Escalada en Ucrania: misiles, Bielorrusia y el fantasma de una nueva ofensiva rusa sobre Kiev

Rusia eleva la presión sobre Kiev con el uso del misil Oreshnik y prepara una posible nueva ofensiva con apoyo de Bielorrusia, en un escenario que reabre el riesgo de escalada militar en toda Europa.

Rusia eleva la presión sobre Kiev con el uso del misil Oreshnik y prepara una posible nueva ofensiva con apoyo de Bielorrusia, en un escenario que reabre el riesgo de escalada militar en toda Europa.

Después de más de cuatro años desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala sobre Ucrania, avanzando en un inicio hasta las cercanías de Kiev antes de ser repelida, la guerra hoy parece entrar en una nueva fase.

Desde que las fuerzas ucranianas lograron dispersar a los rusos de las cercanías de la capital, el conflicto quedó estancado por un frente relativamente estático. No obstante, hoy las señales parecen apuntar a una posible nueva ofensiva rusa sobre la capital ucraniana, pero esta vez con un elemento adicional: la eventual participación más directa de Bielorrusia.

Dependiendo de a quién se le pregunte, esta guerra comenzó en 2022 o en 2014, con la anexión de Crimea y el estallido del conflicto en el Donbás tras el Euromaidán.

Soldados ucranianos portando diversos tipos de drones FPV y de otro alcance. Vía X@DefenceU

Si hay un elemento que la define, es la brecha entre la evolución tecnológica y la lentitud del frente. Mientras las líneas de combate apenas se mueven kilómetros en meses, el desarrollo armamentístico ha avanzado a un ritmo acelerado, transformando el conflicto en un laboratorio de nuevas formas de guerra.

En las últimas semanas, sin embargo, el conflicto ha vuelto al centro de la atención internacional. Primero, por un masivo ataque de represalia ruso sobre Kiev, y luego por el creciente número de reportes de inteligencia abierta que advierten sobre la preparación de una nueva gran ofensiva contra la capital ucraniana.

El Oreshnik, la amenaza a Europa

El pasado domingo 24 de mayo tuvo lugar un verdadero hito en la dimensión tecnológica del conflicto. Rusia utilizó por tercera vez en esta guerra el misil Oreshnik, pero ahora contra una capital, Kiev. Un ataque que, más que por su capacidad destructiva, destacó por su carácter simbólico, psicológico y estratégico.

El Oreshnik (avellana en ruso) no es simplemente otro misil; es una demostración de capacidades y una obra maestra de la reingeniería militar rusa. Diseñado originalmente como un misil intercontinental con capacidad nuclear, hoy adaptado a uno balístico de alcance intermedio con capacidad hipersónica, representa uno de los sistemas más avanzados del arsenal ruso.

Su verdadera innovación no radica solo en la potencia y sus ojivas, sino en la forma en que se despliega. A diferencia de los antiguos misiles nucleares almacenados en silos fijos, fáciles de detectar y vulnerables a ataques preventivos, el Oreshnik utiliza plataformas móviles conocidas como TEL, es decir, transportadores-erectores-lanzadores. En la práctica, esto significa que puede desplazarse oculto en un camión de gran tamaño, capaz de moverse por distintos tipos de terreno, detenerse en cualquier punto y lanzar en cuestión de minutos.

Ojivas del misil Oreshnik cayendo en ráfagas de 6 en 6 sobre la capital ucraniana Kiev el domingo 24 de mayo.

A esto se suma el uso de combustible sólido, lo que permite que esté permanentemente listo para su uso, reduciendo los tiempos de preparación a menos de 10 minutos. En términos estratégicos, esto lo convierte en un sistema extremadamente difícil de neutralizar.

Pero lo que más inquieta a las capitales europeas es su velocidad y alcance. El Oreshnik es un misil balístico de alcance intermedio, capaz de impactar objetivos a distancias de entre 3 mil y 5 mil 500 kilómetros. Viaja a velocidades superiores a Mach 10, es decir, más de 12 mil kilómetros por hora. En el ataque reciente, recorrió más de mil kilómetros en poco más de 5 minutos antes de impactar Kiev.

A esas velocidades, los sistemas de defensa aérea actualmente desplegados en Ucrania, como los Patriot o NASAMS, son incapaces de interceptarlo. Solo sistemas mucho más avanzados, como el Arrow 3 israelí o los misiles SM-3 estadounidenses, tendrían alguna posibilidad de respuesta, pero ni esos son una garatía, pues Irán con misiles más convencionales ya lo demostró.

Además, el Oreshnik incorpora tecnología MIRV, o sea, vehículos de reentrada múltiple independientes. En simple, un solo misil puede liberar hasta 6 ojivas, cada una con submuniciones que se separan en la fase final del vuelo.

Sin embargo, lo más impactante de los ataques registrados hasta ahora es que el misil se lanzó sin carga explosiva. Es decir, el enorme daño producido fue por pura energía cinética, es cómo si les hubieran lanzado piedras a enormes velocidades.

Más que causar un daño importante, el objetivo era psicológico. Si esas mismas ojivas hubieran llevado explosivos o material nuclear, el nivel de destrucción habría sido masivo.

Fachada de un edificio residencial severamente dañado por un ataque, con ventanas destruidas, muros colapsados y marcas de impactos balísticos.
Ataque ruso en Ucrania. Foto: Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania.

El Oreshnik es un sistema de doble capacidad, lo que significa que puede portar tanto carga convencional como nuclear. Cuando un radar detecta su lanzamiento, no hay forma de saber qué tipo de carga lleva. Esa ambigüedad incrementa enormemente el riesgo de error de cálculo, no solo para Ucrania, sino para toda la OTAN.

Aunque Rusia produce un número limitado de estos misiles, el Oreshnik no es la única carta en su arsenal. Moscú aún cuenta con sistemas más avanzados, como el Avangard, un vehículo hipersónico capaz de maniobrar a velocidades aún mayores, o el Burevestnik, un misil de propulsión y ojiva nuclear capaz de permanecer orbitando al planeta durante semanas antes de atacar.

Así, el Kremlin busca demostrar y recordar a sus adversarios que mantiene capacidades estratégicas que pueden superar las defensas occidentales, en un momento en que Europa ha endurecido su postura frente a Rusia.

El reciente ataque sobre Kiev dejó daños en todos los distritos de la ciudad, con 50 puntos impactados, cerca de 100 heridos y al menos 5 fallecidos, según autoridades ucranianas. De esta forma, Moscú confirmó el uso combinado de múltiples sistemas, incluyendo misiles Iskander, Kinzhal y Tsirkon, además del Oreshnik.

Crece la amenaza de una nueva ofensiva terrestre sobre Kiev

Con todo lo anterior, y en las últimas horas, Rusia está intensificado sus advertencias, instando tanto a ciudadanos como a cuerpos diplomáticos extranjeros a abandonar la capital ante la posibilidad de “ataques sistemáticos”.

El ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, dijo por teléfono el lunes al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, que Estados Unidos debería evacuar a su personal diplomático de Kiev, según un comunicado del Ministerio de Exteriores.

Aquí entra un actor clave, Bielorrusia. Las señales que llegan desde la frontera con Ucrania son cada vez más inquietantes. Movilización de reservistas, ejercicios militares a gran escala, traslado de armamento —incluidas ojivas nucleares tácticas— y una creciente integración operativa con las fuerzas rusas. Todo esto, en el marco de las maniobras Zapad-2026.

Para Ucrania, el paralelismo con los días previos a la invasión de 2022 es evidente. Entonces, tropas rusas ingresaron a Bielorrusia bajo el pretexto de ejercicios conjuntos, para luego utilizar ese territorio como plataforma de ataque hacia Kiev.

Hoy, ese escenario vuelve a parecer posible. De hecho, el propio comandante en jefe del ejército ucraniano reconoció que la amenaza de una nueva ofensiva desde Bielorrusia es real. Y el presidente Zelenski advirtió que Moscú estaría presionando directamente a Alexander Lukashenko para que se sume a una nueva operación militar.

Mientras tanto, imágenes satelitales muestran el traslado de ojivas nucleares a bases bielorrusas a menos de 200 kilómetros de la frontera con Lituania, país miembro de la OTAN, lo que enciende las alarmas en Europa. Y, en paralelo, la Comisión Europea ya calificó estos movimientos como una provocación irresponsable, mientras la OTAN asegura estar monitoreando la situación muy de cerca.

Así, el conflicto en Ucrania entrar en una nueva fase, donde la combinación de avances tecnológicos, presión y posibles nuevos actores podría redefinir el equilibrio del conflicto. Una guerra que parecía estancada vuelve a moverse. Y, esta vez, con un nivel de riesgo mucho mayor. No solo para Ucrania, sino para toda Europa.





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