En conversación con la primera edición de Radioanálisis, el médico y experto en salud pública Juan Carlos Said y la periodista Marcela Ramos abordaron los principales hallazgos de su libro “La mejor salud del mundo”, una investigación que reconstruye la historia del sistema de salud chileno desde la creación de las Isapres hasta las actuales discusiones sobre listas de espera, financiamiento de la salud y acceso a la atención médica.
La obra nació a partir de las conversaciones que ambos sostuvieron durante la crisis provocada por los fallos de la Corte Suprema contra las Isapres. Según explicó Ramos, la investigación buscó ir más allá de las explicaciones coyunturales y rastrear las raíces históricas del modelo.
“Empezamos a entender que había una explicación corta, que era el ‘supremazo’, pero también una explicación mucho más larga, que era el modelo. Nos propusimos contar una historia interdisciplinaria, donde la salud se cruza con la economía, la política y las transformaciones institucionales del país”, señaló. Además, destacó que el libro fue concebido como una crónica accesible para el público general y no solo para especialistas, tras un trabajo de investigación que se extendió por cerca de cuatro años.
Said explicó que uno de los principales objetivos del libro fue llenar un vacío historiográfico respecto de la creación de las Isapres en Chile. “Hay muchos libros sobre las AFP, pero respecto de las Isapres la historia prácticamente no estaba contada. Nos preguntamos quiénes redactaron el decreto, cómo se tomó esa decisión y qué actores participaron. Cuando empezamos a investigar descubrimos aspectos realmente impactantes que nunca habían sido abordados con detalle”, sostuvo.
Uno de esos hallazgos, según el médico, fue constatar que la creación del sistema de Isapres rompió con una tradición histórica de las reformas de salud en Chile. “Las reformas de salud en Chile siempre habían tenido metas sanitarias concretas: reducir la desnutrición infantil, combatir la tuberculosis o disminuir los accidentes laborales. Pero cuando se crean las Isapres no hay ningún objetivo sanitario. Se plantea simplemente que vamos a crear un mercado y que eso lo va a resolver todo, permitiendo alcanzar ‘la mejor salud del mundo’. La realidad mostró que eso no ocurrió”, afirmó.
En esa línea, agregó que la normativa fue elaborada “por dos abogados y un ingeniero comercial, en total hermetismo y en apenas 88 días”, un plazo que contrastó con los años de discusión que demandaron otras reformas relevantes del sistema sanitario chileno.
En tanto, Marcela Ramos explicó que la creación de las Isapres formó parte de la denominada agenda de modernizaciones impulsada por economistas vinculados a la Escuela de Chicago. “El diseño del sistema responde a una visión que entendía que el mercado generaba eficiencia en cualquier ámbito, ya fuera salud, educación o transporte. No existía consenso al interior del régimen militar y hubo una disputa política importante para sacar adelante estas transformaciones”, indicó.

Said complementó señalando que incluso dentro de las Fuerzas Armadas existían diferencias respecto del proyecto. “La Armada estaba mucho más alineada con estas ideas que otros sectores. Hubo una disputa donde el mundo civil terminó imponiendo su visión y logró que se implementara esta reforma, pese a las resistencias que existían”, explicó.
En ese sentido, el médico sostuvo además que el sistema diseñado en 1981 tiene características que no fueron replicadas por otros países. “Chile ha exportado políticas públicas exitosas, como los programas contra la desnutrición o la ley de etiquetado de alimentos. Sin embargo, el modelo original de las isapres no fue copiado en ninguna parte del mundo. Permitía financiar seguros privados de salud con cotizaciones obligatorias, cobrar montos adicionales prácticamente sin límites y seleccionar a los afiliados según su nivel de riesgo”, afirmó.
A su juicio, las promesas originales tampoco se cumplieron. “Se decía que los privados descongestionarían el sistema público de salud y que éste tendría más recursos para atender a las personas con menos ingresos. Lo que ocurrió fue exactamente lo contrario: los recursos se concentraron en quienes tenían mayores ingresos y Fonasa terminó atendiendo a la población más vulnerable con menos financiamiento relativo”, sostuvo.

Consultado por el escenario actual, Said planteó que Chile tiene una oportunidad para avanzar hacia un sistema de salud universal. “El país tiene la posibilidad de construir un sistema de salud universal que combine las fortalezas de lo público y lo privado. Ser crítico de las isapres no significa decir que Fonasa funciona perfectamente. Ambos sistemas tienen fortalezas y debilidades”, señaló.
Asimismo, defendió la idea de impulsar seguros complementarios de salud regulados, similares a los existentes en países como Australia, Taiwán o Corea. “Las personas pueden querer una cobertura adicional, pero eso debe hacerse mediante seguros que no discriminen por edad, sexo o enfermedades preexistentes. La salud no puede funcionar como un seguro de autos, porque todos nos vamos a enfermar en algún momento. Necesitamos mecanismos que entreguen seguridad y protección a lo largo de toda la vida”, concluyó.


