En estos comicios, que ya empezaron el lunes en el extranjero, los votantes no solo eligen presidente, sino también vicepresidente, en una fórmula de parejas en una única papeleta. Las elecciones legislativas ya se realizaron en marzo, por lo que esta votación se concentra exclusivamente en definir el poder ejecutivo.
Las particularidades del sistema colombiano
El sistema electoral colombiano es parecido al chileno en muchos sentidos, pero presenta ciertas particularidades que lo hacen único en el mundo.
Para ganar en primera vuelta, un candidato debe obtener mayoría absoluta, es decir, el 50% más uno de los votos válidamente emitidos. Si ningún candidato alcanza la mayoría se pasa a una segunda vuelta, programada para el 21 de junio, entre las dos primeras mayorías. En esa instancia, gana quien obtenga la mayoría simple. Igual al modelo chileno.

Ahora bien, Colombia tiene características que hacen su sistema único. Desde 2015 no existe la reelección presidencial bajo ninguna modalidad, es decir, solo se puede ser presidente una única vez sin posibilidad de reelección de ningún tipo, por lo que quien resulte electo gobernará por un único período de cuatro años.
Además, aunque el voto es voluntario, quienes sufragan reciben un certificado electoral que otorga ciertos beneficios sociales, como medio día de descanso laboral remunerado y descuentos en trámites estatales.
Otro elemento distintivo es que el candidato que termine en segundo lugar en la elección presidencial obtiene automáticamente un escaño en el Senado, mientras que su vicepresidencial accede a la Cámara de Representantes.
Quizás uno de los aspectos más llamativos es el rol del voto en blanco. A diferencia de la mayoría de los países con sistemas democráticos, en Colombia no es neutro. Si alcanza la mayoría absoluta, la elección se anula y debe repetirse una sola vez con candidatos completamente nuevos.
Las candidaturas que lideran las encuestas
En la elección de este domingo, hay en total 13 candidaturas en competencia, pero la gran mayoría no supera el 3% de adhesión en las encuestas. En la práctica, la disputa se redujo a tres grandes fuerzas políticas que concentran la atención del electorado.
Por un lado, está el oficialismo de izquierda, representado por el senador Iván Cepeda, del Pacto Histórico, el mismo partido del actual presidente Gustavo Petro. Cepeda aparece liderando las encuestas con cifras que fluctúan entre el 33% y el 44%, una alta dispersión entre encuesta y encuesta. Su candidatura representa la continuidad del proyecto político de Petro, con un programa centrado en la reducción de la desigualdad, la profundización de las reformas sociales y la transición energética. Su fórmula vicepresidencial es la líder indígena Aida Quilcué.

Cepeda es una figura clave en la política colombiana, actualmente es el presidente de la Comisión de Paz del Senado y destacó especialmente en los procesos de paz con las FARC y el ELN. Su propuesta incluye fortalecer la política de “Paz Total”, combatir el narcotráfico apuntando a las grandes estructuras, ampliar programas sociales y consolidar una política exterior más autónoma.
Sin embargo, su principal debilidad es también el corazón de su campaña, el desgaste del gobierno actual pesa sobre su candidatura, ejemplo de esto es que si bien lidera en la intención de voto, también lo hace en el índice de rechazo, con un alto porcentaje de electores que no votarían por él bajo ninguna circunstancia. No obstante, confía en la fortaleza del proyecto y apunta como su principal eslogan “ganar en primera vuelta”.
En la vereda opuesta emerge con fuerza el ultraderechista Abelardo de la Espriella, candidato del partido Defensores de la Patria, quien ha logrado posicionarse como colíder en intención de voto con un sólido 30%. Con un discurso centrado en la seguridad, el orden y la reducción del Estado, está logrando capitalizar gran parte del descontento con el gobierno de Petro, quitándole espacio a la derecha tradicional.
Se hizo conocido durante sus años de abogado penalista de empresarios y figuras públicas. Dio el salto a la política con el movimiento Defensores de la Patria y tiene como fórmula vicepresidencial al exministro de Hacienda de Iván Duque, José Manuel Restrepo.

Su imagen de outsider político y su estilo mediático, junto con el uso en sus mítines, de chalecos y escudos antibalas, así cómo su autodenominado sobre nombre de “tigre”, lo posiciona como colíder en intención de voto. Ha elogiado públicamente a otros mandatarios como Donald Trump o Nayib Bukele.
Propone desmantelar la política de “Paz Total”, terminar con la negociación con organizaciones criminales y destruir 330 mil hectáreas de coca mediante fumigación aérea, erradicación manual y extradición. El plan incluye un choque de 90 días para recuperar el control territorial con participación de militares veteranos y reservistas.
Además, propone un ambicioso plan económico que busca reducir hasta en un 40% el Estado a cambio de la promesa de un 7% de crecimiento anual. Sin embargo, su radicalidad también genera dudas sobre su capacidad de atraer votantes de centro en una eventual segunda vuelta.
La tercera fuerza es Paloma Valencia, representante de la derecha tradicional y del uribismo. Aunque mantiene un respaldo sólido en regiones clave, ha perdido terreno frente al ascenso de De la Espriella, quedando rezagada en las encuestas.
El contexto detrás de la votación
El país enfrenta una combinación de desafíos que se arrastran por años; inseguridad persistente, desaceleración económica, desigualdad estructural y tensiones institucionales. A esto se suma un intenso debate sobre el modelo económico y ambiental impulsado por el gobierno de Petro.
Después de cuatro años de gobierno las sensaciones son mixtas, su aprobación y desaprobación son prácticamente iguales. Por un lado, hay avances significativos en reducción de la pobreza, que pasó de más del 50% en percepción ciudadana en 2022 a cerca del 37% en 2025. También se registran mejoras en empleo e inflación, así como logros en materia ambiental y acceso a la educación superior.

Por otro lado, persisten problemas estructurales importantes. La situación fiscal está deteriorada, la reforma al sistema de salud no logró consolidarse y la estrategia de “Paz Total” mantiene resultados ambiguos, con críticas de la oposición que acusan el fortalecimiento de grupos armados en ciertas regiones.
A lo anterior se suma un elemento que marcó profundamente la campaña. El asesinato del senador Miguel Uribe Turbay en 2025, un hecho que reavivó el recuerdo de la violencia política en Colombia y que terminó siendo capitalizado políticamente por el sector de Abelardo, quien prometió “destripar a la izquierda”.
Con este panorama, todo indica que la elección se definirá en segunda vuelta. No obstante, las encuestas muestran escenarios completamente abiertos. Algunos sondeos proyectan una victoria de Cepeda frente a cualquiera de sus rivales, aunque con márgenes cada vez más estrechos. Otros, en cambio, sugieren que la oposición podría imponerse si logra consolidar el voto de centro y de derecha.
En este contexto, el resultado dependerá de dos factores clave. Primero, la capacidad de la derecha para unificar su electorado en torno a un solo candidato; y segundo, la habilidad del oficialismo para ampliar su base más allá de su núcleo duro y superar la histórica barrera del 44%.
Lo cierto es que Colombia llega a esta elección sin una crisis inmediata, pero con múltiples tensiones acumuladas. No es el escenario de colapso que algunos plantean, pero tampoco el de éxito. Es, más bien, un país en transición, con avances sociales concretos, pero con debilidades institucionales profundas.






