerte al relato oficial proviene del caso del vocero presidencial Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Este escándalo impacta directamente en el corazón discursivo del gobierno, la promesa de terminar con la corrupción de la “casta”. La decisión de sostenerlo políticamente ha generado un daño reputacional significativo, afectando la credibilidad del presidente.
Al mismo tiempo, la oposición comienza a rearticularse. El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, emerge cada vez más como una figura capaz de capitalizar el malestar social, construyendo un discurso centrado en la crisis del empleo, los servicios y el deterioro de las condiciones de vida. Sin embargo, la resistencia al peronismo sigue siendo muy alto y los problemas internos del Partido Justicialista siguen pesando para construir una posición cohesionada.

Santiago Caputo, Javier Milei y Karina Milei juntos tras triunfar en las elecciones de medio término en 2025. Vía X@SantiagoCaputo_
No obstante, para la ciudadanía en general, cada vez pesa más ver que el gobierno celebra el superávit fiscal, mientras amplios sectores de la población enfrentan dificultades para sostener su nivel de vida, en un contexto de tarifas altas, servicios deficientes y deterioro del empleo.
La combinación de ajuste económico, conflicto político interno y pérdida de credibilidad genera una erosión de la confianza social, un elemento clave para sostener cualquier programa de estabilización.
En este contexto, el viaje de Milei a Israel para participar de las celebraciones nacionales del país que se encuentra en medio de una guerra con dos frentes en Irán y Líbano, sumado a las ya constantes denuncias de genocidio y violaciones a los DD.HH. en Gaza y ahora Líbano, alimentó la polarización y desviando la atención de los problemas domésticos.
Así, el gobierno de Milei se encuentra en una encrucijada. Ha logrado avances concretos en la estabilización macroeconómica, pero enfrenta límites estructurales y, sobre todo, un escenario político cada vez más adverso.
La pregunta de fondo ya no es solo económica, sino política ¿puede sostenerse un programa de ajuste profundo sin cohesión interna, sin mayorías legislativas y con una sociedad cada vez más tensionada?






