Estados Unidos está redoblando la presión sobre el gobierno cubano. Ya no se trata únicamente de presión diplomática, económica o legal, como lo evidencia la reciente acusación contra Raúl Castro, sino que la amenaza militar comienza a tomar forma concreta, en un momento en que en la isla se profundiza la crisis energética y humanitaria que arrastra desde la caída de Maduro y el endurecimiento del embargo a comienzos de este año.
Estados Unidos mueve piezas: Portaaviones y denuncias
El pasado miércoles 20 de mayo, la Armada estadounidense confirmó el despliegue en el Caribe del portaaviones nuclear USS Nimitz, acompañado por su ala aérea y al menos un destructor lanzamisiles. “Bienvenidos al Caribe”, escribió el Comando Sur en redes sociales, en un mensaje que, más allá de lo protocolar, tiene una fuerte carga simbólica y política.
La llegada del Nimitz se da tras una gira del portaaviones por América Latina, en la que cruzó el canal de Panamá y participó en ejercicios conjuntos con distintas fuerzas militares de la región, incluyendo Panamá, Colombia, Ecuador, Uruguay y también Chile, donde realizó ejercicios con la armada chilena y el propio presidente José Antonio Kast visitó el pasado abril.

Es una señal hacia Cuba y al continente completo, Estados Unidos está reposicionando su presencia militar en la región.
El mismo día del despliegue militar, el Departamento de Justicia presentó cargos formales contra Raúl Castro y otros cinco militares cubanos por asesinato, conspiración y destrucción de aeronaves, en relación al derribo de avionetas de la organización Hermanos al Rescate en 1996.
Este punto no es menor, nunca antes en más de setenta años de conflicto entre Estados Unidos y Cuba se había acusado formalmente de asesinato a un alto dirigente cubano ante tribunales estadounidenses. Es un precedente completamente nuevo.
Y más aún, Todd Blanche, el fiscal general en funciones aseguró que Castro comparecerá ante la justicia estadounidense “por su propia voluntad o de otra manera”. Un mensaje no menor que deja la puerta abierta a una posible operación militar, encubierta o directa para capturar al líder cubano si este no se entrega.
Desde La Habana, dejan claro que para ellos esto no es solo una acusación judicial, sino la construcción de un marco político y legal para justificar una eventual intervención militar, que según afirman es excusa en base a una acusación “canalla”.
El patrón de Trump y el rol de Marco Rubio
Desde que volvió a la Casa Blanca, Trump ha repetido la fórmula cuando ha querido presionar a un país. Primero muestra su descontento, busca apretarlo económicamente, luego busca cargarlo con una acusación judicial y finalmente, si la presión diplomática no sirve -que no lo hizo ni en Venezuela e Irán más que nada que por su propio apuro y maximalismo- avanza a la ofensiva militar.

En Venezuela le resultó, Maduro ahora está en una cárcel en Nueva York esperando su juicio, mientras que en Caracas Delcy Rodríguez responde a sus designios y tanto el petróleo como el uranio enriquecido y otros recursos ya están redirigiendose a EE.UU. En Irán, se están llevando por ahora una de las peores derrotas desde Vietnam.
En este contexto, no sorprende la reacción del gobierno cubano. El presidente Miguel Díaz-Canel rechazó categóricamente las acusaciones, calificándolas como una maniobra política sin base jurídica, destinada, según sus palabras, a justificar una agresión militar. Además, defendió el actuar de Cuba en el incidente de 1996, argumentando que se trató de una respuesta legítima ante violaciones reiteradas de su espacio aéreo.
Mientras tanto, Donald Trump fiel a su estilo impredecible, que a estas alturas ya cuesta pensar que sea una táctica o simplemente desinterés por las formas y el fondo, insiste en que no sería necesaria una escalada militar porque, según él, Cuba “se está cayendo a pedazos”. Sin embargo, confirma que Estados Unidos tiene presencia activa en la isla y que su gobierno está “liberando a Cuba”.
La figura realmente clave en esto es el secretario de Estado, Marco Rubio. Hijo de inmigrantes cubanos, asume el rol protagónico en esta ofensiva. A él se le atribuye la coordinación de la fecha del despliegue del Nimitz y la acusación de Castro. El 20 de mayo, no fue casualidad, es el día en que se conmemora la instauración de la República de Cuba en 1902, tras la ocupación estadounidense. Además, la ocupo para dar un mensaje directo y en español a los cubanos.
En su discurso, Rubio trazó una línea clara entre el pueblo cubano y la cúpula militar. Acusó directamente a la élite gobernante de ser responsable de la crisis energética y alimentaria del país, afirmando que han “saqueado miles de millones de dólares”. Así, quitó responsabilidad al bloqueo y embargo norteamericano.

Al mismo tiempo, volvió a reiterar la oferta de ayuda humanitaria por 100 millones de dólares, con la condición de que no pase por el aparato estatal cubano, sino que sea entregado por la Iglesia Católica u otras organizaciones de confianza. Un intento explícito de debilitar la estructura e imagen del Estado cubano.
Rubio endureció el tono al referirse a Raúl Castro como un “fugitivo de la justicia”, evitando detallar cómo sería capturado, pero dejando claro que Estados Unidos está “muy enfocado” en ello.
El futuro de la guerra en Irán puede condicionar lo que pase en Cuba
Ahora bien, todo esto ocurre en un contexto mucho más amplio. Cualquier movimiento en el futuro cercano sobre Cuba está condicionado por el conflicto que Estados Unidos e Israel mantienen con Irán desde febrero de este año.
Ese conflicto está generado un enorme desgaste para Washington, en términos financieros, logísticos y políticos. Se estima que ya ha costado decenas de miles de millones de dólares con proyecciones que podrían multiplicar esa cifra, además de soldados, aviones de combate y sobre todo, deteriorando su imagen internacional como potencia militar imparable.
La prioridad actual de Estados Unidos está en Irán, no por gusto, sino que necesita volver a asegurar el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz. Abrir un segundo frente militar en el Caribe implicaría una sobrecarga significativa para su aparato militar. Figuras clave del Partido Republicano lo señalan, “la prioridad debe seguir siendo Irán y reabrir el estrecho”, señaló el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune.

Por eso, aunque la retórica contra Cuba se intensifica, una invasión a gran escala parece, por ahora, poco probable. La crisis en el Asia Occidental podría estar dándole a Cuba un respiro temporal. Sin embargo, ese respiro es relativo. El bloqueo petrolero y la presión económica continúan asfixiando a la isla, que enfrenta una situación interna cada vez más frágil.
Trump necesita mostrar resultados concretos antes de las elecciones de medio término en noviembre. Cada día que pasa sin resolver ninguno de los dos frentes, es una presión autoimpuesta más.
Si Estados Unidos, logra cerrar el frente con Irán, Cuba podría convertirse rápidamente en el siguiente objetivo en la lista. Si no, este escenario se dilatará, pero no desaparecerá.
Al final del día lo que está en juego aquí no es solo Cuba, sino la forma en que Estados Unidos está redefiniendo su estrategia global y tal como lo dejaron claro en la estrategia de seguridad de noviembre del año pasado, América Latina ocupa un lugar central.






