/En un acto público cargado de ironía, el presidente Donald Trump aludió a la posibilidad de que Estados Unidos tome el control de Cuba en el futuro cercano. Dirigiéndose a un asistente de origen cubano, el mandatario afirmó: “Él es originario de un lugar llamado Cuba, que tomaremos casi de inmediato”, comentario que fue recibido entre risas por los presentes.
Trump vinculó esta hipotética acción con la actual política exterior en Oriente Próximo, señalando que prefiere “terminar el trabajo” con Irán antes de iniciar otra operación. En tono distendido, describió un escenario donde el portaaviones USS Abraham Lincoln se detendría a escasos metros de la costa cubana para forzar una rendición inmediata de las autoridades de la isla.
Refuerzo de sanciones y acusaciones de seguridad
Más allá del tono jocoso de sus declaraciones, la administración de Donald Trump formalizó este viernes una nueva orden ejecutiva destinada a asfixiar financieramente al Gobierno cubano. Las medidas refuerzan las sanciones contra entidades y redes que mantengan vínculos con el régimen o con actores que ya han sido sancionados previamente por Washington.
La Casa Blanca justificó esta ofensiva bajo diversos argumentos de seguridad nacional. En primer lugar, se acusa a La Habana de representar una amenaza directa para Estados Unidos debido a sus nexos con países considerados hostiles. Asimismo, Washington apunta a las alianzas estratégicas y la relación de Cuba con Irán y el grupo libanés Hezbolá. Finalmente, se señala a la isla como una base operativa para actividades de inteligencia extranjera y un foco de inestabilidad regional.
La reacción del Gobierno cubano no se hizo esperar. El canciller Bruno Rodríguez calificó las nuevas sanciones de “coercitivas” e “ilegales”, asegurando que la presión de Washington no logrará su objetivo disuasorio. “No van a amedrentarnos”, sentenció el ministro de Exteriores, rechazando tajantemente lo que calificó como una nueva ofensiva de la administración Trump en este 2026.






