Gabriel León y las teorías conspirativas: "Preferimos inventar una explicación antes que aceptar que el mundo es caótico"

En "Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia", el divulgador científico aborda las raíces psicológicas y sociales de un fenómeno que, asegura, está más ligado a las emociones y la incertidumbre que a la falta de información.

En "Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia", el divulgador científico aborda las raíces psicológicas y sociales de un fenómeno que, asegura, está más ligado a las emociones y la incertidumbre que a la falta de información.

¿Por qué algunas personas creen que el alunizaje fue un montaje? ¿Qué lleva a millones de individuos a desconfiar de las vacunas o a pensar que detrás de grandes acontecimientos existe un grupo secreto que mueve los hilos desde las sombras?

Esas son algunas de las preguntas que aborda “Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia” (Penguin Random House), el más reciente libro del divulgador científico Gabriel León, quien, en esta oportunidad, se aleja de los laboratorios, los meteoritos y las curiosidades propias de la ciencia pura y dura para adentrarse en un fenómeno profundamente humano: la necesidad de encontrar sentido en un mundo incierto.

“Me llamó mucho la atención inicialmente darme cuenta de la enorme cantidad de investigación científica que había al respecto”, comentó León, bioquímico y doctor en Biología Molecular. En particular, recordó el trabajo de la investigadora Karen Douglas, de la Universidad de Kent, cuya línea de estudio sobre las motivaciones psicológicas detrás de las teorías conspirativas terminó convirtiéndose en uno de las principales inspiraciones del proyecto.

A partir de esa revisión, León llegó a una conclusión que atraviesa todo el libro. Y es que la adhesión a teorías conspirativas no puede explicarse únicamente por la desinformación o la falta de conocimientos. “No tiene tanto que ver con acceso o falta de información, o con rasgos cognitivos o intelectuales, sino más bien con formas que tenemos de interpretar lo que ocurre en el mundo“, sostuvo.

De hecho, el divulgador afirmó que estos relatos están estrechamente ligados a emociones como la incertidumbre, la desconfianza o la sensación de pérdida de control. Por eso es que su libro apunta también a la importancia de abandonar las caricaturas simplistas sobre quienes creen en estas narrativas. “Se puede entender desde la psicología por qué las personas creen en este tipo de historias sin caer en etiquetas como el desinformado, el que no sabe o el que no entiende”, manifestó León.

Gabriel León, divulgador científico.
Gabriel León, divulgador científico.

Así, uno de los aspectos que el libro busca aclarar es la diferencia entre una teoría conspirativa y una conspiración real. Para eso, el autor recuerda que existen numerosos casos históricos donde efectivamente hubo acuerdos secretos o conductas ilícitas demostradas, como la colusión de empresas o los escándalos corporativos. “También hay que aceptar y distinguir que existen las conspiraciones“, explicó. La diferencia fundamental, dice, es que en esos casos existe evidencia comprobable. “Está demostrado, hay evidencia, están los juicios, hay culpables, y por lo tanto eso es una conspiración real”.

En contraste, las teorías conspirativas suelen surgir como explicaciones alternativas frente a hechos que ya cuentan con una que, además, ya está ampliamente respaldada. “La teoría conspirativa aparece al margen, como una explicación alternativa de algo que está explicado, pero que no cierra por completo en la cabeza de algunas personas“, planteó. Allí es cuando entran en juego necesidades emocionales más profundas, asociadas a la búsqueda de sentido y a la identificación de responsables claros frente a fenómenos complejos.

De hecho, y para León, una de las claves para entender este fenómeno está en reconocer una característica intrínseca de nuestra especie. “Es la necesidad humana de entender el mundo“, resume. Y agrega que, muchas veces, las personas se enfrentan a respuestas incómodas o incompletas. “Para una buena cantidad de personas, ese ‘no sabemos’ es una invitación a seguir investigando, a esperar a que haya una respuesta. Pero, para otras, es inaceptable”.

En esos casos, las teorías conspirativas ofrecen algo que la realidad no siempre puede entregar. O sea, certezas inmediatas. “Preferimos inventar una explicación porque, de alguna manera, nos da paz saber que las cosas ocurrieron porque alguien hizo que ocurrieran y no aceptar que el mundo es un lugar caótico, desordenado e imprevisible“, afirmó.

Fotografía alusiva a los adherentes a las teorías conspirativas.
Fotografía alusiva a los adherentes a las teorías conspirativas. Foto: archivo Canva.

Esa idea aparece condensada en una de las frases centrales del libro: “Aquí no hablaremos de conspiraciones como errores conceptuales o fantasías ingenuas; hablaremos de algo mucho más humano: de la forma en que pensamos cuando anhelamos que el mundo tenga sentido“.

Para el autor, detrás de muchas de estas creencias opera un sistema mental que normalmente ayuda a las personas a orientarse en la realidad, pero que en determinadas circunstancias puede desbordarse. “La adherencia a teorías de conspiración no es otra cosa que un mecanismo natural que tiene el cerebro para entender el mundo y que se salió de control en algunas personas“, sostuvo.

El fenómeno adquiere así una relevancia aún mayor en un contexto marcado por la polarización política y la expansión de las redes sociales. Y si bien León enfatiza que las fake news y las teorías conspirativas no son exactamente lo mismo, sí reconoce que ambas conviven en un mismo ecosistema. “Las teorías conspirativas se alimentan de fake news para crecer y distribuirse“, explicó.

A ello se suma el hecho de que internet ha transformado radicalmente la velocidad con que circula tanto la información como la desinformación. Para el divulgador, este escenario impulsa también a reflexionar en torno a la divulgación científica. “Nos obliga a repensar la comunicación de la ciencia más allá de sencillamente explicar o contar cuáles son los datos“, afirmó el escritor.

Portada del libro "Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia" del autor Gabriel León.
Portada del libro “Teorías conspirativas: la ciencia detrás de la creencia” del autor Gabriel León. Foto: editorial Penguin Random House.

Bajo su perspectiva, quienes trabajan en divulgación deben considerar que las personas interpretan la realidad a partir de múltiples factores. “Las personas que nos escuchan tienen sentimientos, emociones, creencias previas, y todo eso también es parte de la ecuación“, recordó el experto.

Las consecuencias de estas narrativas, advirtió entonces, van mucho más allá de simples curiosidades de internet. “No son solo creencias exóticas con respecto a hechos poco relevantes”, señaló. Por el contrario, llegan a influir las decisiones individuales e incluso permear en las esferas del poder. “Pueden interferir con las políticas públicas cuando los líderes son los que creen en ese tipo de historias“, alertó.

Respecto a cómo reconocer una teoría conspirativa, León mencionó algunos patrones comunes. Entre ellos, la ausencia de fuentes verificables, la conexión arbitraria entre hechos inconexos y la presencia de actores todopoderosos que, paradójicamente, también parecen cometer errores evidentes. “El que conspira es, al mismo tiempo, omnipotente porque lo controla y maneja todo, pero igualmente parece ser muy poco competente porque comete errores que son triviales”, ejemplificó.

Finalmente, el autor enfatizó en que el propósito del libro no es burlarse de quienes creen en estas narrativas, sino comprender los mecanismos que las hacen tan atractivas. “La idea no es reírse de quienes creen en teorías conspirativas. Es entender por qué el cerebro humano es tan propenso a inventar estas narrativas que son tremendamente convincentes”, concluyó.

Porque, a su juicio, sólo a través de esa comprensión será posible enfrentar los efectos que estas creencias tienen en la vida social contemporánea. “Entender es el primer paso para poder generar mecanismos que nos permitan intentar contrarrestar los efectos negativos tanto individuales como sociales que pueden tener las teorías conspirativas“, sentenció León.





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