Educación Física y convivencia escolar: ¿cómo favorecemos espacios para el buen trato en las escuelas?

  • 26-05-2026

Al interior de los patios de las escuelas públicas chilenas, donde el ruido de la pelota, el sonido de las cuerdas, los gritos emanados del jugar que rebota entre muros pintados, ocurre algo que no siempre aparece en los informes pedagógicos: las infancias y las adolescencias aprenden a convivir en espacios comunes y de manera conjunta. Henos aquí con la Educación Física, dispuesta a ser uno de los laboratorios de las relaciones humanas más potentes para construir una convivencia escolar sentida, comprometida y compartida.

El curriculum nacional chileno ha ido reconociendo esta dimensión formativa, tanto en las bases curriculares de la asignatura Educación Física y Salud, como en las diversas acciones que dan cuenta las escuelas. Ellas no solo apuntan al desarrollo motriz, sino que incorporan de manera explícita habilidades para relacionarse entre estudiantes, entre el profesorado y con la comunidad educativa en general, que permita reconocer diversas formas para la resolución pacífica de conflictos y el respeto por la diversidad y la inclusión como ejes del aprendizaje.

En ese sentido, la clase de Educación Física deja de ser un espacio para solamente correr y pasa a ser un espacio de aprendizaje que favorece distintas maneras para relacionarse. La pregunta sería: ¿cómo llegamos a ello?

Primero, a través de acciones didácticas que favorezcan jugar colaborativamente. Cuando un grupo de estudiantes debe resolver una tarea motriz en conjunto (atravesar un espacio sin tocar el suelo, construir una figura con sus cuerpos, coordinar un recorrido, entre otras) la definición de acuerdos surge de manera natural. Nadie puede imponerse solo; el éxito colectivo exige escucha activa, respeto y tolerancia, las cuáles son cuestiones fundamentales y proyectivas en la convivencia civil posterior.

Segundo, la Educación Física es uno de los espacios escolares donde las multidimensionalidades de las personas son protagonistas, sin jerarquías intelectuales ni impuestas. Si un/a estudiante presenta dificultades en alguna asignatura denominada como “cerrada”, es muy posible que sus habilidades sean mayormente visibles en asignaturas “abiertas”. Esa redistribución de los roles de poder dentro de un grupo genera reconocimiento entre pares, lo que podría tener efectos sobre la autoestima y la integración social de manera significativa.

Tercero, en la última década, el enfoque inclusivo que se promueve desde las organizaciones del Estado ha impulsado al profesorado de Educación Física a innovar y desarrollar actividades donde se mejore la participación en el estudiantado, independientemente de las capacidades orgánicas y/o diferencias culturales, sino más bien desde una mirada multidimensional de las personas y su respeto máximo a ello.

Por supuesto, este potencial didáctico no se activa de manera automática. Depende de las experiencias que tuvieron en su formación inicial docente, de las trayectorias formativas y profesionales donde se desenvuelven y, por cierto, de las capacidades personales y colectivas que logren establecer al momento de mediar conflictos que inevitablemente hoy día se presentan en las escuelas.

A modo de ejemplo, una actividad donde existan diversas competencias es muy posible que se repliquen dinámicas de exclusión. Por otro lado, si están favorecidas en su justa medida, logran enseñar que perder también forma parte de la vida en comunidad.

En el contexto de la Política Nacional de Convivencia Escolar y del Plan de Formación Ciudadana, la Educación Física ocupa, entonces, un lugar estratégico. No como adorno del horario, sino como experiencia encarnada de democracia cotidiana y ciudadanía activa: donde existen relaciones dinámicas, donde se respeta a la otra persona, donde se gana y se pierde con dignidad, valor intrínseco y supremo de toda persona.

El patio de la escuela, después de todo, no es solo el lugar donde se hace actividad física y/o ejercicio físico. Es donde se aprende para la vida personal, en comunidad y para el planeta… Espacio que se habita desde el ser y el estar. Henos aquí.


Rodrigo Nanjarí Miranda, académico Pedagogía en Educación Física, Departamento de Educación, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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