¿Hay acuerdo entre Irán y Estados Unidos? El riesgo que los mercados parecen olvidar

Las partes de este conflicto están a horas de un posible consenso que podría poner fin a dos meses de hostilidades. Mientras avanzan las negociaciones, el precio del petróleo cae, pese a que la tensión militar en el Golfo Pérsico sigue activa.

Las partes de este conflicto están a horas de un posible consenso que podría poner fin a dos meses de hostilidades. Mientras avanzan las negociaciones, el precio del petróleo cae, pese a que la tensión militar en el Golfo Pérsico sigue activa.

Las últimas horas del conflicto entre Irán y el eje conformado por Estados Unidos e Israel están marcadas por señales contradictorias, pero con un elemento común, la posibilidad concreta de un acuerdo que ponga fin a más de dos meses de guerra que han tensionado el comercio global y, especialmente, el flujo energético global.

Señales diplomáticas contrapuestas

Según reportes de Reuters y Axios, las negociaciones estarían cerca de cerrar un memorando preliminar de 14 puntos. Este documento contemplaría, por lo que se sabe, un cese de hostilidades, una moratoria en el enriquecimiento de uranio por parte de Irán, alivio de sanciones económicas hacia el mismo país y la reapertura progresiva del estratégico estrecho de Ormuz, entre otros detalles que aún se desconocen.

El borrador, sin embargo, no constituye aún un acuerdo definitivo, se trataría más bien de un marco inicial para retomar conversaciones, las cuales podrían desarrollarse en ciudades como Islamabad o Ginebra.

El Ministerio de Exteriores de Irán argumentó "exigencias excesivas" de Estados Unidos tras el fracaso de las negociaciones en la capital de Pakistán, Islamabad, donde el vicepresidente de EEUU, JD Vance, dejó una "oferta final" antes de retirarse del país.

Conversaciones de Islamabad (Islamabad Talks). Foto: Aton/Europa Press.

Desde la Casa Blanca insisten en transmitir un tono de optimismo, reforzado por declaraciones del presidente Donald Trump, quien aseguró que la guerra “tiene muchas posibilidades de terminar”. No obstante, ese optimismo contrasta con la cautela y escepticismo que emerge desde Teherán.

Funcionarios iraníes declararon a medios afines al Estado que algunas partes de la propuesta estadounidense siguen pareciendo poco realistas para los responsables de la toma de decisiones iraníes. También señalaron a los medios que algunos aspectos del artículo original de Axios sobre el tema son “especulativos”.

Una de las figuras más críticas es la de Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, quien advirtió que el plan estadounidense busca debilitar a Irán tanto económica como socialmente. En declaraciones recientes sostiene que está claro que se les han vuelto a proporcionar informes falsos, en base a los cuales han tomado decisiones erróneas, y estas decisiones erróneas causarán dificultades a todo el mundo”.

Trump dio plazo de una semana para una respuesta formal y señaló que desea un acuerdo antes de visitar a su par chino Xi Jinping el 14 y 15 de mayo.

El frente naval en Ormuz sigue activo

El denominado “Project Freedom”, lanzada por la administración de Donald Trump como una segunda fase tras la operación “Epic Fury”, tenía como objetivo escoltar a más de mil 500 buques comerciales atrapados en la zona. Sin embargo, apenas 24 horas después de su inicio, esta operación fue pausada como un gesto de buena voluntad para facilitar las negociaciones.

Pese a lo anterior, el bloqueo naval estadounidense se mantiene en el estrecho de Ormuz y nuevos incidentes se reportan en los alrededores del corredor marítimo. Por su parte, Irán continúa desplegando drones y tácticas de guerra asimétrica, incluyendo el uso de lanchas rápidas y minas marinas como herramientas de control territorial.

Misil iraní. Foto: Agencia Aton.

En este escenario, Europa comienza a jugar su propio papel. Francia desplegó el portaaviones Charles de Gaulle a través del Canal de Suez, en una misión que califica como defensiva y multinacional. Al mismo tiempo, Alemania envió unidades cazaminas con el objetivo de asegurar el flujo comercial.

Esta estrategia europea revela una tensión subyacente, mientras Washington utiliza la pausa militar como herramienta de presión diplomática, los países europeos buscan garantizar sus propios intereses energéticos, desconfiados de las negociaciones estadounidenses.

Sin embargo, esto agrega una nueva capa de complejidades para la paz. La idea del bloque europeo liderado por Francia y Alemania busca liberar el paso por el estrecho y no depender de presiones externas ni del futuro de negociaciones de EE.UU., pero un intento por entrometerse o de desactivar minas significa anular la capacidad de Irán de cerrar el grifo del petróleo mundial. Para Irán un buque desminador es tan hostil como un destructor estadounidense. 

El rally optimista de los mercados: la advertencia de históricos inversionistas y economistas

Lo que resulta particularmente llamativo es la reacción de los mercados financieros. En una jornada marcada por el optimismo, índices como el S&P 500 y el Nasdaq Composite alcanzaron nuevos máximos, impulsados por la expectativa de un acuerdo inminente. Al mismo tiempo, el precio del petróleo registró una caída significativa, reflejando la apuesta de los inversores por una pronta normalización del suministro.

Este comportamiento reactivó las advertencias de figuras como Michael Burry, quien desde hace tiempo viene señalando riesgos estructurales en el sistema financiero. Burry puso el foco en la sobrevaloración de activos y en la expansión del crédito privado, un segmento que, según él, podría replicar dinámicas similares a las que precedieron la crisis de 2008.

Gráfico financiero de líneas ascendentes. Foto repositorio Freepik.

Su tesis no establece una relación directa con la guerra, pero sí sugiere que eventos como este pueden actuar como catalizadores de fragilidades preexistentes.

Burry sostiene que el mercado está inflado por flujos automáticos (ETFs) que no discriminan el riesgo geopolítico. Para él, el optimismo es mecánico, no racional. Criticó el hecho de que empresas de software o IA tengan capitalizaciones superiores a todos los contratistas de defensa juntos (Lockheed, Raytheon, etc.), más aún cuando la IA aún no genera ganancias. Todo justo cuando el mundo entra en una fase de “guerra cinética” que demanda hardware, no solo código.

Una visión complementaria —desde una vereda ideológica distinta— es la del economista francés Frédéric Lordon. Para Lordon, el optimismo de los mercados no es simplemente un error de cálculo, sino es una manifestación de lo que denomina la “ficción del valor”, una creencia colectiva que permite sostener el sistema financiero incluso cuando los fundamentos reales se deterioran.

Desde esta perspectiva, la guerra no es un evento aislado, sino parte de una crisis estructural más amplia en la que se entrelazan deuda, geopolítica y energía.

Es decir, más que una reacción al conflicto, lo que aquí se podría estar observando —bajo esta lectura— es un nuevo episodio donde los mercados vuelven a ignorar riesgos reales, algo que tanto Burry como Lordon, advierten desde las antípodas políticas.

A estas advertencias se suma la voz de Warren Buffett, personaje histórico en el mundo de las finanzas de Wall Street, quien recientemente describió al mercado como “una iglesia con un casino anexo”. En su diagnóstico, los inversores han dejado de evaluar fundamentos para apostar a eventos de corto plazo, como la firma —o el fracaso— del acuerdo entre Estados Unidos e Irán.

Buffett hizo una analogía histórica muy sombría que se conecta con la guerra actual. Dijo que los verdaderos colapsos no vienen de lo que todos estamos mirando (como el petróleo), sino de lo inesperado, un ciberataque masivo a la infraestructura financiera, un error de cálculo nuclear o el colapso repentino de una gran entidad de crédito privado, como alertan Burry y Lordon.

Así, se configura un escenario peligroso, mientras los mercados celebran una posible paz inminente, en el terreno persisten las operaciones militares, las desconfianzas políticas y las tensiones estratégicas. Es un “divorcio de realidades”, por un lado, el optimismo financiero; por otro, la complejidad de una guerra que aún no ha terminado.

En este contexto, el mayor riesgo no es solo que el acuerdo fracase, sino que los mercados ya han descontado su éxito. Si las negociaciones se rompen el ajuste podría ser abrupto.





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