En el Día Mundial del Reciclaje, la discusión pública suele centrarse en el plástico, el vidrio o el papel. Sin embargo, existe una fracción crítica que solemos invisibilizar: los residuos orgánicos. En Chile, estos representan el 58% de los desechos sólidos municipales, pero menos del 1% de las casi cuatro millones de toneladas generadas anualmente son gestionados o valorizados.
Estos residuos son producidos en nuestras cocinas como alimentos sobrantes o descompuestos, pero, sobre todo, son producto del comercio y servicios, donde cantidades enormes de alimentos son desechados por mercados, supermercados, restaurantes, hoteles y la industria agroalimentaria. Además, la poda de árboles, cortes de pasto y hojas secas provenientes de áreas verdes comunes y jardines privados, contribuyen a esta basura orgánica.
Triste y alarmantemente, un estudio de la Universidad de California acaba de ubicar los rellenos sanitarios de Tiltil, Talagante y Penco en los lugares 5, 6 y 9 del ranking global de los 25 vertederos con mayores emisiones de gas metano globalmente. Este gas con efecto invernadero se produce a partir de la descomposición de residuos orgánicos y tiene un poder de calentamiento global 80 veces más alto que el CO2.
En este escenario, el reciclaje de residuos orgánicos en contextos urbanos enfrenta desafíos particulares de gestión y participación y puede convertirse en un motor de economía circular local, en una oportunidad de contribuir a la seguridad alimentaria y en el fortalecimiento del desarrollo de huertos comunitarios, beneficiando tanto en el ámbito de la salud, de la educación, como de la cohesión social.
Por ejemplo, la recuperación de alimentos y residuos orgánicos provenientes de las ferias o supermercados son una fuente permanente de productos saludables que pueden distribuirse a población vulnerable directamente o a través de bancos de alimentos. Además, estos residuos son una excelente base para los procesos de compostaje, huertas y mejora de suelos.
Chile cuenta con la Estrategia Nacional de Residuos Orgánicos (ENRO) 2040 que busca integrar los esfuerzos en pos de una gestión más sostenible de los residuos orgánicos municipales, lo que permite tanto mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, como adaptarnos al estrés climático. La ENRO 2030 busca pasar de un escenario donde se recicla menos del 1% de los residuos orgánicos a un 30% de valorización municipal, y para el 2040 la meta asciende al 66% de los residuos orgánicos municipales valorizados mediante técnicas de reciclaje.
Desde el Grupo Transdisciplinario para la Obesidad de Poblaciones (GTOP) y la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación, de la Universidad de Chile, planteamos que reciclar no es solo un acto de gestión de desechos, sino una oportunidad política y social para transformar nuestros sistemas alimentarios. Bajo esta visión, pensamos que los actores principales son los municipios y las comunidades. Transformar la ENRO en una realidad mediante planes de acción municipales financiados, que incluyan actividades educativas complementarias, es un imperativo ético para un futuro sostenible.
Lorena Rodríguez Osiac, salubrista, directora Escuela de Salud Pública Universidad de Chile. Parte del Grupo Transdisciplinario sobre Obesidad de Poblaciones (GTOP), Universidad de Chile y de la Cátedra de Agricultura Campesina y Alimentación, Universidad de Chile.
Gabriela Lankin Vega, agrónoma, parte de la Facultad de Agronomía Universidad de Chile y del Grupo Transdisciplinario sobre Obesidad de Poblaciones (GTOP), Universidad de Chile.





