Como todos los años por estas fechas, las comunidades sexodisidentes conmemoran el mes del “orgullo” con manifestaciones que van desde las celebraciones carnavalescas hasta las protestas por la reivindicación de sus derechos humanos. Remontándose a la revuelta del bar neoyorquino Stonewall Inn el 28 de junio de 1969, que marcó una de las primeras respuestas de la comunidad LGBTIQ+ contra la constante agresión policial, este hito desencadenó, además, un importante avance en la visibilización de artistas cuir.
Pero ¿qué es el arte cuir y quiénes son sus exponentes? Teniendo en consideración la existencia de notables artistas anteriores, una nueva escena cultural de los años 70 y 80 abrió paso a las imágenes pop de Andy Warhol, los murales vibrantes de Keith Haring, la fotografía íntima de Nan Goldin, el artivismo lésbico de Harmony Hammond, las inquietantes instalaciones de Greer Lankton y las cintas transgresoras de John Waters.
Enmarcadas en un contexto de intersección de luchas sociales como las de los derechos civiles de afroamericanos, huelgas opositoras a la guerra en Vietnam e incluso el movimiento hippie, las artes cuir formaron parte de una contracultura que, en su base, promovió el reconocimiento y la inclusión activa de identidades diversas.
Azotada fuertemente por la pandemia del VIH, el riesgo latente de muerte y la necesidad imperiosa de supervivencia hicieron proliferar la producción artística en esta comunidad que vio la consolidación e integración de su cultura en espacios donde antes era marginalizada, al mismo tiempo que la pérdida de numerosos representantes de la misma, debido al estigma y a la lenta reacción estatal frente a un problema de salud pública mundial.
Sin duda un catalizador para la creación artística que también tuvo sus referentes locales, como fueron el cronista Pedro Lemebel y el poeta Pancho Casas, quienes formaron en tiempos de dictadura el colectivo de arte performático Yeguas del Apocalipsis, como contestación a la opresión de los cuerpos marginados: pobres, maricas y de izquierda.
Esta relación intrínseca entre política y comunidad LGBTIQ+ distingue a lo cuir y, por consiguiente, a las artes que se le relacionan. De su legado, la interpelación de los binarios hombre/mujer, mayoría/minoría, cisgénero/transgénero es reconocida como una de las mayores fuentes de orgullo, pues propone creaciones y reflexiones que erosionan categorías identitarias rígidas y discriminatorias.
En Chile, diversas obras siguen representando la continuidad de esta lucha por la existencia. Iniciativas como la Fundación Mecenas abren importantes instancias, como la exposición Colección Mecenas, que este sábado 13, en el Centro Cívico de la Municipalidad de El Bosque, reunirá obras de artistas visuales disidentes. También el Centro Arte Alameda, que tendrá un ciclo mensual dedicado al director de cine Wincy Oyarce, autor de la película de culto Empaná de Pino (2008), protagonizada por la icónica activista Hija de Perra.
Pero además, son numerosas las compañías teatrales que se presentan con funciones como las de Nosotras las monstruas (11 de junio), dirigida por Jacqueline Roumeau, y Noche tan linda (12 de junio), dirigida por Pablo García Gámez, en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, en donde también se está realizando la primera exposición dedicada a las memorias de las disidencias sexuales y de género durante dictadura, Alegría Alegría, abierta hasta el 6 de agosto. O el Ciclo Disidente en el Teatro Sidarte, que presentará el concierto Madre de la patria (hasta el 13 de junio), en el que se explora a Gabriela Mistral desde una mirada cuir.
Porque las artes no solo conservan memorias, sino que también anticipan mundos. Allí donde una identidad fue negada, caricaturizada o perseguida, la creación llegó primero para imaginarla libre. Tal vez esa ha sido una de las mayores herencias de las culturas cuir: mostrar que toda transformación política comienza antes como una transformación de la imaginación. Y que, a veces, el orgullo consiste precisamente en atreverse a habitar aquello que aún parece imposible. Como dice La Agrado en Todo sobre mi madre (1999), de Pedro Almodóvar, “una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.
Esta columna fue parte del Boletín DiCREA. Inscríbete aquí para recibirla cada viernes.






