China en el centro del poder global: Xi Jinping recibe a Putin solo días después de encontrarse con Trump

Es la primera vez que los presidentes de Estados Unidos y Rusia realizan visitas bilaterales consecutivas al mismo país. Entre guerras, energía y tensiones, el líder asiático no elige un bando, construye la mesa de negociación desde donde se negocia.

Es la primera vez que los presidentes de Estados Unidos y Rusia realizan visitas bilaterales consecutivas al mismo país. Entre guerras, energía y tensiones, el líder asiático no elige un bando, construye la mesa de negociación desde donde se negocia.

Solo cuatro días después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, concluyera su gira por China acompañado de una poderosa delegación de líderes tecnológicos y financieros, hoy el presidente chino, Xi Jinping, recibe a su par ruso, Vladimir Putin.

El encuentro se da en el marco del 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa firmado en 2001. Es la vigésimo quinta visita de Putin a China desde la llegada de Xi al poder y la reunión número 44 cara a cara, entre ambos mandatarios. Pero lo que hace especial esta cumbre no es la cifra, sino el contexto, en una semana en que Pekín ha recibido a los líderes de las otras dos principales potencias globales.

China: El centro del mundo

Es un hecho que hoy vivimos en un momento extraordinario de la historia. En el último tiempo, el tablero global entro en una fase de alta volatilidad, marcada por guerras abiertas, crisis energéticas y una reconfiguración del poder mundial. En ese escenario, Xi Jinping entiende que su país tiene mucho que ganar, pero también mucho que perder. Por eso, no es casualidad que se haya reunido en su capital con los líderes de Washington y Moscú, posicionando a Pekín como el centro del poder global.

El hito no es menor. Es la primera vez en la historia que los presidentes de Estados Unidos y Rusia realizan visitas bilaterales consecutivas al mismo país, en el mismo mes y fuera de cualquier marco multilateral. Es una demostración de poder. A diferencia de otras épocas, Xi está utilizando estas visitas para proyectar a China como el centro de gravedad indispensable del sistema internacional. Mientras Trump busca estabilizar una relación económica tensionada, Putin llega a consolidar una alianza estratégica frente a Occidente. Y Xi, en el medio, negocia con ambos.

Cancíller de China, Wang Yi, recibiendo al presidente ruso Vladimir Putin. Foto: Agencia TASS

Ejemplo de esto es que tanto Beijing como Moscú son socios cercanos de Teherán y han desempeñado un papel clave en su protección frente a las sanciones estadounidenses e incluso de material e inteligencia militar en la actual guerra. Al mismo tiempo, China es el principal comprador de crudo iraní. Trump, sabiendo esto, quiere que China presione a Irán, pero Xi acaba de recibir a Putin, que también tiene intereses en mantener a Irán como actor de presión sobre Occidente. Xi está negociando con ambos bandos al mismo tiempo sobre el mismo tema, solo con un detalle. Hoy no se trata de acuerdos comerciales, sino que enfrente tiene a una región entera lista para sumirse en una guerra que amenaza la frágil estabilidad del comercio global.

Las relaciones entre Pekín y Moscú: Interdependencia asímetrica

Desde Occidente, la reunión llega marcada por informes del Financial Times que apuntan a que Xi habría advertido a Trump que Putin podría arrepentirse de haber invadido Ucrania. Más allá de si estas versiones son ciertas o no -China las ha desmentido-, lo relevante es que el conflicto en Ucrania estará en la agenda de las conversaciones.

Ambos mandatarios abordarán durante la visita del primero a Pekín todas “las crisis clave” en el mundo. Pero el Kremlin también destacó una frase que tanto en Washington como en las capitales europeas cuesta creer, “Rusia y China no se alían contra nadie”, a pesar de tener muchas veces políticas exteriores idénticas, según dijo el viceministro de Exteriores ruso, Andréi Rudenko, citado por la agencia TASS. No es una alianza militar formal regida por un tratado de defensa mutua, como la OTAN, sino que se trata de una “asociación estratégica”.

Sin embargo, las relaciones entre los estados, no se pueden analizar como relaciones entre actores con el mismo peso y por ende, con la misma capacidad de agencia. En este sentido, hoy está suerte de “asociación estratégica”, pasa más por los pasillos de Zhongnanhai, la sede central del Partido Comunista de China y del Consejo de Estado (el gobierno central), que por los pasillos de Moscú.

El presidente de China, Xi Jinping, junto a su par de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: X @WhiteHouse

Esto se conoce como “interdependencia asímetrica”, lo que significa que si bien ambas partes se benefician de la relación o sufrirían con una ruptura, los costos o ganancias para uno de ellos serían mucho mayores, mientras que para el otro serían manejables. Rusia es quien hoy más depende de China para sostener su ficha en el mundo.

Los datos lo demuestran. Más del 30% del comercio exterior ruso depende hoy de China, mientras que Rusia representa apenas cerca del 4% del comercio chino. En otras palabras, si el vínculo se rompe, Rusia colapsa, China, en cambio, se reajusta. Esta interdependencia asimétrica se extiende a sectores clave como energía, tecnología, financiamiento. Tras las sanciones occidentales, Rusia ha tenido que reorientar su economía hacia China, utilizando yuanes en sus transacciones, importando tecnología china y vendiendo su petróleo con descuento. Moscú ha pasado de socio estratégico a cliente.

La agenda de la cumbre

En el plano energético, esta reunión tiene un punto crítico, el gasoducto Fuerza de Siberia 2: un megaproyecto que permitiría a Rusia exportar grandes volúmenes de gas a China a través de Mongolia. Moscú podría reemplazar el mercado europeo perdido. Para Pekín, es una opción más dentro de su estrategia de diversificación energética.

Lo curioso es que Trump le ofreció a China petróleo de Texas y Alaska para reducir su dependencia del estrecho de Ormuz. Xi, en este escenario, tiene la ventaja del comprador que puede negociar condiciones jugando con ambos.

Pero el cálculo chino va más allá del corto plazo. Pekín necesita que la guerra en Ucrania no se resuelva ni demasiado rápido ni de forma definitiva. Si Rusia pierde, China pierde un proveedor energético clave, pero si Rusia gana completamente, deja de depender de Pekín. Por eso, el equilibrio actual de inestabilidad contenida es funcional a los intereses chinos. Xi no busca resolver el conflicto, busca administrarlo. Y en ese rol, se consolida como interlocutor indispensable para cualquier salida futura.

Vladimir Putin junto a Donald Trump, en Alaska el 2025. Foto White House

Mientras tanto, Rusia cumple otro papel dentro de esta dinámica global, absorbe el desgaste militar, económico y diplomático frente a Occidente. Mientras Estados Unidos y la OTAN concentran recursos en contener a Moscú y en Irán, China gana tiempo para fortalecer su economía, expandir su influencia en el Sur Global y modernizar sus capacidades. Es una división tácita de funciones dentro de una relación que, aunque desigual, es estratégicamente conveniente para ambos.

De esta cumbre se esperan resultados concretos, cerca de 40 acuerdos bilaterales, avances en cooperación financiera fuera del sistema SWIFT, y una profundización del uso de monedas propias como el yuan y el rublo. También habrá iniciativas de poder blando, como el lanzamiento de los “Años de la Educación Rusia-China”. Pero más allá de los documentos, lo central ocurrirá a puerta cerrada: la coordinación frente a Ucrania, la gestión del mercado energético y la evaluación de los movimientos de Estados Unidos tras la visita de Trump.

En definitiva, lo que estamos viendo en Pekín no son dos reuniones separadas, sino una sola operación estratégica en dos tiempos. Xi Jinping no está eligiendo un bando, está construyendo la mesa donde todos los bandos necesitan sentarse. Y en ese movimiento, busca posicionarse como el arquitecto del nuevo orden internacional.

Sin embargo, este equilibrio es frágil. El sistema global no había mostrado tal nivel de tensión desde el fin de la Guerra Fría. Cualquier error de cálculo, cualquier evento inesperado, puede alterar completamente este delicado balance. Pero si algo caracteriza la estrategia china es su visión de largo plazo. Mientras el mundo parece moverse cada vez más rápido, Pekín juega a otra escala temporal. Y en ese juego, esta semana podría ser recordada como uno de esos momentos en que el orden global comenzó a redefinirse silenciosamente.





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