La Democracia Cristiana (DC) lleva años encerrada sobre sí misma, después de que connotados dirigentes, hoy fuera del partido, la llevaran a una encarnizada e ineficaz lucha por el control del poder interno.
Eran los dueños de la “máquina”, apoyados por los “operadores”. Controlaron el partido, pero no estuvieron a la altura de los desafíos de un mundo cambiante, que no percibieron. Fueron los dueños de la DC, pero en la mirada cortoplacista, sin visión estratégica.
Por ello, sufrimos una baja sostenida en los resultados parlamentarios y presidenciales, pero sobre todo –y esto es lo más decidor– nos quedamos sin discurso y sin ideas sobre Chile, y su devenir en un mundo nuevo.
Muchos pronosticaban nuestra extinción. Pero el año 2025 tuvimos una buena negociación parlamentaria dentro del bloque de la centroizquierda, eligiendo 8 diputados, y reeligiéndose 2 de los 3 senadores que tenemos.
Esto ha significado un respiro, pero tenemos también una oportunidad. La pregunta ahora es, ¿qué hacer?
La idea primera es cómo enfrentar la coyuntura del triunfo de un gobierno de extrema derecha, y en concreto, la “megarreforma de reconstrucción” expresada, en lo central, en la Reforma Tributaria presentada al Congreso.
Las ideas matrices del proyecto responden a una concepción de la economía y del rol del Estado y de la sociedad. Esa derecha tiene una visión ideológica del papel que juegan en la historia los grupos dominantes, que tienen la riqueza y el poder, versus los grupos sociales que sólo tienen la fuerza de su trabajo. Por ello esa concepción, en sus políticas, tiene por objetivo favorecer precisamente a esos grupos dominantes.

El senador Francisco Huenchumilla. Foto: ATON.
Porque, ¿qué otra cosa es la rebaja del impuesto corporativo y la integración del sistema tributario, la rebaja del impuesto a las ganancias de capital, o la exención del pago de contribuciones a la vivienda principal –independientemente del número de propiedades que tengan– de los adultos mayores de Vitacura o Las Condes, junto a otras medidas que van en la misma dirección?
Todo lo cual configura una verdadera apuesta, respecto de un hipotético, futuro e incierto crecimiento de la economía; con rebaja de los impuestos a los más ricos, afectando la recaudación tributaria, sin compensación, con probable afectación a derechos sociales de los más vulnerables, y en un escenario de difícil sostenibilidad fiscal.
Este Gobierno ganó las elecciones porque así lo decidió el pueblo de Chile; y por lo tanto, tiene derecho a llevar a cabo su programa con la ideología que lo ilumina y los valores que lo sustentan. Pero de la misma manera la oposición, y este es el caso de la DC, tiene derecho a enfrentarlo con el prisma de sus propias ideas y valores.
La DC nació a la vida política, anclada en la lucha por los más desposeídos de la fortuna de la vida, sin poder económico y mayormente en la pobreza, con todas sus carencias y consecuencias.
No se trata de que nos opongamos al diálogo, pero este debe ser hecho de buena fe, y no mediante maniobras o subterfugios; como por ejemplo, hacer un proyecto lleno de materias de distinta naturaleza, expresadas en 33 artículos permanentes y 17 transitorios, con un lenguaje enrevesado y enmarañado, y conformando una arquitectura jurídica que se aleja de la claridad y simplicidad que debe tener toda norma.
Junto a todo lo anterior, un proyecto así pretendían que lo viera una sola comisión, la de Hacienda; contraviniendo la normativa constitucional, la Ley Orgánica del Congreso, y los respectivos reglamentos; y aplicando urgencias que atentan contra un debate democrático transparente, participativo y técnicamente bien fundamentado.
La DC, fiel a su historia y su razón de ser, a su ideología y sus valores, debe rechazar la idea de legislar –dentro de la cual vienen múltiples “ideas”– sin perjuicio del mérito que en la discusión particular tenga cada uno de los artículos en discusión.
Porque, si votamos a favor, ¿qué nos diferencia entonces de la ultraderecha?
Francisco Huenchumilla Jaramillo, senador de la República.






